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Adiós

El otro día murió la tía Maruja. No lo hizo por este maldito virus, lo hizo por otro que lleva mucho tiempo entre nosotros. Ella decidió vivir el tiempo que la quedase sin tratamiento ni nada. Últimamente salía poco, pero siempre lo hacía con una sonrisa. Nunca la faltaron las palabras de apoyo, de ánimo y la preocupación por los demás.

Un día una de mis sobrinas lloraba porque “la Maruja” ya no estaba. No se habían podido despedir de ella. Es muy probable que en circunstancias normales tampoco lo hubiese hecho, o sí a su forma, con un dibujo de esos que tanto le gusta hacer para darle el último adiós.

Murió sola. Sin nadie de sus seres queridos que la pudiera coger la mano para irse  tranquila y en paz. Es cierto que el personal sanitario se está volcando, ellos no son solo los que están pendientes de nuestra salud sino que, además, se han convertido también en nuestras manos, nuestros ojos y nuestro corazón para acompañar a nuestros seres queridos.

Sabemos que no es suficiente y que es probable que durante toda nuestra vida nos acompañe este pequeño dolor que produce el no poder despedirte de tus seres queridos.

Prometí a mis sobrinas que cuando saliéramos de aquí haríamos una fiesta para despedirla, y que ella nos vería desde la estrella que ahora mismo ocupa.

Pero mientras tanto, no es suficiente pensar en lo que haremos. Hoy más que nunca echamos en falta ese hombro en el que llorar o esos abrazos intensos que reconfortan. Se lo que es perder a un padre sin poder despedirte, y ahora ya se lo que siente, no poder ofrecerte para aquellos que sufren.

Aunque también es cierto, que aunque hoy no tengamos esos abrazos, los que vengan serán más intensos y los sabremos apreciar más. Porque hoy más que nunca, somos conscientes de que cuando todo esto pase ya nada volverá a ser igual. Y no lo será, porque de manera consciente o inconsciente, nos hemos dado cuenta de la importancia de los cuidados, del “quererse”.

Hemos empezado a cuidar y a cuidarnos, nos preocupamos no solo de nuestros más allegados, sino de nuestros vecinos y vecinas, nos ofrecemos para todo, y estamos alerta ante cualquier necesidad. También nos emocionamos con historias ajenas, y sin darnos cuenta hemos puesto en marcha una red de solidaridad comunitaria sin precedentes. ¡Qué orgullosa estaría la Maruja! Por no hablar de que si su salud lo hubiese permitido ella se hubiera convertido en una de esas heroínas anónimas haciendo mascarillas o la compra a sus vecinos,

Hoy es otra de esas semanas en las que hay poco que contar y es por eso, que desde este espacio privilegiado, y aunque se que de manera muy breve, he querido dedicar estas pocas líneas, a Maruja y a todas las Marujas y Pepes que se han convertido en estrellas y que no han tenido el adiós que merecían.

Adiós Maruja. Te prometemos que cuando todo esto acabe te despediremos como te mereces, con dolor y emoción, pero sobre todo con mucho amor.

 

 

Author: Natalia Del Barrio

Natalia del Barrio. Licenciada en Ciencias de la Información. Ex-procuradora de Podemos por Segovia en las Cortes de Castilla y León.

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3 Comments

  1. Te acompaño en el sentimiento Natalia, como bien dices una lastima morir de esta manera, sin nadie que te de la mano cuando la muerte acecha. Un fuerte abrazo para todos aquellos que están estos días perdiendo gente querida. Fuerza hermanos

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  2. Hace falta tener muy mala baba Calimocho

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