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Así fue el paso de Adolfo Suárez por Segovia

En el presente reportaje se pasa revista a los 16 meses que Suárez permaneció en el cargo de gobernador civil de Segovia. Un periodo trascendental en la vida del político abulense ya que desde Segovia Suárez consolidó su vinculación con varias subfamilias del régimen, los tecnócratas del Opus Dei, los aperturistas del Movimiento (enfrentados a los “camisas azules”, más puristas de la Falange) y muy especialmente los Juan Carlistas. Esta entente a tres bandas fue vital en el lanzamiento de la carrera política del padre de la Transición.

Turrubuelo y el encuentro con Franco

La historia de España cambió en Turrubuelo, un 4 de julio de 1968. En la diminuta localidad, actualmente  agregada a Boceguillas, iba a inaugurarse un apeadero de la hoy muerta  línea férrea Madrid-Burgos. Francisco Franco, el Caudillo, se disponía a hacer los honores. Le esperaba el nuevo y jovencísimo (tenía 36 años) gobernador civil de la provincia, Adolfo Suárez, que había jurado el cargo el 21 de junio de ese mismo año.

Portada de El Adelantado con el nombramiento de Suárez.

Portada de El Adelantado con el nombramiento de Suárez.

Segovia era el primer puesto de postín del joven y ambicioso político. Secretario del prócer del Movimiento, Fernando Herrero Tejedor, que fue su mentor, Suárez fue elegido diputado en Cortes por Ávila en las “elecciones” al tercio familiar de 1967. De allí elevado al gobierno civil de Segovia.

Suárez jura el cargo de Gobernador. Foto extraída de TVE.

Suárez jura el cargo de Gobernador. Foto extraída de TVE.

El mandato de Suárez en la provincia duró apenas 16 meses pero cambió radicalmente la historia de España.  Según gustaba decir a Amparo Illana, la abnegada mujer del artífice de la transición española, el periodo vivido en Segovia fue el más feliz en la vida de la familia. Políticamente tampoco fue menos; desde Segovia Suárez se ganó el visto bueno de Franco, desde Segovia creó una especie de guardia pretoriana de celosos colaboradores, al frente de los cuales estaría Fernando Abril Martorell. Por último y más importante, desde Segovia trenzó una alianza con el entonces príncipe Juan Carlos, los sectores opusdeistas liderados por Laureano López Rodó, y la facción más aperturista del Movimiento de la que él mismo era un valor en auge.  Una combinación de apoyos que con el tiempo y las circunstancias favorables le auparían a la dirección general de TVE (1969-1973), al ministerio de la Secretaría Nacional del Movimiento (1975), y finalmente a la presidencia del Gobierno e (1976-1981).

Franco, fanático de la pesca.

Franco, fanático de la pesca.

El encuentro con Franco en Segovia era providencial. Suárez sabía que era su oportunidad de destacar ante el dictador, cuya “simpatía” necesitaba para seguir ascendiendo peldaños en el núcleo duro del Movimiento. Por otro lado Franco siempre buscaba nuevos talentos, aunque solo fuera para alimentar un juego político maquiavélico que había de mantenerle cuarenta años en el poder.  Divide et impera: Cuanto más desunidos sus ministros, más indiscutible su liderato.

El periodista Gregorio Morán, autor de dos críticas pero honestas y obligadas biografías del político abulense, nos narra el encuentro de aquel 4 de julio. Franco iba de camino a su retiro veraniego en el Pazo de Meirás. Estaba de buen humor, un día soleado. Franco y Suárez ya se conocían; el abulense era un tipo guapo, con carisma, difícil de olvidar.  El caudillo tendió la mano al gobernador civil.

–  ¿Cómo le va a usted, Suárez?

–  No sé qué decirle –respondió Adolfo, con una sonrisa amigable

–  ¿Qué quiere decir?

–  Que no sé, Excelencia, si los segovianos se sienten ciudadanos de segunda clase

“Dijo lo que llevaba preparado desde hacía varios días, con el tono que había ensayado repetidas veces para que lograra su efecto, sin tener ningún significado especial, sino la ingenuidad y el candor de un gobernador joven y voluntarioso… Por eso Franco no se inmutó; solo hizo un gesto vago mientras susurraba: “Me interesa mucho eso, me interesa muchos eso, venga a verme…” (Adolfo Suárez, Ambición y Destino, Gregorio Morán, 2009).

