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El último que apague la luz

El domingo en Acueducto2 publicamos los datos oficiales del censo de la provincia de Segovia. Malas noticias, De un año para otro la población cae cosa de un 2%, y son ya varios años consecutivos (desde 2008).

Conste que la caída demográfica es general en España y crónica en el interior penínsular, Galicia y cornisa cantábrica. Tendemos a vivir donde hay más oportunidades de trabajo, no habiendo tales jóvenes y parados se ven obligados a buscarse las castañas.

¿Por qué Castilla sufre especialmente la caída demográfica? ¿Qué se puede hacer? ¿Por qué fracasan sistemáticamente todas las políticas de incentivo a la natalidad?

graficodemografiaSEgovia2016El porqué es bastante más complejo de lo que parece. He tenido el privilegio de entrevistar a muchos octogenarios de nuestros pueblos; su quinta protagonizó en los años 50 la primera gran evasión del campo de secano a la ciudad. Lo primero que sorprende es que aquellos jóvenes, hoy bisabuelos, se fueron por un cóctel de causas. Los modos vitales de la gran ciudad, casas con comodidades, cines, bailes, más libertad, tecnología, les atraían como un imán. Y también el trabajo; en la mayoría de los pueblos sobrevivir acarreaba un duro esfuerzo. En general, las tierras eran de los padres y el hijo quedaba como jornalero del padre al fallecimiento del cual heredaba. No siendo muchas obradas, eso obligaba a desempeñarse en mil oficios. Gradualmente, la entrada de la sociedad de consumo forzó que “vivir”, con luz, con agua, con cuatro caprichos y dos duros para los fines de semana, costara más. Se envidiaban los coches, los tractores, las buenas calderas, los viajes, los lujos que, como sueños, proyectaban las películas de la época. Los jóvenes empezaron a largarse a las ciudades y se entró en un círculo vicioso. En España, carente de zonas industriales (más allá de Barcelona y Euskadi), el principal empleador han sido los servicios. Y los servicios obedecen a una ciega dinámica acumulativa:  a más gente, más servicios. Conste que lo terciario es la actividad con menos valor añadido, pero la coincidencia en el tiempo y el espacio de tantos jóvenes fue configurando las grandes áreas urbanas. En cambio, en el pueblo, por cada vecino que marchaba se destruían dos puestos de trabajo. La maquinización del agro, la apertura de fronteras con el abaratamiento del sector primario, las magnitudes de escala que invalidan la pequeña producción, la sobreoferta… Todo confabuló para el drenaje humano de nuestro pueblos.

¿Se puede revertir la situación? Es ya un tópico apelar a la industrialización. ¡Hay que industrializar!. Es un engaño; las fábricas ya no generan tanto empleo directo, y además, el sector productivo está absolutamente copado y tendiendo a la robotización y a la concentración. Sobran industrias en el planeta. Tampoco es viable pensar en los servicios; como se ha dicho antes, los servicios dependen de una masa crítica de consumidores, si la población va a la baja, los servicios más. Los visionarios hablan de una serie de fortalezas.

Por ejemplo, los servicios públicos y las comunicaciones hacen que, hoy por hoy y al contrario de lo que ocurría en los 50, exista (en muchos aspectos al menos) más calidad de vida en un pueblo perdido de la mano de Dios que un barrio perifério en la periferia de la gran ciudad. A la vez, el coste del espacio es mucho menor. Conclusión, se piensa que la configuración “no presencial” de un número creciente de oficios puede contribuir a un repoblamiento de lo rural. Por otro, la producción de alimentos de calidad, donde prima más lo tecnológico que la mera mano de obra, puede convertirse a unos cuantos años vista en otro factor atractor, al tiempo que el encarecimiento de la energía da una nueva dimensión económica al espacio, al autoabastecimiento y al reciclaje. Por último, el paro crónico. Caminamos hacia sociedades muy alejadas del pleno empleo, y lo que significa, clases pasivas más cuantiosas. Muchos jubilados, parados crónicos, que puestos a vivir del Estado, obtendrán más renta por su precaria pensión en un sitio barato que en uno caro, al tiempo que pueden encontrar un pequeño complemento salarial en actividades puntuales.

Sin embargo, estas tendencias me siguen pareciendo entelequias, muy sensatas en el orden teórico pero alejadas de la realidad del aquí y del ahora.

Prádena.

Prádena.

En Escandinavia y Centro Europa, en los ochenta se apostó por políticas -muy caras- de fomento de la natalidad. La idea es dar un buen fajo de dinero a las madres con dos o tres hijos (no más, porque entonces tener hijos se convierte en un modus vivendi corruptor del sistema). Hasta cierto punto se pueden condicionar dichas ayudas a la residencia en zona rurales demográficamente deprimidas. Pero eso, viable en economías industrializadas y con mucho valor añadido productivo, puede ser insostenible en una economía española muy terciarizada donde el valor añadido más habitual es el esfuerzo que pone un camarero en servirte unas raciones. Si subes los impuestos, mermas la competitividad de ese servicio, y estoy entre los que piensan que amplios sectores de actividad terciaria (comercio, hostelería) están ya al límite del umbral de rentabilidad en España. Añadan a ello que por razones varias, la cultura occidental es cada vez más single y menos dada al natalicio.

La industria no es una salida (ya no) y el incremento fiscal para pagar políticas pro-natalidad, interesante aunque poco viable. Facilitar un “retorno al pueblo” de jubilados y mayores se antoja complicado, no tanto el recuperar segundas residencias de “hijos de”, el fenómeno de los pueblos vacacionales, desiertos en invierno, atestados en julio y agosto.

Tranquilos. No es la primera vez que pasa algo así. En el siglo I AC, en Roma, la concentración urbana llegó a tal punto  que cayó en desuso la producción agraria. Para darle glamour al campo, se dice que César Augusto puso de moda las elegías camperas, algunos sostienen que las Bucólicas de Virgilio, la exaltación de lo rural frente a la vida canallesca de la urbe, viene a ser un folleto publicitario de la época (con clase, mucha clase). Sobra decir que Virgilio siempre fue urbanita. No, nunca hay soluciones mágicas a los problemas reales. Sin embargo, la historia también nos dice que lo que ayer fueron debilidades terminan siendo fortalezas. Vuelvo a Roma, tres siglos después de Virgilio , la ciudad, con sus clases clientelares insostenibles economicamente, azotada por desigualdades, pestes y violencia interna y extena,  dejó de ser un lugar civilizado. El imperio se ruralizó y realmente perduró y continuó en las campiñas.  ¡Arriba los corazones!

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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2 Comments

  1. No es por nada pero “Euzkadi” no existe. Es una palabra inventada.

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  2. Como cuando algunos, muy progres, utilizan ‘Catalunya’, en español, para decir Cataluña. Ya te digo.

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