La (falsa) polémica de la tala de árboles de Nueva Segovia
Ni entro ni salgo en las obras de “renaturalización” de plazas de Nueva Segovia. Son plazas duras, de aquellas de los ochenta, inhóspitas y feas, pero cumplen su función de aparcamiento gratuito para miles de vecinos. Perder 100 o 200 plazas supondrá más dificultades para estacionar el coche, con el tiempo, misión imposible a partir de ciertas horas. Habrá que pagar. Y a tal fin recuerdo lo curioso del caso de que por la zona hay toda una planta subterránea vacía y cerrada (la del cine) y debe persistir el antiguo aparcamiento del viejo Mercadona, también cerrado (creo). En resumen, la opción es un entorno mejor o un entorno más incómodo para aparcar el coche. Como vecino del alfoz que vive pegado a un coche, entiendo perfectamente a quien no se decanta por lo bonito, aunque le diría, que a la larga, sacrificar comodidad por calidad del entorno, renta.
Lo que entiendo menos es que se monte un pollo por la tala de árboles. Partamos de la base que no son secuoyas, ni cedros monumentales, son árboles ramplones, muchos raqutizados por el estrés hidríco, hechos polvo y enfermos. Roídos por las meadas de los perros. Sus raíces están ya clavadas al asfalto así que su reciclaje es imposible. Si te llevas el asfalto, y eso es renaturalizar, adiós árbol. En esto del “bienestar vegetal” hay mucha bobería, como cuando se podan los plataneros de algún paseo así en plan radical, y siempre sale alguno lamentando aquello de “qué necesidad”. Pues sí, en entornos urbanos (¡y en el bosque!, que luego pasa lo que pasa) hay que cortar para sanear. Cualquier ingeniero forestal se lo puede decir.
El caso es que a poco que uno se mire el proyecto ve que allí van a ir más de 150 nuevos árboles. Más buenos que los anteriores, entendiendo por tal más aclimatados al contexto, y según explica por activa y por pasiva el concejal Gabriel Cobos, se plantarán ya de cierta envergadura, es decir ya creciditos para acelerar el efecto “isla” que se persigue precisamente con esta “renaturalización” (sí, el nombre es pomposo que se sale, mejor sería decir “obras de resarcimiento de las chapuzas efectuadas por arquitectos cutres de los 80 que jugaban a ser modernos”, que dicho sea de paso, están por toda España, no solo Segovia). Que no darán sombra de un día para otro, pues tampoco. Habrá que dejarlos crecer, que es lo que tiene el arbolado.
Digamos que quitar asfalto (y en consecuencia aparcamientos) es tendencia. Y encima paga Europa, así que al alcalde le tocó continuar con un proyecto molón pagado por Europa y que viene del equipo de gobierno anterior, cuya pasta tal vez él hubiera dedicado a otra cosa, pero bueno, ni tan mal. El mismo proyecto, y aquí viene lo más incomprensible del caso, que supongo agradaba al concejal Guillermo San Juan cuando lo presentaban siglas más afines.
Pero ahora es el PP, de modo que a la manera de una Greta Thunberg del bienestar vegetal, ayer San Juan salía en tromba (otra vez) contra el proyecto. El trasunto de su nota era “San Juan denuncia que el proyecto de renaturalización de Nueva Segovia, además de eliminar aparcamientos sin medir su impacto, está talando árboles adultos en contra de la propia filosofía de crear espacios más verdes y habitables”. Esto, como bien sabe él, es radicalmente falso. Es simplemente atizar el avispero. Hay que talar para mejorar. Bien es cierto que luego él lo viste con aliño del tipo hay que hablar más, el “coste social” y buena palabras, que “no todo es malo”. Pero el punto de partida es una solemne majadería.
Y ya curioso del todo es que la escandalera venga de una formación, Podemos, famosa por imponer (nada de pactar) zonas sin coches, donde no es que no se pueda aparcar, no se puede entrar más que a pie y punto. No hace tanto los colegas de San Juan defendían a capa y espada lo sano que es caminar, lo guay que es el autobús para ir a todos sitios, lo malos que son los coches y los fabuloso que es ir pedaleando cuesta arriba. Fa-bu-lo-so. Sintomático, la verdad.














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