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Cartelera Segovia: James Bond Spectre

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Ni mezclado ni agitado. Spectre es un 007 desustancializado.  Tampoco es que a estas alturas se le vaya a pedir a un James Bond originalidad, un guión ingenioso, un algo que no sean persecuciones impecablemente filmadas. Pero lo cierto es que tras ver Spectre salí del cine decepcionado. Bastante insulso y aburrido todo. Un compañero, Marcelo, aún sin verla, me lo aclaró. Macizorras y cacharrines, esta es la esencia de Bond. Aspectos que brillan por su ausencia en la última entrega. Los cacharrines quedan sustituidos por las tipícas virguerías informáticas, del no menos tópico gafitas (tecleando a 900 pulsaciones por minutos, si un superhacker no teclea a 900 pulsaciones por minuto es que es un bluf). Y de atentados al sexto mandamiento mejor no hablar. Daniel Craig está preocupantemente pitopáusico, carne de Viagra. Da como que cumple en manos de la experta y veterana Mónica Bellucci, pero ya lo de Lea Seydoux es urológicamente desazonador (un besito al borde de la cama, fundido en negro, y reanudación ya en plan desayuno, con las tostadas y el zumo, solo falta florecita en la copa de champán).

En su lugar, tres o cuatro persecuciones. Pero tras Fast&Furius el tema se ha puesto definitivamente mal. Cuesta innovar, y lo de la persecución con helicóptero huele a superviejuno (especialmente después del inmejorable plano de Daniel Monzón en El Niño).

¿Qué es un Bond? Una película de acción trepidante, con un arranque de flipar, para a partir de ahí entremezclar gags que alternen lujo, macizas, cacharrines, una escenografía futurista o rompedora, tres o cuatro persecuciones, otro tanto de tortazos, otro tanto de folleteo, mezclado, no agitado.  Una receta que ya estaba obsoleta en los años 80 pero que aguanta a golpe de superproducción.

Todo huele a fin de ciclo en este Spectre. Daniel Craig está como desganado. La producción, tirando a baratita. El que hace de Q hay que despedirlo de inmediato en bien de la serie. A Sam Mendes también. Esta comedura de tarro que lleva 007 con las mujeres tiene que terminar (lo suyo es la soltería sin remordimientos). Los malos, desde que Bardem dejó tan alto el listón en Skyfall, deben ser repensados, y volver a esquemas geopolíticos, 2.0, Google glasses 3D360,  o ya irnos de la pinza y empezar a introducir elementos marvelitas y marcianológicos y trillar el camino de la serie B. De lo contrario, si no se toman serias medidas, lo único que resulta ya del amortizado James es… aburrimiento.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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