Los logros y el “pulso” con la oligarquía

El periplo de Suárez por Segovia empezaba de modo inmejorable. Finalmente, la reunión se celebró el  8 enero. Hablar con Franco debía ser una suerte de encuentro en la tercera fase. El dictador apenas hablaba, escuchaba con mutismo al interlocutor. De repente lanzaba una pregunta poco relacionada con la conversación. Era un truco de Franco para saber si lo que le estaban exponiendo era importante o no. Suárez le expuso la lamentable situación de la provincia, atrasada, sin industria, sin carreteras dignas de tal nombre.

De aquel encuentro salió una cita con el número 3 del régimen, Laureano López Rodó, que no tuvo otra que incluir a Segovia en el II Plan de Desarrollo como “zona de acción especial”. En la práctica, eso supusieron inversiones por unos 10 millones de la época (sobre dos millones de euros a precio de hoy).

Si aquellos 10 millones no iban a sacar de pobres a los segovianos, sí fraguó una creciente y cordial relación entre Suárez y Laureano López, ambos gustaban de pescar truchas en Navafría, y es fama que al ministro, pésimo con el anzuelo, Suárez le llevaba a los mejores cotos. Los diez millones también debieron ayudar a dar un golpe de mano contra el aparato del Movimiento segoviano, que veía en el  nuevo gobernador un inoportuno cambio en los equilibrios de poder, peligroso para el statuquo (de hecho, Suárez tardó un mes en reunirse con la cúpula del Movimiento en Segovia, lo que fue interpretado como un feo).

Adolfo Suárez con Fernando Albertos, en lo que fuera Granja-Escuela, hoy Centro Antonio Machado. Foto cortesía de J.P. Velasco.

Adolfo Suárez con Fernando Albertos, en lo que fuera Granja-Escuela, hoy Centro Juan Pablo II. Foto colección :J.P. Velasco.

Suárez y Fernando Abril Martorell.

Suárez y Fernando Abril Martorell.

En Segovia Suárez había conocido a un prometedor ingeniero al frente del proyecto de concentración parcelaria del Pirón: Abril Martorell.  Suárez le propuso como presidente de la Diputación, para lo cual había que cesar a un camisa azul de toda la vida, Ángel Zamarrón.  Cuenta Morán: “La oligarquía provincial segoviana tiene entonces en Andrés Reguera Guajardo su máximo exponente, y es él quien encabeza la oposición al cese de Zamarrón. Procurador en Cortes y secretario general técnico del ministerio de Obras Públicas, Andrés Reguera –que luego llegará a ministro precisamente con Suárez- era un personaje con peso específico en la provincia tanto económico como político. Abogado del Estado, número 1 de su promoción”…”La batalla no va a ser fácil y Adolfo se ve obligado a jugar fuerte cerca del ministro de la Gobernación, Camilo Alonso. La oligarquía local no está dispuesta a transigir con el cese de Zamarrón para nombrar a un perfecto desconocido que no tiene tradición del Movimiento y a quien todos desprecian por ser un funcionario puesto por el ministerio de Agricultura. Adolfo se impone el llevar adelante su decisión y los notables amenazan con negarse a elegirle representante en Cortes, como había sido costumbre entonces”

Es de suponer que, finalmente, Suárez se impuso y es de pensar que no quedaría mal con Reguera, al que vinculó a su equipo de confianza. El caso es que el 26 de febrero, en la toma de posesión del nuevo presidente, el abulense presenta a Abril Martorell de esta guisa: “Es un hombre joven que pertenece a esa generación puente, que tiene que soldar indestructiblemente los pilares de nuestra más reciente historia con los de ese futuro esperanzador que social, política y económicamente se vislumbra ya en España”.  Hablaba de Abril Martorell pero se estaba describiendo a sí mismo.

Abril Martorell no fue el único llamado a formar una suerte de “clan segoviano” en el puente de mando de la Transición. Como recordaba Marcelo Galindo en El Adelantado, en Segovia reclutó a Rafael Calvo Ortega, Carlos Gila, Emilio Zamarriego, Juan Antonio García Díez (ministro de Comercio, casado con una segoviana), Andrés Reguera o el general Gutiérrez Mellado, también emparentado con una familia de Segovia.

