Escribo cansado porque cada cuatro horas tengo que dar un biberón a un gato recién parido en mi sofá. Hace cuatro meses, una gata de urbanización empezó a visitar mi terraza y cuando la llevé a esterilizar, ya era tarde, señora. Ahora nadie puede apartarlo de mí. Vivo entre un taxista y un diplomático, porque así son las urbanizaciones de la socialdemocracia europea, pero me eligió a mí porque sabía que, haciendo ojitos a mi hija, acabaría durmiendo dentro las noches del corto invierno. Darwin disfrazado de Disney. Ahora tengo un sofá que rechazan hasta “Los Fernández”, que no son tan amables cuando tienen que limpiar placentas y tengo que ver el video de Trump y Zelenski desde una silla del Ikea. Así que perdón por el desahogo, la pereza y la aspereza.
Estados Unidos, el faro de occidente, ahora da luz de gas. América, el guardián del mundo, se ha convertido en “Dani, de desokupa”. La democracia más fuerte, ya es solo CEOcracia. La metrópoli juega al Monopoly. Trump montó el viernes una “telencerrona” en el despacho oval para despachar a Zelenski. Doce minutos dramáticos que inauguran el nuevo desorden mundial.
Todos hemos tenido un jefe chungo. No lo digo por mí y ahora, por dios, que yo al mío le como la cara por haberme permitido llegar al trabajo estos días derrapando como Mazón al CECOPI. Hablo de otros del pasado. Si usted tiene la suerte de no saber de qué hablo, le daré tres pistas. Se les reconoce por su lenguaje, su cinismo y su sadismo. Usan palabras inflables y reversibles, como partners, palanca, alineado, foco, determinado, dictar, influencia, y toda esa farfolla de negocios para evidenciar que se tiene una visión más elevada, cuando lo único que se tiene es una posición más elevada.
Usan el cinismo. Al otro se le desprende del privilegio de invitado para convertirlo en un examinando. Convierten a la víctima en verdugo, al invadido en invasor, al resistente en empecinado, tres años sufriendo una guerra y de repente se te acusa de jugar a la Tercera Guerra Mundial. Se le dice a un pacifista que vuelva cuando esté preparado para la paz. Nadie dice la verdad, que Zelenski dio la espalda a Rusia para mirar a Europa, pero Europa tiene subcontratada la seguridad a Estados Unidos, igual que tiene el comercio externalizado a China y la energía a Rusia. Cuando viene gratis, no puedes ir a reclamar.
Sadismo es la obtención del placer propio con el dolor ajeno. El sadismo no es solo sexual. Es que llegue un viejo con una corbata de Luis Aguilé echando en cara a un soldado que no lleve traje. Un poco de culpa de esto la tienen las “Melanias” y las “Jessicas” que llaman peces gordos a gente con sobrepeso. Sadismo para rodar una humillación pública con la ayuda de un vicepresidente pelota que interrumpe en un idioma ajeno exigiendo dar las gracias como paso previo a exigir la rendición. Un acto de matonismo corrosivo como un agente de cara naranja.
Trump tiene un plan en un Power point que consiste en cobrar al mundo por la seguridad para reducir la deuda estadunidense. Lo presentó como un hallazgo y una conquista en la Florida de Ponce de León. En lugar de subir los impuestos internos, se generan ganancias externas (palabras de jefe chungo) con las pérdidas de otros. Solo guerras rentables. Solo si hay tierras raras debajo de los cadáveres corrientes.
Trump tiene un libro, me refiero a libro escrito, no leído, que yo tampoco he leído esperando a la película, que se llama “El arte del trato”. En el resumen dice que hace falta ser muy listo para pasar por tonto, y propone mantener al otro negociador desconcertado y ofender a tu oponente en la primera reunión, que se levante de la mesa, que parezca que todo va a irse a la mierda, y luego ya negociar con el otro en el suelo. Como un jefe chungo que te llama al despacho para hacerte sentir pequeño y vulnerable y evidenciar quién manda, amenazando con el despido si no sostienes su estafa piramidal y el relativismo moral de su negocio. Cuando uno, con el bigote sudado da explicaciones y pone en contexto y relata los hechos del pasado, se le pide que mire al futuro. Cuando un jefe chungo te pide no analizar el pasado, lo pasado, es que ya no tienes futuro.
Por eso me levanto cada cuatro horas a dar de comer al puto gatito. No por cumplir la ley del “solo miau es miau” ni la de “abandono cero” que presentó el director General de Bienestar Animal, Ramón Becerra. Su apellido ayudó. No por wokismo sino por enseñarle a mi hija a diferenciar lo que está bien y lo que está mal, y que hay que ayudar al débil si es inocente, y que eso supone esfuerzo y dinero. De veterinarios o de soldados. Enseñarle que siempre gana Darwin (los otros dos gatitos apagaron el sistema porque la madre no daba leche), pero hay que creer en Disney. Así ha llegado Estados Unidos a ser un referente. Si hubiera dicho hace 80 años: “Churchill, vuelve cuando estés preparado para la paz”, hubiéramos buscado luz en otro faro.
No podemos exigir a Zelenski que sea un héroe, pero nadie podrá reprocharle ser un esclavo y sí, hay tiranos porque hay esclavos. Esclavos como nuestro Abascal que a cambio de que el jefe pronuncie mal tu nombre, le hace reverencias y pone su pecho de palomo como alfombrilla, aunque meta aranceles a los productos españoles y cambie los valores humanistas europeos por valores de mercado americano. Patriotismo de abrir puertas y dar bisagrazos al que manda, patriotismo de taxista, no de diplomático.













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