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Cartelera Segovia: Marte (the Martian)

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Algo pasa con Matt Damon, que ya sea como soldado Ryan, como Bourne o como mad-doctor tiene cierta tendencia a quedarse al margen y luego hay que ir a por él. Valga el chiste para empezar con The Martian, flamante película de ciencia ficción dura, con asombrosos paisajes, poderío visual y, sobre todo y ante todo, verosimilitud máxima. Y esta es la principal gracia de la película, Ridley Scott, el creador de Alien y Blade Runner, vuelve a dar una lección de VEROSIMILITUD, que es la clave del asunto cuando cuentas una peli de ciencia ficción dura, entendiendo por tal, aquella que se vertebra sobre un discurso técnico-científico.

Dice Scott que tardó 18 meses en atinar con el color rojizo para la película. Son detalles así los que al espectador le llevan a no dudar ni por un segundo que está en la superficie del planeta rojo a 200 millones de kilómetros de casa, en una precaria base científica, súbitamente evacuada y que se deja atrás al susodicho Damon, en la sazón del ingeniero-botánico-bricomacho, Mark Watney. A partir de aquí, un año largo de Robinsón Crusoe pero que, a diferencia de las películas habituales del espacio, apenas concede un detalle a la fantasmada. No hay extrañas criaturas angelicales ayudando al humano errante en el espacio, ni milagrosos vegetales aflorando de la roca, ni resquicios de una antigua cultura alienígena que ayuden al pobre Matt. De modo que nuestro Robinson se ve en la tesitura de cultivar patatas con su propia caca, fabricando riego por goteo con hidrógeno ardiendo, y transitando el planeta buscando cacharrines esparcidos por anteriores expediciones. En tanto en el cuartel general, la Nasa se enzarza en una vorágine ingenieril para improvisar una operación de rescate imposible antes de que Watney se muera de inanición.

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En contrapartida, Marte es un planeta sin sorpresas. No hay virus asesinos, ni otra cosa que la implacable hostilidad de un planeta sin oxígeno en el que el menor rasguño en tu traje te mata. Tormentas bestiales y poco más. Y este quizá es el “pero” que se le puede poner a la cinta. A muchos espectadores les puede resultar previsible y aburrida la operación de rescate. Tampoco hay una historia paralela emotivo-sentimental a lo Tom Hanks, ni comeduras de tarro existenciales y Damon hablando con su casco. No hay muletas en esta historia.

Es un documental. Y esto es para mí lo mejor de la película, este maravilloso apego a la verosimilitud que como amante de la C-F dura agradezco. Simplemente, la historia cuenta como se van venciendo los múltiples problemas de la supervivencia en entorno hostil y el rescate. Punto.

Para darle un poco de sal a la historia, queda la capacidad de Damon para contar chistecillos (escasa, más bien) de sano humor americano. Es el único aderezo de un film impactante, serio, preciso y magnífico, con imágenes alucinantes y nos insufla la ilusión perdida de colonizar nuevos mundos, de imaginar nuestra vida más allá de nuestro rincón de polvo en la galaxia.

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Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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