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Debate: ¿Es viable la renta básica?

Con los votos en contra de PP y Ciudadanos, el Congreso aprobó el 2 de febrero la puesta en marcha de la tramitación del proyecto de ley para fijar una prestación de ingresos mínimos de 426 euros para las familias sin recursos, procedente de una iniciativa legislativa popular promovida por los sindicatos CCOO y UGT. Es la renta mínima, el tema que planteamos al lector en el Club del Debate.

Está muy bien que la gente tenga garantizada una renta mínima. Y ojalá fueran, no 426€, sino mil o 2.000. El problema como siempre es que los recursos son limitados. Según los propios cálculos de los partidos favorables a la iniciativa, se calcula que universalizar la renta básica costará entre 6.000 y 12.000 millones. Estamos hablando de entre 0,5 y el 1% del PIB en un contexto en el que los ingresos escasean y desde Bruselas se pide recortar gasto. Estamos hablando de extender este subsidio por defecto y permanentemente a 800.000 familias.

Sinceramente, un gasto de semejantes proporciones obliga a preguntar por la fuente de ingresos, que solo puede venir por un incremento de los impuestos. Con la clase trabajadora acogotada por la fiscalidad, con flujos transnacionales legalmente refractarios al control de los estados y sin ningún tipo de previsión de poner coto a esta situación, sencillamente la medida, de entrar en vigor, simplemente extendería aún más la miseria al quitar de las rentas familiares dinero para apenas facilitar una supervivencia de las familias más pobres.

Hay sistemas mejores. Facilitando la inserción laboral. Condicionando estas retribuciones a la formación o la búsqueda activa de empleo, o incentivando la contratación de colectivos en riesgo de exclusión.

No menos problemática es la aplicación de esa iniciativa a la sociedad española, con un elevado índice de “economía sumergida”. O su aplicación universal. ¿Un joven con 18 años tendría derecho a la renta?. Por último está el efecto disuasivo de este tipo de medidas. Las personas deben responsabilizarse de sí mismas, deben ser las propietarias de su futuro, y no depender de las administraciones, son las administraciones las que dependen de las personas, y no al revés. Los sistemas de solidaridad deben estar para casos extremos, en las que se dan condiciones objetivas de incapacidad laboral. Dar una paga de por vida “por la cara” a cualquier ciudadano que lo solicite, con independencia de su esfuerzo personal por trabajar o no, es un agravio comparativo para con el resto de ciudadanos.


800.000 familias españolas acreditan cero ingresos. Viven de la caridad de parientes, de la pensión de los padres, de eventuales y escasas ayudas públicas…Lo peor es que los flujos económicos apuntan a que esta masa de “sin ingresos” es estructural. No hay empleo suficiente ni a medio ni a largo plazo como para mantener unas tasas de actividad que permitan atisbar la ocupabilidad de este colectivo. ¿Qué hacemos? Es cierto que el Estado del Bienestar contempla salarios de inserción temporales y condicionados a la inexistencia de bienes, y que aunado a las redes de beneficiencia públicas y privadas, impidan que la gente muera de hambre, aunque no siempre de frío. ¿Pero podemos seguir así?

Los 426€ al mes pretenden ser una mínima red para paliar una pobreza estructural que emana de la desigualdad social. Hay quien tiene mucho y hay quien no tiene nada. De lo que se trata es que mediante la renta universal el que tiene mucho contribuya con el que no tiene.

Pero el problema va más allá. Robotización, sostenibilidad, el fin del consumismo y la concentración de la producción en los mercados globales hacen que actualmente bastan un puñado de plantas para producir lo que antaño fabricaban miles de empresas, sectores enteros se han quedado jibarizados por la tecnología. El pleno empleo es un mero sueño. Y si el modelo económico no puede garantizar el acceso universal al trabajo o bien se cambia de modelo o se introducen pautas de reequilibrio. Este es el salario universal.

No es una utopía, puede que sea un parche, pero está claro que los países desarrollados no pueden dar por válido un modelo económico que condena a la miseria al 10, al 20 o al 30% de su población. El salario universal es una alternativa que ya se está ensayando en las economías más avanzadas, un cascabel que habrá que poner al gato tarde o temprano. Mejor irse preparando y estos 426€ pueden ser un primer paso en la buena dirección.

 

Author: Opinion

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