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Impuestos, viviendo en el purgatorio fiscal

MossakfonsecaYa estamos a vueltas con el pago de la renta. Les tenía preparada la típica jeremiada de autónomo a modo de berrinche terapéutico pero se la voy a ahorrar. Vayamos a cosas importantes.

Los impuestos sirven a los fines de sufragar los servicios públicos y mantener a nuestras dignas autoridades en unos encomiables niveles de confort. Hasta ahí doloroso pero poco objetable.  En tercer lugar, y tan importante como lo primero, a la redistribución de la riqueza.

Y aquí esta el mal. Por más que la presión fiscal sube y sube, lo cierto es que la igualdad entre ricos y pobres se aleja y se aleja. El sistema fiscal no solo no está atajando la desigualdad sino que la incentiva. Igual, exactamente igual que en la Castilla del siglo XVII. Dicho de otro modo, el actual sistema fiscal hace más ricos a los ricos y empobrece a los ya pobres.

Les imagino al cabo del caso #panamapapers, cientos, acaso miles, de corporaciones y ricachones operando con empresas de papel en paraísos fiscales para eludir o defraudar o blanquear (que son tres cosas bien diferentes) impuestos. Les imagino berreando de indignación. Tú venga a pagar y el otro pijo y rebonito de rositas… Pues bien, la mala noticia es que eso no es nada comparado con la realidad. Los papeles de Panamá son la norma, no la excepción.

La realidad es que la totalidad de los grandes grupos empresariales del mundo mundial (y cuando digo la totalidad me quedo corto) opera en dinámicas de elusión fiscal. Y atención, las más de las veces de manera impólutamente legal. Más digo, puestos en su piel, usted y yo haríamos exactamente igual pues de otro modo la competencia nos sacaría del mercado.

Es así que como súbdito irlandés la gigantesca Google tributa al 12% y la insignificante -pero españolísima- acueducto2 al 26%. Movistar sustenta su negocio internacional en una serie de holdings holandeses. La República Independiente de Ikea tributa sus centros fuera de Suecia en el Principado de Luxemburgo, al igual que Pay Pal, que maneja mi dinero a un 1% de tributaión en sociedades. El Banco de Santander, a lo que se ve, ayudó a montar 119 empresas en los despachos de Mossack-Fonseca. No conozco empresa gorda que en sus flujos transnacionales no utilice mecanismos (por lo menos) legales de elusión fiscal.

La consecuencia es que ingentes cantidades del gran capital están fuera del circuito fiscal nacional. La consecuencia es que, a la hora de pagar, las empresas gordas se ven mimadas por el sistema y las pequeñas castigadas. Se entra entonces en el bucle perverso del dumping fiscal. Los impuestos como factor de redistribución se convierten en vector de acumulación. Los servicios públicos, dimensionados a la riqueza de un país, entran en déficit crónico. El sistema se  va al garete.

¡Hay que perseguir el fraude fiscal! Chillan desde las izquierdas a modo de solución. Pues claro que hay que perseguir el fraude fiscal, pedazo de idiotas, pero no está ahí el problema.  El problema es que ni Google, ni Pay Pal, ni Visa, ni ninguna de estas defrauda. Eluden pagar con la ley en la mano  amparadas en las divergencias fiscales entre países y en la inmediatez de los flujos monetarios digitales.

En el siglo XVII los nobles, es decir los más ricos, no pagaban impuestos. No es que defraudaran, es que por todos los fueros, prebendas, mamamandurrias, votos y juros venían exentos de pagar. De esta manera, los impuestos sangraban básicamente a los pobres, penalizaban la actividad económica y devenían mecanismos de explotación de la clase trabajadora.

¿Cómo arreglarlo? Pues no lo sé. ¿Con políticas nacionales? No me hagan reír. Obama anuncia que se desincentivará a las empresas (nacionales o no) no radicadas fiscalmente en los USA. Aquí deberíamos hacer igual, pero ya saben cómo va esto. Inglaterra protege sus intereses, Polonia los suyos, que difieren radicalmente de los luxemburgueses y a su vez de los italianos, nada que ver con los alemanes y bien distintos a los holandeses. Supongo que, si los USA se ponen serios, por osmosis la UE terminará haciendo algo. Es un suponer. Pues no faltan poderosos intereses que apuntan contra el Estado del Bienestar. Privatizar las jubilaciones, la sanidad y la educación es a fin de cuentas el negocio de los negocios (para algunos, claro, para la gran mayoría es una vuelta a las chabolas y a la revolución industrial).

Esta es la realidad. Sin universalidad no hay redistribución. Se podrá matizar si tal estado de cosas destruye total o parcialmente la redistribución de riqueza inherente a los impuestos. Los técnicos nos dirán si el enfermo aguanta o morirá en la próxima sangría. Pero está claro que Google, Ikea, Santander, Amazon, los fondos de inversión catarís y de la city londinense eligen “proveedor fiscal a la medida” en tanto usted y yo no podemos negociar ni el color del formulario, y es así como su dinero habita en el limbo fiscal y el nuestro en el purgatorio del programa Padre. Y es así como los impuestos devienen una herramienta más de empobrecimiento del pobre y de enriquecimiento del rico. Esta es la aterradora verdad.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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1 Comment

  1. Efectivamente, no le sobra a usted ni una coma.

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