En una entrevista publicada por ABC en 1969, la estrella emergente del Movimiento explica sus planes para Segovia, quiere que la provincia y sus recursos sean una zona de descongestión de Madrid (vean si viene de lejos el cuento). La provincia tiene entonces apenas 6 empresas dignas de este nombre, es la primera productora de resina, y gestiona un sector turístico floreciente. “Entre las obras de Adolfo, ocupa un lugar nada desdeñable la inauguración del Colegio Mayor Universitario Domingo de Soto, las gentes de Ávila han querido ver en la creación de este colegio en Segovia un viejo rencor de Suárez guardado desde su época universitaria”, especula Morán. Lo cierto es que una cosa por la otra, ya como presidente del Gobierno, Suárez eliminó la Academia de Policía de Aguilafuente (una de las tres que había en España) para concentrarlas todas en su Ávila natal.

Los Ángeles de San Rafael

Todo iba a pedir de boca para Suárez en Segovia. Hasta las 14,20 horas del domingo 15 de junio; a esa hora se vino abajo el gran salón del Conjunto Residencial Los Ángeles de San Rafael en pleno ágape de la cadena SPAR para con sus franquiciados. Matrimonios con niños, mayores, jóvenes… La mayor tragedia moderna de Segovia, 52 muertos y 300 heridos.

La noticia pilla a Suárez en Madrid, que rápidamente se traslada al lugar de los hechos. “Bajo su mandato como gobernador, la comisión provincial de Urbanismo aprobó el plan de Los Angeles de San Rafael… Había sido el 28 de junio de 1968”, relata Morán. El propio Suárez, del brazo de Jesús Gil y Gil inauguró el complejo, justo un año antes de la tragedia. Al llegar a la urbanización Suárez “directamente su puso a quitar escombros; no quería que nadie le dijera nada, que nadie le preguntara nada, que nadie le reprochara nada. Su gesto le valió los parabienes de El Pardo, de Carrero Blanco y de Laureano; a su edad, a ninguno de los tres se les habría ocurrido mover un ladrillo”, cuenta Morán, siempre mordaz.

Suárez, supervisando los trabajos de rescate en los Ángeles de San Rafael.

Suárez, supervisando los trabajos de rescate en los Ángeles de San Rafael.

Esta imagen, Suárez tomando el control desde el primer momento había de salvarle de la purga política que siguió a la tragedia y que hay que contextualizar en el pulso por el poder entre los hombres de Solis y Fraga Iribarne, contra los hombres fuertes del momento, Laureano López y Herrero Tejedor. El diario Arriba, el órgano de expresión de Falange, publicó un duro editorial en el que preguntaba “¿Qué grupos económicos se agazapan detrás de la brillante y extensa campaña publicitaria del complejo turístico de Los Ángeles de San Rafael”, increíblemente, el rotativo, el más mansurrón de entre toda la mansurrona prensa de la época, acompañaba el editorial con un recuadro que rodeaba la foto de Fernando Herrero Tejedor vestido de frac, en el que se cantaban las glorias del  entonces Fiscal del Tribunal Supremo. “Palo y zanahoria”, dice Morán. Sería el propio Herrero Tejedor el que, acogido en la casa de su antiguo secretario, instruyera desde Segovia todas las diligencias del caso, y que como es sabido acabaron en 1971 con la condena a Jesús Gil de 5 años de prisión, para ser indultado a los pocos meses de ingresar en la cárcel. Del papel de Suárez quedó la imagen del pundonoroso y joven gobernador descamisado , acompañando a las víctimas en los funerales y  prometiendo justicia. “Pocos meses después, Suárez era condecorado con la Gran Cruz al Mérito Civil por su comportamiento ejemplar durante la catástrofe”.

Segovia parada y fonda del poder

Para entonces Suárez ya había convertido Segovia, en palabras de Morán, en parada y fonda del poder. “Va a ser su preocupación esencial durante los dieciséis meses de su mandato como gobernador, ser el  amable maitre de un restaurante bien surtido, ser el discreto propietario de una tierra puesta al servicio de los que lo poseerán todo. Hacer obligada la pausa cuando el Poder cruza Segovia y no pedir nunca nada que el invitado no esté dispuesto a ofrcer. Convertir Segovia en la parada y fonda del Poder”.

