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¿Por qué España encadena tantas borrascas este invierno?

España atraviesa un invierno marcado por la repetición de temporales atlánticos. La sensación de “borrasca tras borrasca” no se debe solo a que haya más bajas presiones, sino a que se ha instalado un patrón de circulación que favorece su entrada por la Península y, además, varias de ellas han sido lo bastante intensas como para recibir nombre oficial. En la temporada 2025-2026 (que arranca el 1 de septiembre), ya se han contabilizado 13 borrascas de alto impacto con nombre, con un hito poco habitual: la llegada a la letra M (Marta) el 5 de febrero, un récord de precocidad en el listado.

Un primer matiz es importante: no todas las borrascas se nombran. El sistema de nombramiento se reserva para episodios con previsión de gran impacto, para facilitar la comunicación del riesgo entre servicios meteorológicos, autoridades y población. En el grupo del suroeste europeo (con España, entre otros países), el criterio se asocia a la probabilidad de avisos meteorológicos relevantes, especialmente por viento, y con el tiempo se ha ampliado el foco a situaciones de lluvia persistente o nieve con daños potenciales. Por eso, un invierno con muchas borrascas “bautizadas” suele indicar más episodios severos, no necesariamente el doble de sistemas de baja presión.

El motor de estas rachas suele estar en la gran escala: cómo se colocan el anticiclón de las Azores, las bajas presiones del Atlántico norte y la corriente en chorro (jet stream), que actúa como guía de las borrascas. AEMET explica que cuando el índice NAO (Oscilación del Atlántico Norte) se sitúa en valores muy negativos, se debilitan los bloqueos anticiclónicos y aumenta la probabilidad de que las borrascas entren en la Península, con un tiempo más húmedo. En paralelo, meteorólogos han señalado que la corriente en chorro ha estado canalizando ese “tren de borrascas” hacia la Península, en parte porque el anticiclón atlántico no se ha situado en su posición más habitual.

El suelo ya no “traga”

El impacto también depende del contexto: tras semanas de frentes, el terreno llega saturado y cualquier episodio adicional incrementa el riesgo de escorrentías, crecidas e inundaciones. En lo que va de año hidrológico (desde el 1 de octubre) España ha acumulado en torno a 366 l/m², aproximadamente un 24% por encima del valor normal del periodo, según AEMET. Ese “efecto acumulación” explica por qué, aunque no todas las jornadas sean extremas, el balance final puede ser de daños repetidos.

A la circulación atmosférica se suma una tendencia de fondo: el calentamiento global ha contribuido a aumentar la humedad atmosférica y la intensidad de las precipitaciones (con alta confianza), según el IPCC. Esto no implica que el cambio climático “cree” el tren de borrascas por sí solo, pero sí puede potenciar la cantidad de agua que descargan los temporales cuando el patrón sinóptico es favorable.

¿Cuándo se corta la racha?

La racha suele remitir cuando cambia el patrón: si la NAO vuelve a valores menos favorables a la entrada de borrascas y la corriente en chorro se desplaza al norte, se impone un escenario más anticiclónico. A corto plazo, AEMET ha apuntado a ventanas de mejora tras el paso de algunos sistemas, aunque el detalle depende de la evolución semana a semana.


Author: Redacción

Acueducto2. Noticias y actualidad de Segovia.

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