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Cómo arreglar lo de Cataluña a la de “ya”

Diada201511StSoy de los que piensan que el problema de Cataluña es fácil de solventar. Muchos filósofos piensan que, en realidad, las naciones, los pueblos (toda esta metafísica romántica) son en realidad, un desenfoque del problema. Un pueblo no sé qué es. Un Estado sí. Un Estado es un corpus jurídico-administrativo reconocido como tal por otros Estados. Nada más. Ni una cultura, ni una identidad, ni un relato histórico, ni una voluntad de ser, ni un destino común en lo universal ni zarandajas. Un Estado es un desarrollo administrativo reconocido como tal por otros Estados.  Así de sencillo.

De modo que el problema de Cataluña no se solventa en Cataluña, ni menos en Madrid. Se solventa desde el ámbito superior, Europa. Y es Europa la que debe decidir si le interesa o no le interesa incrementar el número de Estados en Europa. Si no le interesa, y pienso que no le debería interesar, todo se reduce a habilitar mecanismos disuasorios para admitir el reconocimiento de Estados surgidos de secesiones. Un protocolo, ni siquiera una normativa. Algo que incida en las verdaderas condiciones de posibilidad de un Estado. Pactos. Niveles de deuda, pasivo bancario, transferencias… Y ya está. A tomar por culo señor Mas.

Soy internacionalista. Mi máxima ilusión es devenir ciudadano portugués. Me encanta Portugal, y sobre todo el fado y el bacalao, de donde de jubilado me gustaría ir a vivir por ahí. Pienso que en la península ibérica no debería haber fronteras, que gradualmente los corpus jurídicos deberían unificarse, así como los sistemas fiscales y laborales. Lo mismo debería pasar gradualmente con Francia, con Italia y con el ancho mundo. Eso no significa para nada renunciar a coronas, repúblicas, selecciones de fútbol, banderas o sentimientos. Eso supone darle al ciudadano la capacidad de elegir la que más rabia le dé. Eso supone generar supraestructuras y el desplazamiento de buena parte de la soberanía del nivel local al internacional. Es una utopía y un ensueño. Pero desde luego, prefiero ese ensueño a la subnormalidad profunda de todo nacionalismo. Nunca se ha sabido que una guerra empiece por el internacionalismo; por el nacionalismo, todas.

Hungría, Chequia, Polonia y Eslovaquia ya han dicho que nones a la propuesta de la UE de acoger refugiados. Ya sé que las cosas no son simples, pero da cierta rabia que sean precisamente algunos de los países sobre los que más solidaridad hemos volcado los menos solidarios ahora. Nacionalismo es en el fondo eso: marketing emocional de masas y dolor de cabeza.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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