Culminando esta política de relaciones públicas con el Mesón de Cándido como cuartel general (él, que apenas probaba bocado y no bebía), viene una de las páginas más potentes de la historia de Segovia y España, el trascendental encuentro con el príncipe Juan Carlos.

Eso ocurrió en enero de 1969, con Juan Carlos y Sofía recalando junto con los reyes de Grecia en el Palacio de Riofrío, lugar muy apreciado por el príncipe, gran aficionado a la caza. Suárez invitó al regio cortejo a recorrer la ciudad. “Anfitrión excelente, conversador afable y servicial como un duque dieciochesco, Adolfo se ocupará de que Segovia deje un recuerdo de estancia grata”, escribe Morán. Otras biografías apuntan a que fue precisamente en Segovia y tras una opípara comida en el meson de Cándido, donde Juan Carlos y Suárez se sinceraron y prepararon algo así como un plan de ruta para el advenimiento de la democracia. Otros autores contextualizan el encuentro en las reuniones que, en petit commité, el príncipe mantenía  de cara a asegurarse el decreto de sucesión en las Cortes, cosa que ocurrió cinco meses después.

En cualquier caso, Segovia debió ser muy importante en la creación de un frente común entre Juancarlistas y aperturistas del Movimiento, alianza que tan buenos resultados había de dar unos años después. Cuenta Morán que en Segovia Suárez trató al príncipe como si de facto fuera ya el sucesor (en rigor todavía no lo era), algo que no debía pasar desapercibido para el príncipe, muy necesitado entonces de aliados en los engranajes del régimen. Está claro que Segovia fue el punto de partida de una relación muy fructífera para los dos, y a la postre, para España.

Suárez y Cándido. De espaldas, la princesa doña Sofía.

Suárez y Cándido. De espaldas, la princesa doña Sofía.

En cualquier caso, la vida prosiguió con normalidad. Hemos visto que dos días después Suárez se reunía con Franco, en tanto en Segovia Abril Martorell se ganaba gradualmente el favor de los segovianos, popularidad que, paradójicamente, la tragedia de San Rafael reforzó por la implicación de ambos y desde el primer minuto en la evacuación de muertos y heridos y su reiterada presencia junto a las familias damnificadas.

Los días segovianos se acababan para Suárez. En otoño de 1969 Carrero Blanco, el verdadero hombre de confianza del régimen, prodigó cambios en el consejo de ministros terminando con la carrera de Pepe Solis y Manuel Fraga Iribarne.  Suárez consigue la preciada dirección general de Televisión.  Desde allí continuará con su cerco al poder.

Balance final

Nos gusta pensar que la Transición española fue una genialidad. Una obra ímproba a cargo de seres excepcionales. La realidad, como siempre, es más gris. La transición puede perfectamente interpretarse como la reacción de una parte del aparato del franquismo deseosa de sobrevivir al franquismo.  El rey Juan Carlos, Suárez, Torcuato Fernández de Miranda,  no dejaban de ser títeres y arribistas, mejo o peor intencionados, puestos a dedo por un dictador impenetrable y máximamente eficaz en la gestión del poder.  Al objeto de heredar ese poder, apostaron a la carta de desmontar el régimen desde el interior del régimen, dando una continuidad natural al paso de la dictadura a la democracia.  Lo hicieron de modo impecable, ganándose la adhesión de una gran parte del pueblo español y la fría complicidad (pero complicidad al cabo) de la otra España que durante 40 años había soportado la represión y la marginación social.

A la luz de cómo se han vivido otras transiciones del totalitarismo a la sociedad abierta en América, en la Europa Oriental y la Asia excomunista, en el Magreb, donde las dinámicas sociales han terminado en división y caos, cuando no en baños de sangres y traumáticos desgarros, hay que reconocer que  Suárez, el  aparatista de Cebreros, y sus hombres tenían toda la razón; lo mejor era un cambio suave desde dentro. Por una vez, lo que ellos creían que era lo óptimo para España resultó serlo. Nada les fue de cara, con la economía desplomada y una situación internacional explosiva, con fanáticos de todo signo campando a sus anchas por un país confuso, aún parece un milagro que lo lograran.

Pero lo consiguieron, y los españoles debemos estarles eternamente agradecidos por ello.

Author: Redacción

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