Me gustaría conocer los motivos por los que un alcalde o alcaldesa que representa a los vecinos de una pequeña localidad evita consultar a los moradores del lugar sobre aquellas cuestiones que afectan profundamente sus costumbres o vida cotidiana.
71 de los 209 pueblos de Segovia tienen menos de 100 habitantes y 61 entre 100 y 250, es decir el 63% de los pueblos de nuestra provincia tienen menos de 250 vecinos empadronados.
No parece sensato que en pleno Siglo 21 los Ayuntamientos no hayan establecido dinámicas que permitan a los afectados valorar las decisiones que pretende tomar dicho Ayuntamiento sobre cualquier asunto que les cambie radicalmente su cotidianidad.
En Riaguas, la alcaldesa pidió el 18 de septiembre de 2015 autorización a la Diputación de Segovia para “la corta de árboles en la carretera provincial que va del municipio Riaguas de San Bartolomé al municipio de Alconada de Maderuelo, por encontrarse en mal estado“. Se trata de la arboleda que da entrada a la localidad y el único paseo con sombra del entorno. La arboleda de chopos desapareció en febrero de 2017. Para los vecinos y visitantes este es el primer verano sin sombra por la que pasear.
Riaguas cuenta con 37 vecinos apoyados por una asociación cultural de 200 socios, la mayoría no residentes, que pagan una cuota para organizar actividades en el lugar. El último sábado de julio la asociación se reunió para buscar alguna solución que garantice la repoblación de árboles en el lugar y pedir explicaciones. No se entiende que se hayan talado todos los árboles cuando al parecer menos del 10% estaban enfermos, tampoco se entiende qué se ha hecho con la madera de la corta, ya que consideran que es propiedad del pueblo.
El argumento esgrimido por las instituciones se asienta sobre dos temidas palabras: “seguridad vial” desde aquí les invito a acercarse a la arboleda perdida de Riaguas. Los tocones de la tala realizada en febrero son ahora un peligro real para la seguridad vial, además de una rúbrica al paisaje desértico en el que se ha convertido el acceso a la localidad.
La cadena de errores en la aplicación de esta decisión no consultada va más allá del municipio, es obvio. Vamos por partes. Mi primera reflexión es sobre la insatisfacción que genera entre los vecinos esta delegación total en la toma de decisiones que afectan a sus vidas diarias. El resultado, ya lo estamos viendo: desafección total de la política y sangría poblacional.
¿No sería mejor aprovechar la ventaja de que somos pocos para, al menos en los pueblos menores de 100 habitantes, animar a los ayuntamientos a realizar consultas al estilo de los Concejos Abiertos?
No parece innovador, lo sé, pero lo es dadas las prácticas asentadas.
Artículo de opinión de Susana Ainziburu, de Podemos Segovia
















Últimos comentarios