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Arte a 18 euros el kilo

Personalmente no me gusta la estatua escultura  en cuestión. Me parece un mamotreto sin excesivo sentido. Llenar por llenar, como los pisapapeles que pintaba Vázquez en Anacleto para decorar sin mayor esfuerzo un supuesto despacho de jefe yeyé.

Tampoco entiendo de escultura, por ejemplo, me parecía bastante más sugestiva la del “Guardián” del 2015 ( a la derecha). También hierro colado a lo grande, aunque supongo que más cara. Los (pocos) entendidos hablan de volúmenes, de diferentes perspectivas, de sensaciones telúricas, grandiosidad…  Pero claro, nunca más cierto que una imagen vale más que mil palabras.

Explicó Clara Luquero que la escultura era formidable, que con ocasión de su ubicación en la plaza Oriental, con motivo del Hay Festival, había recibido muchos comentarios alabándola. Claro que, según para qué, muchos en terminología alcaldesa pueden ser dos, pongamos tres. Imaginó —la alcaldesa— la visión-fuerza presidiendo la entrada en la ciudad. Embelesada. En fin, han pasado ya algunos días desde que publicamos la noticia y la verdad que la estatua sigue concitando comentarios, los más adversos. Que sí qué birría, que si la ha hecho Plácido. Qué si bonita manera de tirar el dinero. Típico. Como no menos típico el comentario del moderno que tilda de paletos y retardados apenas entendidos en cerdos a los segovianos disconformes.

El arte contemporáneo es lo que tiene. Si se pone a la venta un Esteban Vicente por 100.000€, pongo por caso, no faltará quien diga que eso lo hace su nieto más bobo con el photoshop “y con más colorines”…  Antaño, un burgués encargaba a Vermeer un cuadro molón con el que decorar el salón, invertir un dinerillo en algo intemporal,  y recrearse la vista. Recibía al cabo de unos meses “Joven con perla”. Todos contentos. Hoy, el arte es otra cosa. Un cuadro vale tanto como su impacto histórico-mediático. Pongamos Esteban Vicente. Su juegos de degradado y luz inauguran un nuevo lenguaje visual en el contexto del expresionismo abstracto. La capacidad de “goce estético” que depare el cuadro dependerá de las vivencias acumuladas por el deleitador tanto como del dictamen de los brookers del sector.

O lo que es igual. El valor de lo contemporáneo es indis0ciable del relato. Del “he pagado una pasta porque tiene influencia histórica, proque me gusta, porque mi asesor dice que me lo puedo vender por un 5% más sin problemas”. Por supuesto, el vulgo, con nuestras serigrafías de Dalí, Miró y Van Cogh entremezclados con las fotos de la comunión y un poster de Ferrari del Ikea, estamos a otra cosa. Somos Trumps en mil euristas, ansiosos de forrar con cortinas doradas y jarrones de los chinos nuestras moradas midle-class. Horteras, somos horteras…

Quiere decirse que en lo tocante a esculturas de acero si bueno o malo lo dictaminan una serie de connaisseurs, quedando al vulgo al margen. Y que lo nuestro es pagar. 18.800 pavos en concreto. Y hasta aquí.

Hay quien comenta que es una sinvergonzonería, con la de cosas que hay para arreglar, con la que cae… ¿cómo nos gastamos tres millones de los de antes en una chatarrada?

Voy a tratar de explicarlo. En primer lugar, 18.800€ es un precio barato para lo que son estas cosas. Sí, barato. Y les recuerdo los 160.000€ que le ha costado a La Granja una —a mi juicio- bastante mejorable— estatua ecuestre de Carlos III. O los más de 100.000 que según dice algún avispado comentarista (no he conseguido corroborarlo) costó el homenaje a la Trashumancia (popularmente Zapatones, en la rotonda Baterías). Y es que las estatuas no son baratas. Al trabajo “intelectual” del diseño hay que añadir los moldeados, la fundición… Unos 92.000 confiesa que tuvo que adelantar el autor de la polémica escultura de La Granja, que por cierto, se instalará un día de estos en la fachada Norte de la Fábrica de Cristales.

Montaje fotográfico con la escultura en su ubicación prevista.

O sea, que lo de poner estatuas sale caro. Frente a eso, la “vanguardia” posibilita esculturas Low Cost en acero naval (no hay que modelar, no se puede, lo más cortar y pegar), a 18 euretes el kilo, vistosas, gordotas y que en el precio incluyen declaración jurada de varios expertos de que no solo no es lo que parece, sino que la cosa en cuestión en una virguería inmarcesible.

Justo lo que necesitaba Luquero para darle un toque de distinción (en el sentido de distinto, por ejemplo, a una carretera) a la “urbanización” de Avenida Constitución, que por lo demás, ha quedado como estaba pero sin adoquines (o por mejor decir, con los adoquines por debajo). A lo que añado algún tipo de compensación a las galerías de “arte urbano” que acuden al Hay Festival año tras año por la cara, con la vaga promesa de “algún día” vender una pieza al consistorio. Que de eso va la copla, me huelo.

Visto así. Arte de urgencia. Del mal el menos. O por mejor decir, podría ser peor. Bajar de 18.000 para una cosa de seis metros con pretensiones artísticas está difícil. Naturalmente, arrancando un bolardo de 5 metros cúbicos de una cantera, trabajarlo en plan Obelix (sin aspavientos, cuatro leñazos para que quede curioso) puede salir más barato, no lo juraría, pero intuyo que sí. Rozando el cutrerío, podemos comprar en Amazon un Totem indio de atrezzo por unos cientos y coronarlo con la cabeza de nuestro icono municipal, el cochinillo. O hacer lo que se hace en los municipios pobres. Mendigar unas cubas de Dyc en plan Palazuelos y de paso homenajeamos a Nicomedes, al emprendedor, a la visión y blablablá….O su traslación capitalina. Se puede gorronear algún cañonazo del 200 a la Academia de Artillería, que tampoco va a salir gratis. Habrá que ponerle una peana, darle anticorrosivo… Pero vamos, 18.000 de sobras para varias rotondas.

Conste que a mí lo de los cañones me hace tilín, me gusta. De hecho, una vez me pidieron la opinión para decorar Segovia, creo que era una “tormenta de seseras” de esas del plan estratégico. Propuse un parque urbano de artillería, en lugar de tener los piñazos ahí escondidos en La Base, exponerlos en algún jardín, en plan museo de Artillería con su plaquita en plan “piñonero de la Guerra de Marruecos con pepinazos del 180”. Nada, me miraron de lo más raro… “Estas cosas tan, tan, —la señorita que llevaba el cotarro se tiró un rato buscando la palabra— tan militares… no casan con el patrimonio”, me dijo, para cariñosamente añadir:  “Pero siga intentándolo, amigo Besa, se ve que tiene usted inquietudes”.

No me han vuelto a invitar a nada.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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2 Comments

  1. Pues nada, anora a comprar la especie de levitador, puede ser un buen homenaje a los gobernantes actuales, muy de estar por las nubes… en todos los sentidos 😉

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  2. Por lo menos tiene pretensiones artísticas, a juicio de muchos. El “Zapatones” no tiene ninguna, a juicio de todos y costo muchísimo mas

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