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Los actores secundarios y el refuerzo del sanchismo

Desde Maquiavelo, lo que le ha pasado al bueno de Luis Tudanca no tiene el menor misterio. La regla número uno del poder es mantenerse en él, y desde esta premisa hay que entender el cese -o renuncia obligada- del secretario general del PSOE de Castilla y León.

Y es un claro gesto de debilidad y miedo de Pedro Sánchez. ¿Cuál es su problema? Pues que en el PSOE -no digamos ya en España-, su política de peajes con independentistas es tolerable desde el punto de vista del PSC o el socialismo vasco, valenciano, gallego o o el balear, que no tienen otra que pactar con nacionalistas para conseguir cuotas de poder. Pero no en Andalucía, Aragón, Castilla o las autonomías del 143. Allí, barones como Lambán o Garcia-Page, ya se han erigido abiertamente en sector crítico y ni pisan por los congresos nacionales, sabedores de que si no se desmarcan de Sánchez su electorado se lo hace pagar.

Es un problema para Sánchez, que sabe que vienen mal dadas y que al menor tropiezo tendrá que batallar por seguir en el machito. ¿Qué hago? Pues, nada, fácil, me cargo a todos los barones que no sean del núcleo duro y pongo dobermans a patrullar las provinciales. De esta manera el que quiera repetir en el Senado o el Congreso o contar con el visto bueno de Ferraz para las autonómicas ya sabe lo que tiene que hacer. Vasallaje sin fisuras.

Ahora bien. ¿Es Luis Tudanca un socialista poco de fiar para Sánchez? Pues más bien no, como tampoco lo eran Lobato, en Madrid, o Espadas, en Andalucía, ambos criando malvas en el cementerio político. Ocurre que eran líderes blandengues, de los que no aseguran ese vasallaje sin fisuras que necesita Sánchez. En diez años, pasan cosas, y son inevitables los marrones, pero Tudanca los ha resuelto -cuando los ha resuelto, pocas veces, la verdad- de aquella manera, sin segar cabezas, con miedo a la sangre.  Poca firmeza. En prevención, por tanto, de que en Castilla y León -como en Andalucía y Madrid- le surja otro Lambán u otro Carcía-Page, patada y, asegurada como supongo se le ha asegurado el modus vivendi, a hacer de corista.

El revolcón de Tudanca es, por tanto, un ataque preventivo para evitar que un hipotético “anti-sanchismo”, criado en las ubres del antinacionalismo, cobre fuerza en la región. Y el hombre se la veía venir, como lo prueba el fallido intento de octubre de adelantarse al congreso nacional y conseguir una renovación exprés, intentona que Ferraz frustró por la cara, como reconocen muchos socialistas, pasándose por el arco de triunfo los estatutos socialistas. Señal de que la mar de fondo es gorda, mucho el miedo, grande la debilidad…

Y lo demás, excusas de mal pagador. ¿Saldrá un proyecto ganador con el nuevo socialismo castellano y leonés? Apuesten a que no. De hecho, en la región, Tudanca -que imagino que hace una década llegó al poder del mismo modo en que lo ha perdido- ha ganado votos en la mayoría de comicios respecto a sus predecesores. Es cierto que ha perdido poder, como el socialismo en general, pero sus resultados electorales son comparables a los del propio Sánchez  (incluso ha conseguido en varias ocasiones ser la lista más votada en la región).

No. Nada de renovación o nada de reforzar exteriormente el partido. Se trata de reforzar el sanchismo. Y punto. Y esa es, cuando menos la idea, una ejecutiva de bomberos más atentos a apagar cualquier conato de rebelión crítica contra el amado líder que a ganar elecciones.  Y esa es la triste realidad del socialismo aquí. Por eso son actores secundarios.

 


Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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