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Cuando fuimos olímpicos: Palazuelos vibra con su campeón

No fue la bajada que esperábamos. Lo que no quitaba para que, cada vez que pasaba por una puerta, el personal, un centenar de vecinos congregado en el salón de actos de Palazuelos, coreara con “oles” y aplausos entusiastas. En primera fila, la abuela, la hermana, Ana, su madre, Eva, José, el padre, y su hermano y compañero galeote Sergio, que esboza una mueca en la novena puerta. Algo raro ha pasado. Lo que iba como un cohete, se tuerce.

“A partir de ahí le he visto nervioso, no encontraba el ritmo”, explicaba luego Sergio Llorente. El padre vuelve una y otra vez a la palabra “agridulce“. Dulce ha sido la clasificatoria de la madrugada, catapultando la moral del pueblo que ya veía a David con el oro al cuello. Y eso a pesar de que, como dice José Llorente, ha sido un año de pena para el piragüista. Por si fuera poco el covid, los entrenamientos desbaratados y vueltos a montar a toda prisa, en primavera, en plena preparatoria, cayó una meningitis y once días en el hospital. De esa cualquier otro se contentaba con pasarse el verano en el chiringuito y reponiéndose. No David, que con todo volvió a la élite internacional en tiempo récord. Increíble. ¿Alguien duda de que, de aquí a tres años, en París, volveremos a verle en el canal?

Tampoco en Tokio parece que haya encontrado David esa plenitud máxima, ese 200% necesario para imponerse a los mejores del mundo (del mundo). Los compañeros del club de piragüismo de Palazuelos, veinte mocetones hoy enfundados con la camiseta del club, explican que el de Kasai es un canal de circuito cerrado, de agua clorada. No se renueva el agua, ayer a 32 grados de temperatura, lo que se dice un caldo. No hay piscina en Palazuelos que haya llegado a tanto. “Con un agua tan caliente no refrigeras, y la humedad, y el calor…Yo no lo he visto bien desde el primer día, la verdad, le faltaba algo”, comenta el padre.

En esas condiciones tal vez lo mejor hubiera sido asegurar diploma, atento a penalizaciones y entrar entre los ocho primeros. Pero entiendo al chaval, ya que estás… ¡a por todas! Bien hecho.  Es emocionante ver a un joven que has visto crecer por las calles del pueblo competir por  lo más alto ante todo el mundo. En Palazuelos no nos hemos visto en otra. ¿Cuántos pueblines de 5.000 almas pueden decir que han visto a un vecino en una final olímpica? ¿Y el subidón que supone? De repente al centenar largo que hemos madrugado nos parecía estar a pie del canal (y otros miles de segovianos y españoles habrán sentido lo mismo viéndolo desde sus casas). Llorente nos ha hecho vivir las olimpiadas de verdad… Tiene 5.000 chatos pagados en el pueblo (y sin racanear en el pincho, que hay que ponerse fuerte para dentro de tres años).

Además, a todos nos caen bien los hermanos Llorente. Cuando en tiempos del instituto,  los hijos informaban que había juerga en el María Moliner de las de volver tarde,  uno levantaba instintivamente la ceja del mosqueo, hala, ya estamos… Pero luego venía el matiz tranquilizador… “Vamos con los Llorente”.  Bajada de ceja. Ir con los Llorente es sinónimo de andar con tipos sanos y, sobre todo, con cabeza.

La familia Llorente, abuela, padre, madre, hermana y hermano.

Y no vean cómo lucen lo de Segovianos y de Palazuelos (para satisfacción de las autoridades)…  En general, y aunque de todo hay, en el deporte de élite predominan jóvenes de buen carácter, sabedores de la importancia de las relaciones públicas, y cuando menos, dotados de una enorme disciplina, cabeza bien amueblada y fuerza de voluntad. Es el caso de David Llorente. Ya de niño daba muestras de humilde, listo y trabajador, con cabeza, y agradecido, y bien consciente del lujo que es en esta vida hacer aquello que más te gusta hacer.  Y los sudores que cuesta, y no solo a él.

De casta le viene al galgo. En concreto de familia trabajadora y deportiva, que ha dado buenos atletas, de estas contra las que no hay nada que hacer si deciden improvisar un partidillo. Curiosamente, el único segoviano, hasta ayer, que sabe lo que es quedar el 10 del mundo en unas olimpiadas, Antonio Prieto, es pariente político de los Llorente. Avisados quedan…

A mi David me ha hecho vibrar hoy, y les aseguro que eso es cosa difícil. Me he sentido vivo y lleno de adrenalina y como bajando por un tubo de agua a presión montado en un chasis de PVC. Me he sentido el mejor del mundo. Si eso es agridulce… pues ni tan mal…

Y sí, es verdad, te quedas con ganas de más. Con el deseo extraño de que tres años pasen volando y podamos verlo en un canal de París. Pero eso va a ser, otra vez, extremadamente difícil, duro, probablemente ingrato. Así es la alta competición, una lesión, un mal momento (que se lo digan al otro olímpico, Javier Guerra), y años de esfuerzo que se van como por un sumidero… Mucha suerte David, y ante todo, que seas tan feliz como lo somos tus vecinos por considerarte algo nuestro. ¡Nos alegras la vida chaval! Nos das fuerza.

Finalizada la bajada, en la pantalla  han puesto un montaje de fotos del campeón, de cuando empezaba a chapotear hasta su ascenso al Olimpo. Cinco minutos de cerrado aplauso.


 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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