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Noos, la problemática distancia entre legal y justo

Como a todos, me hubiera parecido de justicia poética verla ingresar en el trullo, así en chándal y con sus papás saliendo del Rolls Royce para aguantarle la bolsa de las bragas, fundidos en emotivo abrazo llamado a abrir los informativos del mundo.

Por otro yo sí creo que la justicia española funciona mejor de lo que el hipercrítico español de a pie está dispuesto a reconocer. Y ojo, que funcione mejor no quiere decir que los buenos vayan al cielo y los malos al infierno.  Como insisten en destacar los jueces que se enfrentan a estos casos mediáticos, una cosa es el malestar social y otra la impartición de justicia, que debe ajustarse a unos tipos legales. Hay una enorme distancia entre justicia y legalidad. Y no está tan mal que así sea. Y como jurisprudencia voy a citar a Lennon, “si crees en la justicia, no pierdas el tiempo en los tribunales” y a Montaigne: “cuánto mejor si la justicia tratara de hacer lo que pudiera y no lo que debiera”.

Reconozco, desde luego, que ver al ministerio fiscal y a Hacienda -tan chulines ellos cuando cae en sus garras  un pobre  desgraciado-  en plan lameculos de la defensa no es un espectáculo edificante. Como tampoco lo es que la acusación particular ejerza de extorsionadora del acusado. Pero sí lo es ver a un juez instructor que ha podido y querido llevar hasta el final sus investigaciones, poniéndose el mundo por montera. Con decenas de miles, por no decir cientos de miles de presupuesto. Sí lo es ver a una jueza actuando con independencia.

Que finalmente al Urdangarin solo le han podido probar que trincó medio kilo, cuando todos estamos convencidos de que fueron varios millones y que por allí andarán. Cierto. Que la condena de seis años, habida cuenta que el medio kilo lo ha devuelto, probablemente termine siendo de uno o dos años (y eso por cosa de la alarma social que causaría meterle directamente en el tercer grado pasados unos meses, como no es nada infrecuente en casos parecidos), pues eso… Y ya veremos.

Respecto a la infanta, se la condena por partícipe del lucro, y al entender de amigos jueces y del mundillo, es lo que toca. Meterle más hubiera sido por compensación social. Que quizá no hubiera sido legal pero sí justo, habida cuenta que no todos somos iguales, habida cuenta que la señora infanta llevó, lleva y llevará una vida de lujo, de olimpiada por aquí y estación invernal suiza por allá, todo por ser hija de quién es y con cargo al erario público, las más de las veces.

Esta es la cosa. Los españoles tendemos a ser indulgentes con el pobre desgraciado que se arruina la vida por falta de oportunidades (aunque el muy chorizo entre y salga de comisaria con una impunidad que lacera). En cambio, cuando el caco es un privilegiado nos gustaría triplicarle la pena. Se lo merece el muy cabrón. Y es verdad. Pero esa es la ley gitana, no el sistema normativo que reprime conductas tipificadas como delitos y que, el juez Montaigne otra vez,  dice “llamado sin razón alguna justicia”. No hay tal. Creánme, ni aquí ni en el Japón. Pura superación de conflictos en aras del mantenimiento del orden establecido (dicho también orden público). Una cosa es la legalidad; otra, la justicia.

Insisto, no hay que pedir peras al olmo. Ya sé que parece un punto de vista rancio y extremadamente conservador, pero solo lo parece. Antiguamente, un organismo dispensador de “justicia” que funcionaba cual reloj era la Santa Inquisición. Aquello sí tiraba bien, ya lo creo. Se empuraba a este y aquél por disentir del orden moral establecido y para gran alegría del populacho se le sometía al escarnio público y, además, se le dejaba en la miseria, caso que el pobre desgraciado no ardiera cual pelele para éxtasis popular. Pero un orden jurídico funcional no sirve a las veces  -ni debe- de espita de salida del malestar social. Piensen lo que quieran, pero es preferible la legalidad que la justicia.

Para ajusticiar a la gente ya tenemos intenet, para poblarlo de memes graciosos y que se ensañan viralmente con el caído en desgracia. Eso mola.  Pero de ahí a rasgarse las vestiduras, oh qué país el nuestro, oh fíjate, a un robagallinas le caen dos años y al duque este solo seis… Esta inquisicón de baratillo… Este nihilismo de instituto…

Llámenme cínico: el mundo no es justo; la igualdad no es tal. Nunca lo ha sido, y lo que es peor, nunca lo será. Quizá todavía no se han dado cuenta pero no es lo mismo ser pobre que ser rico. No es lo mismo ser el hijo del rey que el hijo de una puta. Aquí y en la China comunista. Cambia mucho, ya lo creo… Es desde esta  perspectiva que conviene ver el caso Noos y apreciar lo aquí acontecido en su justo valor. A pesar de todo, ha dimitido un rey, su yerno pisará la cárcel, un presidente en el talego, y otra red de chorizos desarticulada. No pasa muchas veces, no pasa en todos sitios… No creo que sea un fracaso, ni mucho menos.

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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1 Comment

  1. Ya que es Vd, amigo de muchas citas , cite a Rajoy el año pasado: “A la infanta le irá Bien”

    Como dijo otro todos somos iguales, pero al parece algunos son más iguales que otros, y si te camuflas de florero o de tonta , lo bordas. Me pregunto que es eso del “Estado del Derecho” para algunos, y que burdas artimañas, “no se, lo desconozco, no entiendo, son cosas de mi marido” Nos retrotraemos a épocas oscuras cuando la mujer, eraconsiderada como un ser inferior, y eso no

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