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A Sergio Delgado lo mató un tipo que hoy está en libertad

En la madrugada del 24 de febrero de 2024, Sergio Delgado Franco, de 32 años y natural de Valladolid, recibió a la salida de una discoteca burgalesa un inesperado puñetazo de José Luis Novoa, y lo mató. El juicio por este suceso criminal comenzó el 2 de febrero, el 5 de febrero concluyó, el 10 de febrero un jurado popular decretó que era un homicidio imprudente, y el 12 de febrero Novoa fue puesto en libertad tras pasar exactamente 717 días en prisión, sin ni siquiera cumplir los dos años. 717. Ese es el castigo que un jurado popular ha decidido que debe caerle a alguien que le ha quitado la vida a otra persona.

No es de extrañar que, en un país como el nuestro, donde no hay ningún acontecimiento que no se celebre alrededor del alcohol, estar bebido suponga un atenuante en vez de un agravante (consulten las condenas que reciben los conductores borrachos que matan —asesinan— a ciclistas en la carretera y clamen al cielo conmigo). Todo se justifica llevando dos copas de más; pegar un puñetazo a traición resulta que no conlleva una intencionalidad de hacer el máximo daño posible, como si no hubiera precedentes de sobra que nos hablaran de sucesos similares con el mismo resultado: muerte. Este caso además nos recuerda una vez más que quienes hacen las leyes viven alejados de la calle y de la realidad.

José Luis Novoa Ibáñez, no olviden este nombre por si se cruzan con ese miserable, no tuvo ningún reparo en matar a Sergio. Se disfrazó en el juicio de hijo perfecto (chaqueta azul, camisa blanca, recién salido de la peluquería, crucifijo —que no falte, por supuesto—, cabeza gacha y llanto, mucho llanto) y a tenor de lo visto, ablandó el corazón del jurado popular. Qué triste que estas pantomimas sigan funcionando a los verdugos. «Suéltenlo ya, que no hubo intención, lo dice él». «Basta ya de castigo, que el “pobre” ya ha saldado su deuda con la sociedad, ¿qué más quieren?», se dirían entre ellos al deliberar. La acusación solicitaba 20 años de cárcel, la Fiscalía originalmente 12 y todo ha quedado en un par de cachetes y un «no vuelvas a hacerlo más, José Luis».

España es un país especialmente amable con el delincuente y experto en pisotear la poca esperanza que le pueda quedar al entorno de las víctimas. Es lo que ha hecho este sistema judicial y legislativo con la familia, los amigos y la memoria de Sergio Delgado Franco, y ninguna explicación a cargo de un experto nos hará entender a los que no sabemos de leyes que robar una vida resulte casi gratis bajo el argumento de que el homicida iba borracho y que en el fondo no quería hacerlo. Que la supuesta intención haya contado más que el resultado final de muerte, deja poco espacio para volver a confiar en la Justicia.

D.E.P. Sergio Delgado Franco. Ojalá al menos en ese circo disfrazado de juicio serio hubieran tenido algo de dignidad para dejarte descansar en paz.


 

Author: Alberto Martín

Profesor universitario y escritor

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7 Comments

  1. El fin no era matar pero lo hizo y eso debe tener un buen y mayor castigo. No se redime con un *lo siento, no lo volveré a hacer*

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  2. Alberto, la justicia está manejada por nuestros insignes políticos que son, en la mayoría de los casos, lo más inepto e inapto de la sociedad. ¿Esto seremos capaces de cambiarlo? No creo que tú y yo lo veamos… Y lo más triste es que va a peor.

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  3. El mundo al revés. El culpable es Sergio Delgado por ponerse delante del puño de un hombre “maravilloso” que pasaba por allí. Así vamos. Tengan cuidado, no sea que provoquen a alguien por ir paseando por la calle. Ya saben que no va a pasar nada. Al homicida, no. A la víctima, sí.

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  4. La familia del chico fallecido va a recurrir esta vergonzosa sentencia. Esperemos que vuelva a la cárcel el asesino.

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  5. El alcohol es una de las peores drogas, por sus graves efectos secundarios para el que lo ingiere y para los que están con él. Pero como hay montada una enorme industria por su producción y venta,no es de extrañar que se considere un atenuante el delito cometido bajo los efectos del alcohol, en vez de ser un agravante.

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  6. Otra muestra más del pútrido país en que vivimos.

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  7. Esta es la pena de pais que tenemos. Excesivamente legalista y buenista. La realidad es que la familia de Sergio no va a poder disfrutar de él nunca más, mientras que los jueces, aplicando la ley que han aprobado un montón de personas que NUNCA van a tener que pasar por este trance, dejan fuera a su asesino, ¿verdad Aceves?

    Y luego se echan las manos a la cabeza porque la ultraderecha sigue subiendo en votos.

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