La reiterada negativa de los distintos grupos políticos del Ayuntamiento de Segovia a aprobar los presupuestos municipales no es un hecho aislado ni coyuntural. Es, más bien, la expresión de una cultura política que se ha ido asentando en el ámbito local y que encuentra paralelismos preocupantes en otras escalas institucionales, y está en el origen del inicio de la desconfianza de los ciudadanos hacia la democracia. El Ayuntamiento de Segovia como institución que gestiona “lo común” de los segovianos ha fracasado al no ser capaz de aprobar los presupuestos.
Conviene recordar algo esencial: el presupuesto municipal no es un mero documento contable. Es el instrumento central de la acción de gobierno en el que se plasma la visión que se tiene de la ciudad. Es, en términos prácticos, el corazón de la gestión pública local. A través de él se ordenan los recursos, se priorizan las actuaciones y se concretan los compromisos con los ciudadanos. Sin presupuestos hay actuaciones, pero falta visión a medio y largo plazo. A diferencia de otras administraciones con mayor capacidad normativa y competencial, el margen de actuación de un ayuntamiento como el de Segovia es más limitado y, precisamente por ello, el presupuesto adquiere una relevancia aún mayor: personal, servicios, mantenimiento, inversiones. Poco margen para grandes gestos y mucho para la gestión eficaz del día a día.
Por eso, hurtar a los segovianos de su debate y bloquear su aprobación no puede convertirse en una decisión rutinaria ni en una herramienta de desgaste político. Requiere una reflexión profunda, una justificación sólida y, sobre todo, una alternativa creíble. Sin embargo, lo que con frecuencia se observa es lo contrario: discursos huecos, argumentos inconsistentes y, en no pocos casos, la ausencia total de propuestas presupuestarias alternativas que permitan visualizar otro modelo de ciudad. Resulta difícil sostener el veto a unas cuentas públicas cuando no se es capaz de articular otras.
El principal perjudicado de esta dinámica no es el equipo de gobierno, sino la ciudadanía. La prórroga presupuestaria prolonga la inercia, limita la capacidad de actuación, introduce incertidumbre y erosiona la confianza en las instituciones, lo mismo que las modificaciones presupuestarias en el devenir del día a día para aprobar nuevos créditos o inversiones, ante la falta de horizonte y quiebra de la gestión integral. Se instala, así, una sensación de desgobierno que, con el tiempo, deriva en desapego y desafección política. Y todo ello en la institución más cercana al ciudadano, la que debería ser el primer espacio de entendimiento.
Facilitar la gobernabilidad no es una concesión, es un deber cívico. Los ciudadanos no depositan su voto para asistir a un permanente juego de bloqueo entre representantes, ni para que prevalezcan conflictos personales o estrategias de partido. Lo hacen esperando acuerdos, responsabilidad y sentido institucional. Esperan, en definitiva, que quienes han sido elegidos sepan entenderse en lo esencial.
Ahora bien, sería simplista atribuir toda la responsabilidad a la oposición. La capacidad de negociación del equipo de gobierno, y en particular de su liderazgo, es un factor determinante. La política municipal exige diálogo, flexibilidad y habilidad para tejer consensos. Pero también es cierto que, en determinadas ocasiones, la negativa a acordar no responde a diferencias insalvables de modelo, sino a una estrategia deliberada de desgaste político, orientada a debilitar al gobierno de turno de cara a futuros procesos electorales.
En este contexto, adquiere especial relevancia el papel de quienes ocupan posiciones decisivas en escenarios de mayorías ajustadas. En no pocas ocasiones, la posibilidad de desbloquear la situación depende de voluntades individuales o de grupos con capacidad de inclinar la balanza. Sin embargo, esas decisiones pueden verse condicionadas por factores que trascienden el ámbito estrictamente municipal: relaciones políticas en otras instituciones, vínculos con determinados sectores de interés o incluso dinámicas personales que poco tienen que ver con la gestión de la ciudad.
Este tipo de condicionantes —legítimos en el plano político— deben, no obstante, ser ponderados a la luz del interés general. Cuando las decisiones municipales se subordinan a equilibrios externos, a estrategias orgánicas o a conflictos ajenos a la gestión pública, el riesgo es evidente: la política local deja de responder a las necesidades de la ciudad para convertirse en un escenario de proyección de disputas que no le son propias.
No es un fenómeno nuevo, pero sí preocupante. En ocasiones, el rechazo a los presupuestos responde también a la defensa de intereses sectoriales o a dinámicas de “fuego amigo” dentro del propio espacio político. Esta lógica fragmentaria, que antepone la posición táctica al objetivo común, termina debilitando el sistema institucional y alimentando la percepción de que la política responde más a intereses particulares que al bien colectivo.
A ello se suma otro elemento de fondo: la progresiva profesionalización de la política local de la ciudad de Segovia. Quienes en otro tiempo participaban en la vida municipal desde una lógica de servicio, con un fuerte componente vocacional, observan hoy con perplejidad cómo, en ocasiones, la dedicación retribuida no se traduce en una mayor responsabilidad institucional, sino en dinámicas de bloqueo y confrontación permanente. La política no puede convertirse en un fin en sí mismo; debe ser, siempre, un instrumento al servicio de la comunidad.
La ausencia de presupuestos en instituciones como el Ayuntamiento de Segovia —pero también en otros niveles de la administración— constituye una anomalía que debería corregirse con urgencia. No hacerlo implica asumir como normal una situación que deteriora la calidad democrática y debilita la eficacia de lo público.
