web analytics

Banderas de nuestros muertos

Nunca tuve una gran relación con mi abuelo Francisco “Sisco” Recasens. Curiosamente y sin embargo, de él guardo algunos de los recuerdos más vivos que conservo. Cómo olvidar por ejemplo el día que, medio en coña, y camino a Segovia para casarme, le pedí un consejo. ¿Cómo un consejo?, me preguntó, él, un maestro de oficio, payés por convicción y buscachollos por devoción, el hombre más pragmático del mundo. Aclaré que algo así como una sugerencia que él hubiera aprendido a lo largo del tiempo y me fuera a venir bien en mi nueva etapa segoviana. Me dijo (apunten) que no habiendo guerra no me preocupara de nada, y que si hay guerra me hiciera amigo de las carniceras.

Ni sigue siempre tus sueños, ni sé un hombre digno, ni haz lo que debas, ni no le temas a la muerte ni chorradas. Me quedé conmocionado. Pues claro, pensé. Esto va de sobrevivir, así de simple. En circunstancias normales no hay mayor problema, si la cosa se tuerce, garantízate lo básico, el alimento. Y para ello nada mejor que tener amigas carniceras, que te adopten como a un hijo, como a un amante, como lo que sea, pero que no falten las proteínas. De cajón.

Visto el éxito, en los siguientes días estuve especialmente atento a los viejos de la familia y a todos pedí consejo. Curiosamente, las mujeres coincidieron en que tratara bien a mi mujer, que la hiciera caso y no la dejara sola. Un tío recordó un viejo consejo de la bisabuela: “apaga la luz, la luz es la ladrona de las casas”. Mi tía madrina me recomendó que fuera a misa y alguien que dejara de fumar. Son muy buenos consejos, ciertamente, pero no tan espectaculares como los del Sisco. Mi tío abuelo Ramon, hermano del anterior, era también maestro, pero hombre más intelectual. Nos legó un memorial por él escrito sobre las andanzas familiares durante la guerra que deja en noveluchas cutres todo lo que pueda leerse al respecto, y donde por cierto, queda constancia de que entre batalla y batalla mi abuelo se pasó efectivamente la guerra cortejando carniceras. Ramon también había dejado Cataluña por matrimonio para instalarse en Zaragoza, donde prosperó y le fue bien. Simpatizaba conmigo, me comprendía bien. En lugar de un consejo me propuso una adivinanza relativa a algo que tienes siempre y por lo que te reconocerán allá donde vayas. Nada, ni flores. Tras alguno minutos, no sin cierta decepción ante la falta de agudeza del sobrino, dijo: “El acento, hombre, el acento”.

La verdad que no tengo un acento demasiado marcado pero el significado profundo del consejo va por otro lado. Ramon me vino a decir que ya que me iba a una comunidad que no era originalmente la mía, lo tuviera presente porque los demás también lo iban a tener, y aquí lo dejo, porque la cosa tiene enjundia.

Estos días me he acordado mucho del Sisco. Hace 40 años, un sábado, él estaba por casa. Mis padres y él pegados a la tele. Bueno, me voy, dije, he quedado con el Josep (el vecino de enfrente) a jugar un rato. Mi abuelo reaccionó extrañamente: “no, quédate, esto es histórico, lo tienes que ver”. Mosqueante. Mi abuelo -el hombre más pragmático del mundo- nunca hablaba así. Con displicencia de niñato me quedé a ver como un aciano salía al balcón de un edificio rodeado por una multitud y gritaba con voz sorprendentemente vigorosa: “Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí“. Torcí el morro. ¿Es eso la historia? ¿Un viejo diciendo obviedades? Consumada mi cita con “la historia”, salí a jugar.

40 años después soy yo el que les dice a mis hijos: “quedaos un momento, esto es histórico”. Y un sucesor del anciano asomado al balcón habla ahora de la República Catalana en las escaleras de un bonito palacio neoclásico. Mis hijos fingen escuchar atentamente y luego se van. Lo cierto es que este “baño de historia” no ha cambiado nada sus vidas. Podría afectar, cierto, podría terminar en una situación en la que (Dios no lo quiera) el consejo número 1 cobrase una dimensión nueva. Pero el hecho es que ser testimonio de “algo histórico” no te cambia. Tal vez te depare desasosiego, alegría, tristeza… Pero rara vez la historia altera los compromisos inmediatos.

