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De Primo de Rivera a Diego de Colmenares, 90 años de escuela pública

Aspecto del Primo de Rivera en los años 30. Abajo, exposición en conmemoración del 90 aniversario.

A finales de los años 20, los barrios de San Millán, El Cristo, Santa Eulalia, en Segovia capital, vivían un particular estallido demográfico. La única escuela municipal (entonces eran de competencia del ayuntamiento), la escuela graduada de Santa Eulalia, prevista para 100 alumnos, contaba con 200, y al menos se contaban otros 400 chicos y chicas del barrio. La necesidad de escuelas era un clamor.

Cabe el honor a una entidad de la sociedad civil, la Sociedad de Amigos de la Escuela de Santa Eulalia, el lanzar una campaña para construir el que sería el grupo escolar para niños Miguel Primo de Rivera, técnicamente la Escuela Graduada para Niños Número 2. Eso fue en 1927. Tras unos titubeos iniciales (hubo hasta conatos de manifestación en favor de la construcción de la escuela), cuatro meses después el Ayuntamiento de Segovia, con el alcalde Claudio Moreno, aprueba iniciar las obras. En 1928 se colocó la primera piedra y la inauguración oficial, con la escuela aún por terminar, se llevó a cabo el 15 de diciembre de 1929.

90 años después los cerca de 200 alumnos de Infantil y Primaria (niñas y niños desde 1978) celebraban la efeméride atendiendo a los parlamentos de políticos y director. Una de las aulas, y en colaboración entre el Ampa y el museo de Otones de Benjumea, ha vuelto atrás en el tiempo y acoge todo un muestrario de didáctica vintage, desde mapamundis, libros de caligrafía, tinteros, carteras, los inevitables crucifijos y fotos de próceres, bancos y pupitres no muy diferentes de los que acogieron a las primeras hornadas del hoy CEIP Diego de Colmenares. “90 años de educación”, como refería el delegado de la Junta, José Mazarías. La muestra podrá visitarse en horario docente hasta el 20 de diciembre. Vale la pena.

El edificio original, de planta baja y primera, era un diseño de Silvestre Manuel Pagola, reformador del urbanismo segoviano y arquitecto de líneas racionalistas. Luminosidad, suelos resistentes, calefacción (“cuando la temperatura exterior sea de dos grados bajo cero la interior deberá ser de 18 grados”, reza la memoria constructiva, recuperada con motivo del 70 aniversario del centro). Acabados de buena calidad, como lo prueba que muchos elementos siguen siendo de la época o al menos mantienen las líneas de la época, puertas, baldosas…. Por no faltar no faltaba un friso de cerámica de Daniel de Zuloaga, que se “sacrificó” con la elevación de una segunda planta, aunque aún quedan algunos vestigios. Costó 192.000 pesetas, lo que serían actualmente unos dos millones de euros. El ayuntamiento pechó con 130.000 pesetas, en tanto el ministerio participó con otras 70.000.

El decano de la educación pública segoviana llevaba entonces en su frontispicio el nombre de Miguel Primo de Rivera. Con la República el nombre pasó a Diego de Colmenares. Durante la guerra ejerció de hospital, y en 1942 recuperaba su nombre inicial, si bien sin el “Miguel” en el frontispicio, por lo que era lugar común en Segovia que el centro recordaba al fusilado fundador de Falange Española. Con la democracia, a la par que una planta añadida y la entrada de niñas, el colegio volvía a ser Diego de Colmenares.

Hoy es una referencia en la educación segoviana, profundamente renovador en los 70, conserva esa “alma” de las escuelas viejas. Pasamanos desgastados por miles de educandos y una dotación óptima para sus dimensiones, con un AMPA y un cuerpo profesoral fuertemente implicado en un proyecto docente ejemplar. Felicidades y a por noventa más.

 

Author: Redacción

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