Tres americanos y un canadiense componen la tripulación del módulo Orión, que en el marco de la misión Artemis II, supone retomar la presencia del hombre en la luna después de que en 1972 los humanos pisaran el satélite por última vez. En 2028 Artemis 4 prevé volver a mandar astronautas a la luna para sentar los cimientos de una base lunar permanente en el polo sur. En ese punto del satélite es donde más agua se concentra (polvo de hielo entremezclado con el regolito lunar, a razón de un botellín de agua por cada metro cúbico), hay luz solar permanente, y las condiciones son las mejores para una base relativamente autosuficiente y estable.
Artemis es la respuesta de la NASA y la AEE a los planes de China y Rusia de abrir una base conjunta en la década de los años 30. Estamos, pues, en una carrera en toda la regla, al estilo de las que impulsó el programa Apolo como réplica a los éxitos de los cosmonautas soviéticos.
Como entonces, el interés final mezcla objetivos políticos, científicos y geoestratégicos. Los políticos son de orden publicitario y para el consumo interno de las opiniones públicas de los países en liza, especialmente China. En ambos casos, la finalidad tecnológica última es tener en la luna un puerto que permita abastecer una colonia marciana y rentabilizar hipotéticos recursos mineros del propio Marte o del cinturón de asteroides que lo circunda. El objetivo final es la conquista de Marte, un planeta del que se cree que podría albergar un asentamiento humano de cierto calado y, hasta cierto punto, rentable económicamente hablando. Tal vez un planeta B en el que mantener un rescoldo de humanidad si las cosas se ponen feas de verdad por aquí abajo.
Utopía o ciencia ficción, lo cierto es que mandar cohetes con exploradores siempre será mejor que con explosivos. El mundo debería ir por esa senda estelar. Tira de la tecnología, aumenta nuestros conocimientos y hermana a los países. O debería.
Viajar a la luna también es una aventura literaria desde los tiempos de Luciano de Samosata, genial escritor griego oriundo de Siria, cuyo bajel es impulsado a la luna por una tromba de agua. Allí contacta con los selenitas, que no tienen ano, se casan hombres con hombres y alumbran hijos, y guerrean entre ellos. “Historia verdadera” pasa por ser la primera obra de fantasía. También a los reinos de Artemisa viajaron con la fantasía y entre otros, el barón Munchausesn, Hans Pfall de Poe, y Barbicane, Ardan y el capitán Nichol, de Verne, si bien a estos tres últimos un pequeño error de cálculo les privó del honor de pisar la blanca superficie.
Más modernamente destacaría la trilogía de Ian McDonald, que nos pinta un satélite donde un puñado de corporaciones familiares juega a muerte por el control de los recursos. Totalmente aconsejable Artemisa, de Andy Weir, autor hoy de moda por la impresionante adaptación que justamente se estrena estos día de su novela Haly Marie. Más. La lista de novelas lunares de los últimos 20 años estaría hueca sin Luna Roja, de Kim Stanley Robinson. O Siete Evas, de Neal Stephenson, uno de mis autores favoritos. Hacia las Estrellas, de Mary Robinette es una ucronía en la que un grupo de mujeres protagoniza la conquista de la luna y luego la de Marte. En la línea de la serie Para toda la Humanidad, gran serie que acaba de estrenar su quinta temporada y que me parece de lo mejor que he visto en televisión. Son novelas (y series) que tocan la epopeya lunar con un notable precisión técnica. Historia pura y dura de la exploración espacial es Adiós a la Tierra, un documentadísimo y riguroso ensayo de Robert Zimmermann. La Biblia.
Como ven, suelo tragarme toda novela mínimamente enfocada en la luna. Y eso que en 1969, cuando mi padre, excitado por el gran hito, me sacó de la cama a los 3 años para asistir al gran momento de la humanidad, viví una profunda decepción. Es mi primer recuerdo en esta vida, al menos el primero que puedo datar en una fecha concreta. Recuerdo formas negras y blancas entre grandes dosis de estática gris, mis padres entusiasmados y una pantalla en la que no pasaba nada de nada. Una caja posada en un nevero. Cualquier dibujo animado le daba cien vueltas a aquello. De pronto, una mancha blanca que baja por unas escaleras de piscina. Un salto ridículo, puff, y un enorme estallido de júbilo.
Necesitamos volver a la luna. Romper esta racha de guerras entre faraones enloquecidos. Mirar a las estrellas porque lo que de tierra para abajo no pinta bien. Buen viaje para Artemis, y que sea el primero de muchos más.












3 abril, 2026
Señor Besa, a lo mejor habría que ir cambiando el banner visual de cabecera de esta sección. En él aparecen personas que ya no tienen labor pública. Queda antiguo.