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Qué necesita Cataluña para ser un Estado independiente

Suponga el lector que es un indepe furibundo. Como Jordi Sánchez o Jordi Cuixart, tanto le da si España es una nueva Dinamarca o un dictadura bananera, lo que usted quiere es independizarse. Le importa tres pepinos que se marchen del país 900 empresas. Usted quiere un Estado para usted y los suyos al precio que sea, a poder ser sin sangre, eso sí… ¿Cómo hacerlo?

Para anticiparse en esta partida de ajedrez hay que conocer al rival, saber cómo piensa, entenderle. Y es por eso que pienso que fuera de Cataluña el tema se percibe de manera fragmentaria. En realidad, las condiciones de posibilidad de un Estado son dos: fuerza coercitiva y reconocimiento internacional. Un Estado, al final, se reduce a eso: un organismo al que la comunidad internacional reconoce como único poder legítimo para reprimir a sus ciudadanos. Reprimir entiéndase en sentido amplio: para recaudar impuestos, para aplicar la ley, para disolver una mani a tortas llegado el caso…

Vale, es usted Junqueras y no tiene reconocimiento internacional ninguno. Su poder coercitivo no existe. Controla políticamente a la policía autonómica, tiene un aparato administrativo amplio pero el dinero de las nóminas a final de mes viene de Madrid. No recauda impuestos ni tampoco controla jueces (por cierto, las dos únicas competencias no traspasadas). ¿Cómo lo hacemos?

No tienes poder coercitivo, entonces lo primero es que tampoco lo tenga el oponente. Para eso está la Assamblea Nacional de Catalunya, una entidad surgida hace siete años y que hoy es capaz de movilizar a varios centenares de miles de pacíficos ciudadanos (no pistoleros ni ultras del fútbol, tipos normales de clase media, como usted o como yo). Siguiendo las teorías del jiu-jiutsi político (no es coña) del filósofo setentero Gene Sharp, lo que toca es buscar la desobediencia masiva. Diseñar pautas de boicot, interponer masas frente a la acción policial, caceroladas, manifestaciónes absolutamente no-violentas, huelgas… Está todo inventado.

La verdad es que el jiu-jitsu político es muy efectivo en una primera fase. Pero al final el que tiene la pasta manda. No se derriba un Estado solo con cacerolas.

¿Entonces qué? Entonces desestabilizar. Quizá una enorme turba acampada ante el Palau de Sant Jaume custodiando a un atrincherado Puigdemont puede funcionar una semana o dos, pero al final… Es igual. Lo que interesa es tensionar emocionalmente la calle, desestabilizar políticamente un país, de donde lo que inicialmente es un problema regional termine siendo un dilema continental. Cuanto peor mejor (a poder ser sin sangre, a poder ser…)

En un entorno como la UE, donde la fuerza coercitiva emanada de la soberanía está compartida con una comisión de gobiernos, esa es la vía. Desestabilizar España hasta tal punto que, primero, las opiniones públicas (incluida la española) presionen a sus respectivos gobiernos hacia una vía de entendimiento pactado. Y bastaría que un puñado de Estados, tal que Holanda,  Bélgica o las repúblicas bálticas, empezaran a desmarcarse del “todos con Mariano” para hacernos daño de verdad. Segundo, desestabilizar España hasta tal punto que se ponga en peligro el pago de la deuda, o el PIB caiga, o la crisis regional devenga un factor importante más en una crisis monetaria (añadida) que tira hacia arriba de las primas de riesgo de Francia, de Portugal, de Italia…

Así pues hay que conseguir fotos de polis aporreando ancianitas, hay que tener supuestos mártires en la cárcel, mantenerse en primera plana al precio que sea… Convertir cada día que pasa en un agravio.  Cosas que el PP hace inmejorablemente.

Eso es lo que haría usted si fuera un independentista contumaz. Ahora bien… ¿Lo son Junqueras y Puigdemont hasta el punto de perder ojo y medio con tal que el enemigo pierda uno? Sinceramente no lo sé. Del primero pienso que, acaso, tenga bien presente el consejo que le dio el líder del independentismo escocés, Alex Salmond: que no tuviera prisa, que buscara la tesitura interna favorable para conseguir un referéndum de autodeterminación (frente a un gobierno, por ejemplo, que deba apoyarse en las minorías nacionalista, como tantas veces ha sido el caso en el pasado). De Puigdemont tengo claro que si bien él personalmente tal vez tenga alguna predisposición al martirio, su partido no. Su partido, sus militantes, lo que quieren es una pasarela tranquila que les permita pasar del barco que se hunde, Convergéncia, al que emerge, ERC. Y a seguir chupando del bote.

Pero si Puigdemont y Junqueras tal vez no, los Jordis sí. El jefe del Omnium y el de la ANC. Estos sí tienen prisa por pasar a la historia. Y son ellos, y no Junqueras ni Puigdemont, los que tienen la llave de la movilización popular. Por así decir, la Generalitat es rehén ahora de centenares de miles de activistas movilizados a los que no se puede defraudar ni desactivar así como así. Es importante tenerlo en cuenta ahora que vamos a empezar a jugar al 155: con la ley controlas el BOE, no las calles.

 

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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3 Comments

  1. En lo del ojo de
    Junqueras estuviste fino

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  2. …no controlas las calles, ni la coleta del amigo Pablo, que tal anda, la ¡madre me parío! ya voy acercándome al cuello por echar una ‘p…’ pepeleta en una ‘p..’ urna. De esta me bajo, del mundo, se entiende [los buses de Segovia ni los miro, voy caminando ;)]

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  3. Les propongo un entretenimiento muy curios y útil en estos trances en los que nos encontramos.
    Investiguen un poco Vds(en google sin ir mas lejos) a este personaje ORIOL SOLER I CASTANYS, veran como empiezan a explicarse muchas cosas y desde cuando tienen trazada la hoja de ruta estos vividores,trepas e iluminados, modeladores de la historia según su criterio y viviendo fuera de la realidad

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