Cuando el diálogo se agota y los equilibrios resultan imposibles, el ordenamiento ofrece mecanismos —como la cuestión de confianza— que permiten trasladar la responsabilidad a cada actor político ante la ciudadanía. Pero más allá de los instrumentos formales, lo que está en juego es algo más profundo: la credibilidad de la política y la confianza de los ciudadanos en sus representantes.
Segovia no necesita más tácticas ni más bloqueos. Necesita gobierno. Y gobernar, en democracia, significa también acordar. A Europa la hizo grande la Ilustración y uno de sus valores es el protagonismo de la razón. La razón es el camino para el diálogo, el debate, el acuerdo y la cooperación, y también del disenso. Este es el camino que dejó trazado el recientemente fallecido filósofo alemán Habermas. No lo despreciemos.











4 abril, 2026
Nada que no sepamos, señor Gordo. Ahora se lo casca a la del PSOE si le habla todavía y a su amiga Noemí to pa mi si le habla todavía.
4 abril, 2026
El PP no gobierna para los segovianos.
El Psoe, IU, Vox y Cs no hacen oposición al PP sino a los segovianos.
4 abril, 2026
…como mucho, el PP, asfalta para los segovianos y congestiona la ciudad para ciertos intereses económicos de algunos (de los unos o los otros, como quiera), “niconunosniconotros” 😉
4 abril, 2026
Lo mismo cabría afirmar respecto al Gobierno Central, tres años sin presupuesto. Una puñeteras vergüenza.
4 abril, 2026
Creo que la mayoría de los segovianos firmaríamos su artículo.
Por encima de intereses, afanes de protagonismo; ya sean de partido o individuales,y de insidias, la política debería ser una vocación de servicio y compromiso con los electores, no una patente de corso para dirimir rencillas o jugar al “tirasoga”.
Debiera prevalecer el interés de Segovia y los segovianos, que no entendemos esa imposibilidad de ponerse de acuerdo para algo tan importante como es gastar los fondos que TODOS aportamos en aquello que haga una ciudad mejor. Tan sencillo como eso.
Busquen la formula para ello señores, que estamos perdiendo tiempo, dinero y la paciencia.
4 abril, 2026
Escrito por la IA, sin duda alguna. Genérico a tope + meter la palabra Segovia unas cuantas veces, y listo.
5 abril, 2026
No ha dejado bicho viviente Sr. Gordo a pesar de que alguno requiera traducción para interpretar el segovianismo. Pone el fracaso de este Ayto en el pedestal y les pide en su último párrafo que se entiendan con la razón. Más allá del contexto, les dice a todos que carecen de proyecto y se centra como mayor responsable en el grupo mayoritario. Nos recuerda que los grupos de izquierda se dedican al bla, bla, bla, y a los selfies, y la bisagra, Cs y su único líder, está más pendiente de los lobbys que representa y la defensa del fuego amigo de la Diputación en el Ayuntamiento y de recordar que no vale la negociación del día a día. Además les da una salida, la moción de confianza que han pedido todos los grupos. Muy elaborado y con algo que debieran aprender muchos de nuestros políticos: se puede decir sin ofender, ni nombrar. Hay que saber leer e interpretar el mensaje antes de valorarlos.
4 abril, 2026
Al Sr Gordo parece que le ha entrado la sensatez cuando no cobra ya de las arcas públicas. Podría haber tenido el mismo sentido del deber cuando era el representante del PSOE en Segovia y haber actuado y puesto en práctica lo que ahora dice que tienen que hacer los demás. Y ahora quiere dar lecciones a los demás. Igual está haciendo méritos para entrar en el PP. Bienvenido a la moderación aunque un poco tarde, no le parece
4 abril, 2026
Escribe por escribir, sin más. Se nota que no conoce usted a Juan Luis. La sensatez y la educación han sido siempre dos de sus señas de identidad. Lo demostró como subdelegado del Gobierno y como parlamentario siempre trabajando como el que más y proponiendo ideas. Como secretario gral del PSOE siempre respetó a sus adversarios, y a lo más qué llegó fue a defenderse cuando le atacaban, eso sí con las mismas convicciones que tuvo y sigue teniendo.
4 abril, 2026
Sería cuestión de meter en una habitación cerrada al alcalde prepotente, a Clara selfies, a Noemí no sin mis sesenta mil euros y no sacarles de allí, ni darles de comer hasta que se pongan de acuerdo en lo importante: Segovia. Con Vox no se puede hablar con ellos nada, es un partido antidemocrático. Y que mientras el señor Murray-Mazo cansino les “anime” con sus chorradas y ocurrencias. Llegaban a acuerdos en un par de horas por salir de allí.
5 abril, 2026
“No podemos defraudar a los ciudadanos “ dice Feijóo a Abascal. ¿Cuál es la respuesta del líder de Vox? Aquí en Segovia sí sabemos que Vox está dispuesto a defraudar a los segovianos, anunciando que no votarán a favor de los presupuestos. No quieren que mejoren las expectativas de progreso efectivo de una sociedad trabajadora y solidaria. No quieren ser comparsa del PP. No. Prefieren ser comparsa de la izquierda y ultraizquierda.
5 abril, 2026
Un artículo interesante que se podría generalizar a otras muchas administraciones públicas. Este estado de polarización impide un encuentro razonable y un diálogo reposado. Esto es decepcionante para los ciudadanos y crea las condiciones para perder el interés por la cosa pública. Queda la esperanza de que vuelva la cordura y responsabilidad de los políticos elegidos y por elegir
7 abril, 2026
Así es Juan Luis, muy bien explicado. La desafección es total entre la política y el servicio a la ciudadanía. Una pena que esto se repita tantas y tantas veces. Políticas de partido, nunca de interés general.