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Gigantes de Brieva y enanos mentales

aerogeneradorVaya por delante que no lo tengo nada claro. Un aerogenerador de 180 metros tiene una visibilidad parecida a la de la antena de la Atalaya, es decir, se ve a 30, 4o kilómetros. Un impacto paisajístico de 10 sobre 10. Pero, cuidado, “solo paisajístico”.

La verdad es que sin conocimientos de ingeniería o del sector cuesta enfrentarse a este asunto. Pero no tener ni repajolera idea no ha sido óbice (nunca lo es) para que el pleno de la Diputación de Segovia rechazara la propuesta de creación de un parque eólico en Brieva bajo el argumento de que los 185 metros de envergadura de cada una de las tres torres previstas supone un impacto que contamina el paisaje, considerado, a lo que parece, el principal activo económico de la provincia de Segovia. El paisaje.

No es este el sitio para defender la energía eólica, considerada la última esperanza de la humanidad en el combate contra la emisión de CO2, al menos hasta que la ciencia atine con fuentes energéticas mejores.  Pero sí para explicar cuatro conceptos básicos.

España es hoy un paradigma en cuanto a implantación de la energía eólica. Un 20% (sí un un magnífico y sorprendente 20% frente al 2% del resto del mundo) de la producción eléctrica viene de ahí. Hay días ventosos que nuestros parques eólicos cubren al 100% las necesidades del país. La implantación de este prodigio empezó a mediados de los 90. En aquel entonces, un parque eólico se basaba en modelos como el Enercon E40. De entre 40 y 60 metros de altura de la torre y 40 metros de diámetro, esto es, una envergadura de hasta 80 metros. Cada torre produce 500KW, más o menos lo suficiente para abastecer 400 hogares.

Pero hay un precio. Producen ruido, precisan estaciones transformadoras y torres de alta tensión, y sobre todo, suponen un peaje sobre el medio natural. Es un peaje en forma de caminos, cableado subterráneo, actividad humana (y aprovecho para decir que no, no matan pajaritos, o al menos, si los matan, es en la misma correlación que cualquier torre en medio del campo). No es precisamente inocuo, pero sin serlo, es mil veces menos lesivo que cualquier otra forma de producción energética conocida en fase de implementación para el mercado masivo.

Clicar para ampliar. Red de caminos de servidumbre de un parque eólico.

Clicar para ampliar. Red de caminos de servidumbre de un parque eólico.

Desde los años 90 los aerogeneradores han crecido hacia arriba. Más altura, más potencia. Se reduce el impacto sobre el medio;  al batir más superficie optimizan la producción eléctrica; se benefician las magnitudes de escala en la infraestructura, y paisajísticamente igual, pues algunos pensamos que es mejor un parque de tres torres que un parque de 33 torres o su equivalente en instalaciones solares, cientos de miles de metros cuadrados, o un pantano, o cualquier otra cosa que se les ocurra. Hoy el estándar son torres de 60-80 metros. Y el mañana mismo son los gigantes de Brieva, el E112 de 125 metros y envergadura de 180. Cada uno de ellos produce el equivalente de entre 10 y 12 de los viejos E40.

Ciertamente hay alternativas, como la microproducción, con aerogeneradores sin palas, con menos ruido, y para abastecer un par de casas. Algunos soñadores, entre los que me incluyo, fantasean con un futuro en que en cada rotonda haya uno y en cada techo ventiladores pequeñitos y tejas de células solares. El impacto paisajístico será grande igualmente, pero minimizado. Sin embargo, esta utopía es eso, utopía. Faltan muchas décadas para llegar a eso. Que se llegará, o se llega o revienta el mundo. No hay más.

De momento, los gigantes de Brieva son, pues, un futuro para territorios avispados que quieran rentabilizar su paisaje. Precisan instaladores, operarios de mantenimiento, mecánicos, y al acercar las estaciones transformadoras potencian la implantación de actividades basadas en el consumo eléctrico. Un activo económico bastante más brillante que vender botellines a los madrileños mientras estos se relajan contemplando un paisaje virginal, sin gente, sin trazas humanas, sin otra cosa que una Antártida de pinares moteada por pastizales abandonados.

Pero bueno, la Diputación ya ha dicho que nanay. Segovia es así, la campeona mundial en la pérdida de oportunidades. No pasa nada. Ya vendrá un nuevo pelotazo para reabrir las ecológicas canteras de arena para la porcelana del retrete. O pondremos granjas de cerdos que no quieren en otras provincias. O seguiremos vendiendo botellines. Mientras en el resto del mundo colocan E112 hasta en las playas (de hecho, especialmente en las playas).

Pesticida-Gligosato1(p)Esto es así. Es un dilema a resolver, conciliar economía y paisaje. Lo que es simplemente entre patético y ridículo es otro acuerdo, esta vez del pleno del Ayuntamiento de Segovia, prohibiendo el glifosato. Los concejales que votaron tal boutade probablemente fuera en el pleno la primera vez que oyeron mencionar el nombre y la tercera que lo hacen de sulfatos. Sí, compuestos químicos que usamos para ajardinar, producir alimentos y evitar la proliferación de plagas.

Bien, evidentemente no hay herbicida que consumido en vasos de cubata no genere molestias importantes, aunque tengo para mí que quien tal haga ya venía tarado de antes, probablemente de serie. Pero para mejor ilustrar a nuestros concejales, les recuerdo que precisamente el glifosato es un herbicida de uso común, sustituto de atrazinas, DDTs y otros por, precisamente, su baja toxicidad. Su principal ventaja es la rápida disipación, de hecho, el que más rápidamente se biodegrada, por lo cual es perfectamente compatible con todo tipo de animales, concejales incluidos.

Nota. Como ni Monsanto ni Enercon me pagan un duro, les dejo un enlace a Xataka, web de la más alta reputación informativa. También un enlace a la situación del glifosato y la Comisión Europea de esdiario y Guardian. Allá se las tengan. Yo solo recomiendo leer un poco antes de levantar la pata. Y esto va dedicado al paciente lector Juan, que lleva enfrascado en educada controversia por el tema de Brieva desde el 25 de abril. ¡No estás solo Juan! …. Si acaso, estamos…

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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