Castilla y León lidera el declive demográfico autonómico español. Son 23.000 habitantes menos en un año. La explicación hay que buscarla en el hecho de ser una comunidad agraria (y de un agro de baja intensidad) y poco industrializada. Pensar que la industrialización es reversible, que se pueden generar industrias, me hace gracia. No, no se puede. La tendencia mundial es al cierre de plantas, a la concentración robotizada, y además, en una pauta de consumo a la baja en los mercados más pudientes.
La otra opción es intensificar el sector agrario. Pero ese desideratum es difícil de cumplir si vamos aumentando la fiscalidad, el ambientalismo y la burocracia de nuestros agricultores al tiempo que abrimos fronteras para la entrada de productos sin esa presión ni fiscal ni ambiental ni burocrática.
Hoy toca hablar de Fuentepelayo. La plataforma No Más Mierda anuncia que vuelve a expandirse el hedor, que se han verificado vertidos incontrolados. A partir de aquí me toca ser especialmente cuidadoso. Pienso que la plataforma hace lo correcto. Mi pregunta es ¿piensa lo mismo la gente de Fuentepelayo?
Y es que me llama la atención el resultado electoral en la localidad. Si hay algún municipio donde IU se haya batido el cobre (y además por una causa que lo merecía, repito por enésima vez) ese es Fuentepelayo. Reconocía Sarrión en una visita reciente que su trabajo en Fuentepelayo, determinante a la hora de cerrar cautelarmente la planta, ha sido de largo el que le ha dado más proyección mediática.
Resultado. Cabía pensar que el trabajo de Sarrión y de la plataforma, dirigida por gente de IU y afín, superaría en junio el 17,7% de votos (103) que en diciembre obtuvieron por separado IU (42 votos) y Podemos (61). Pues no. En junio, concurriendo juntos, sacan un 15,5% (85 votos). Prácticamente lo mismo ocurre en Zarzuela del Pinar, Aguilafuente y Navalmanzano, que siguiendo el mismo patrón penalizan al proyecto IU-Podemos.
No hay buena acción sin castigo. Electoralmente, el trabajo de IU en el peliagudo asunto de la planta ha tenido rentabilidad cero (los votantes no se han comportado de modo diferente ahí que en otros lados). En cambio, el PP, que a lo más mandó al Basilio, al Antonio y al José Luis a pasear discretamente por ahí el día de la mani, gana votos.
Ya me estoy viendo algunos comentarios, si el carácter castellano, que si este pueblo ingrato. Pero yo odio los estereotipos del 98. La gente de Fuentepelayo, será castellana de pura cepa, pero tan lista -por lo menos- como los de Manhatan. Así que para mí eso son Bobadas. Algo más tiene que haber. ¿Qué?
La primera premisa es que las polémicas conservacionistas no son electoralmente productivas en el medio rural, o en según qué medio rural. Está claro que en toda la comarca de Aguilafuente la fijación de puestos de trabajo depende del porcino y, en menor medida, el bosque y el cereal. Antes de ponernos a berrear que la gente de allí son un hatajo de guarros, adictos al pan para hoy y hambre para mañana, pensemos. Consideremos que las crecientes exigencias medioambientales, muy caras de afrontar, no van precisamente acompañadas de unas políticas que incentiven el consumo, amplíen mercado o jueguen a favor del productor. Al contrario. Se les impone una política (de bien común, eso no lo dudo) que va en contra del sector y se deja la producción en manos del libre mercado internacional, lo cual tampoco va a favor.
Toda la burocracia aplicada la producción cárnica va orientada a sacar tajada fiscal y a concentrar el beneficio en grandes grupos tipo Vall Companys o Guissona (por cierto, grupos catalanes, que luego se quejan de que todo lo que les llega de Castilla son agravios, pues no, también les llega dinerín, y no poco). No hay quid pro quo, sino complicaciones crecientes, y además, sin alternativas.
Y no lo hay desde hace décadas. Como en El Disputado voto del Sr. Cayo, los políticos de ciudad desembarcan en el pueblo y venden unas recetas que serán muy útiles en términos de mercado electoral global, pero que pasan de largo de las necesidades locales. Y ojo, necesidades reales muy variables e incluso antagónicas. En Fuentepelayo el problema es el purín, pero en El Carracillo es el agua, y en Fuentidueña qué pasa con la trucha arco-irís que ha dejado sin afluencia al coto y las casas rurales han perdido un X% (es un ejemplo).
Con los años, los partidos con aparato -PSOE y, sobre todo, PP- sí han urdido una mínima red que permite elevar a la esfera ejecutiva esos diminutos intereses sectoriales locales (diminutos en relación a los grandes temas que controlan la agenda). De ahí que su voto es bastante estable. Han penetrado en el territorio, y lo han hecho porque tienen poder. Ciertamente, también se le puede llamar a eso “control clientelar”.
La lección para los partidos emergentes es que en esas 20 provincias donde bailan escaños y son marcadamente rurales hay que ir con tiempo y al menudeo basado en un conocimiento íntimo de cada pueblo. Afrontar las muy complejas y enrevesadas problemáticas locales y buscar su articulación en una acción política, -atención- plausible. Segundo: desmarcarse de los discursos macro, del tipo, voy a acabar con la desigualdad, así en general. Aquí pesan más cuestiones cómo qué pasará con el coto sin truchas, como para que venga el listo de ciudad diciendo que arreglará el mundo ¡Arregla lo de las truchas, a ver si eres capaz!
El día de la mani estaba yo en Fuentepelayo. La marcha se inició a la salida de misa. La mayoría -señoras mayores- ni se acercó a donde los concentrados. ¿Están en contra? Pensé. Me puse a preguntar. Me dijeron que no, que estaban muy contentas con el cierre de la planta. Y está muy bien el cierre de la planta, pero, por variar, ¿podrían abrir algo alguna vez?










Últimos comentarios