Este 2025 no hay elecciones convocadas. Ni las va a haber anticipadas. Desde 2017 no teníamos un año en blanco. No tener elecciones no significa tener un año tranquilo. Al contrario, los partidos políticos necesitan que haya un partido electoral, y si no, se buscan la carita, se retan, sobreactúan y después, lloriquean, en plan Vinicius. Los resultados electorales siempre les van bien, pero se ponen nerviosos antes, en las expectativas, porque somos poetas en los sueños y mendigos en las reflexiones. El que se pilla una pataleta en el año sin urnas normalmente no sale en las papeletas. El espectáculo no puede parar. Si no hay elecciones, el circo pide defunciones.
Ya es tarde para Ábalos que ha ido amenazando con pataletas para luego recoger cable. Ábalos es el centro de una escala donde Sánchez es el galán perfecto y Koldo el puro gañán, siendo el exministro el galán-gañán, un híbrido en mitad de un contador en el que se parará la aguja judicial y marcará si tendremos un buen año preelectoral para el PSOE o un infierno a la parrilla judicial. Si es Koldo quien asume la culpa, todo lo demás, familia incluida, quedará en nada. Si llega a otros ministerios y al propio partido, ni los Santos que cuidan los infiernos evitarán que Sánchez se quedé sin su etiqueta de “Don Limpio”, la que enseñó a Rajoy para que Soraya SS quitara el bolso del asiento azul. Como si vertieran hollín en una pradera de nieve virgen. Decía Felipe González en un desayuno de la semana pasada que, de una dictadura, como la venezolana, solo huyen los que caben en un avión. Pues en un partido la trama que va a prisión (o a Moncloa) cabe en Peugeot o un Seat León.
Otro que lleva meses haciendo pucheros es Mazón, que está calentito ante el apoyo tibio de Feijóo. Piensa el gallego que la actitud taciturna le llevará al triunfo de la urna. Ha pasado otra vez. Y con otro gallego. La errática actuación del anterior cantante de Marengo, ese grupo melódico de blazer, playa y copa balón, es posible que explote ante la petición de detalles de la hora de la cuenta de El Ventorro. Ya lo vaticinaba él mismo en el temazo que presentó a Eurovisión: “me quedo con mi soledad en un rincón”. Otra pataleta popular que se viene es la de Tellado intentado controlar a Ayuso, que es como poner a Anne Igartiburu a tranquilizar a John Cobra. Tellado insiste, como Lala Chus, en que en el PP caben todos porque todos los cuerpos son bonitos, pero ella dice que hace lo que le pide el cuerpo. Mientras, en el PSOE le dan lo que pida al Ministro Cuerpo para seguir sacando pecho. Si la macroeconomía socialista va bonita, al PP solo le queda el recurso a la micropataleta.
Las otras pataletas controladas serán las de PNV y Junts antes de cada votación parlamentaria. Los dos partidos han salido del armario de la derecha y no les importa defender privilegios con orgullo empoderado, pero solo de los suyos. Ya preparan sus pancartas del 25. “Progresistas en la meseta, supremacistas en la terreta”. “En mi txoko mando yo”. “Si me quieres, dímelo, pero solo en Waterloó”. Apreteu antes de que se cierre la ventanilla. Feijóo les hace pestañitas desde su ventanilla.
Atentos también a la vuelta del corazón de las tinieblas de Errejón, que querrá seguir viviendo y explicando los problemas de gestión de expectativas de sus parejas, como los años sin elecciones. Hay quien dice que hay más verdad en una cita suya que en todo el proyecto de Podemos. Si hemos venido a este mundo a depredar, mejor hacerlo de manera honesta y no taimada. Seamos Francos, que es el año adecuado. Todos los partidos. Menos Vox que no ha dejado de serlo desde que echó a Espinosa de Los Monteros. Franco, el único padre que puede decir que los Reyes son los hijos y el único abuelo que no recibe a los nietos en su casa del Valle. Si han pedido un móvil nuevo, no destruyan el anterior. Felices Reyes, Majos.













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