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Jardín Botánico de Segovia, un legado de la Ilustración que vuelve a brillar

Carabias, Gris, Galindo y Felipe Arroyo. Abajo, libro-guía editado para la ocasión.

El pasado otoño la concejalía de Medio Ambiente de Segovia iniciaba la restauración integral del parque del Jardín Botánico, una de las joyas de Segovia en pleno barrio de Santo Tomás. Mariano Carabias, que junto con Rafael Lorenzo Tardón, ya diseñara los murales y ornamentación en la recuperación del entorno en el año 1994, ha sido el encargado de restaurar las piezas, con baldosas deterioradas y quebradas por el paso del tiempo, así como recuperar los esgrafiados, algunos de los cuales estaban vandalizados y presentaban manchas de moho. A esta intervención se han destinado 24.000€, y hay que añadir otros 48.000 invertidos en la mejora y la limpieza de las bancadas de plantas arbustivas, muy deterioradas por la intemperie y el uso continuado. Igualmente se han instalado albardillas (remates en los muretes de ladrillo que hacen las veces de bancadas) de granito con el fin de minimizar el desgaste del ladrillo y mejorar su función de banco. Ángel Galindo, concejal del área, presentaba el “nuevo” parque y el libro editado para la ocasión, una completa guía a cargo de María Gris y Felipe Arroyo.

La guía nos adentra en los secretos de este privilegiado espacio que contiene más de 70 especies arbóreas y un centenar de arbustivas y dispuestas como una representación de la flora segoviana. Recordaba María Gris como la disposición aterrazada del parque se aprovechó para trazar un recorrido por la flora provincial, empezando por la plana, con sus arbustos, sabinares y quejijares. A continuación, en el nivel intermedio encontramos los ejemplares más propios de la ornamentación urbana. En la parte alta del parque, la vegetación de ribera y de altura, con sus pinos silvestres, hayedos… De este modo, los 6.000m²  del parque son un ameno muestrario de la flora de la provincia.

Inmediaciones del jardín a finales del XIX. Col. J. P. Velasco.

1783. De “paraje inmundo” a “jardín fructífero”

En una historia que se remonta a la Ilustración. 1783, la Real Sociedad Económica de Amigos del País pidió al ayuntamiento la cesión de unos terrenos para la creación de un vivero de árboles ornamentales. La idea era plantar allí especies que luego decorarían la ciudad en conformidad con los aires de regeneración urbana del siglo XVIII. La entidad propuso “un terreno baldio hacia el Nor-Este de Santo Tomé (sic), muy a propósito para el pensamiento”. El ayuntamiento atendió la petición, y con el añadido de una huerta lindera, los Amigos del País nivelaron el espacio, lo dotaron de dos albercas de riego, y en cuatro años demostraron que “la industria basta para hacer de un paraje pantanoso e inmundo un sitio delicioso y fructífero“.

La encina, uno de los más antiguos habitantes del parque. En la imagen se ven las nuevas bancadas rematadas con granito.

Ciertamente el lugar respondió al proyecto y pocos años después ya se planteaba la idea de convertirlo en jardín botánico, cosa que llegó en 1801. Ya para entonces, de allí salían los nogales y castaños de la Alameda y otros espacios de Segovia. De esta época se sospecha son los más antiguos ejemplares del actual parque, una encina y un cedro.

Salvado de la piqueta

La desaparición en 1843 de la sociedad fundadora motivó que en 1855 el paraje volviera a la municipalidad. Por aquel entonces el botánico quedaba a trasmano de la ciudad, escondido en los arrabales. Siguió ejerciendo de vivero pero con una paulatina decadencia que lleva a las autoridades a plantear, en 1941, la construcción del colegio Marista que finalmente se llevaría a la Piedad. Pero la amenaza de la piqueta sigue ahí. 20 años después el ayuntamiento inicia un expediente para construir un polideportivo, dos años después, la Obra Sindical lo requiere para un frontón, la Diputación para construir viviendas sociales… Felizmente proyectos que no cuajaron.

Las asociaciones de vecinos al rescate

Pese a todo el espacio seguía manteniendo su encanto. En 1974 la presión de las asociaciones vecinales consigue que el consistorio reabra el parque y efectúe una adaptación para su uso público. Pero en los años siguientes el parque vive tiempos de abandono… Menudean los destrozos, la presencia de escombros, pandillas de jóvenes haciendo moto-cross en bicicleta… En 1985 el arquitecto Collaut Valera presentan un primer proyecto de mejora, que sin embargo no se acometerá hasta 1994.

Mariano Carabias, que participó en el proyecto inicial de 1994. Abajo diferentes vistas del parque.

Fue una intervención ambiciosa, que aparejó la demolición de casetas y elementos constructivos discordantes con la propuesta, movimientos de tierra hasta su actual nivelación, habilitación de saneamientos. Ese año también y en convenio con el Ezequiel González alumnos y profesores construyen la noria, que años después sería sustituida por otra eléctrica. En 1995 se encomienda a Carabias y Lorenzo una ornamentación estético didáctica. Son los murales de cerámica que glosan la vinculación del hombre con la tierra. En los años siguientes se van acometiendo pequeñas mejoras, como la fuente artística de la entrada (2011). En paralelo, las actividades didácticas ambientales, “Segovia Educa en Verde” y las precedentes, lo convierten en un potente recurso escolar, con decenas de talleres cada curso.  En 2018 se inicia el expediente para una renovación, concluida este 2020.

Author: Cultura

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