Como que tengo que dar clases en veinte minutos. Así que, de muy mal humor por la que se está liando, me planto en la facultad. Faltan algunos minutos para empezar la clase. Dos alumnas (muy jóvenes, toda la vida por delante) siguen ávidamente una retransmisión por el móvil. Hipnotizadas, sin pestañear. Doy por sentado que siguen en directo el desarrollo de la declaración. “Que mal rollo, ¿eh?”, digo, con la idea de extraerles alguna opinión al respecto. “La verdad que sí, estamos muy enganchadas a Operación Triunfo 24 horas“, me dicen. De todas las cosas acojonantes del mundo, la mejor es la abrumadora cantidad de puntos de vista.

Va a ser día de Difuntos. Por si nunca os lo dije en vida: Gracias Ramon, gracias tíos y tías, gracias abuelo.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

Share This Post On

13 Comments

  1. Menos mal que en la carnicería nos tienen cierta estima, hasta nos traen el pedido a casa. Esta en la otra punta de Segovia, a la que vivimos. Gracias por contarnos el consejo. Mi familia también andaba a buenas con los panaderos, en su día (de estraperlo, claro) 😉

    Post a Reply
  2. ¡Cómo me encanta leerte, Luis!

    Post a Reply
  3. Sr. Besa, me temo que a muchos catalanes coetáneos nuestros, les han faltado, o no han tenido la suerte de tener esos abuelos o tio-abuelo como los que Vd. tiene o tuvo, como se notaba que si tenían “seny”,
    Un codial saludo

    Post a Reply
  4. Me he emocionado leyendo este artículo. Soy hija de tu tío Ramón y últimamente también me acuerdo mucho de ellos. Felicidades y gracias por compartir tu punto de vista, es también el mío. Un abrazo.

    Post a Reply
    • Muchísimas gracias, Rosa. Y muchos recuerdos a todos.

      Post a Reply
  5. Me ha gustado mucho Luis. ¡Menuda generación de abuelos hemos tenido!. Con lo que pasaron y jamás nos transmitieron rencor alguno sino todo lo contrario. Nos acordamos mucho de ellos estos días. Un beso a todos.

    Post a Reply
    • Gracias prima. A ver si nos vemos MAS

      Post a Reply
  6. Mucha pero que mucha “enjundia”…. Esa adivinanza me ronda todavía en la memoria. Me ha encantado. Un abrazo

    Post a Reply
    • Gracias, grande el tío el Ramón, a mi me dejo ojiplático. Qué sabio.

      Post a Reply
  7. Hola Luis:

    Soy Jaime, nieto del abuelo Ramón. Me conocerás por ser “los de Lugo”. Muy bonita y entrañable la historia, me ha parecido preciosa. ¡Qué buenos recuerdos me ha traído!

    Me ha encantado leerla y como la has hilado con lo que estamos viviendo.

    Un abrazo fuerte.

    Jaime.

    Post a Reply
    • Gracias Jaime. Y ¡Venidme a ver! que no estoy tan lejos!!!!

      Post a Reply
  8. Gracias, Luis, por el texto tan bien escrito y por las entrañables anécdotas. Has conseguido que muchos volvamos a los años que compartimos con esos magníficos abuelos de los que hablas. Yo soy profe de Lengua castellana y literatura gracias en parte al ejemplo de mi abuelo Ramón y de mi abuela Andresa. Ellos me enseñaron que se puede amar a la vez a Rosalía de Castro, a Antonio Machado y a Salvador Espriu. Y que es un placer, además, leer a cada uno en su lengua original. Esto transmito a mis alumnos de Madrid cada año y me gustaría transmitir a mis nietos algún día. Cojamos el testigo de estos abuelos sabios y mantengamos vivo su recuerdo. Y, por supuesto, ¡intentemos un encuentro en Segovia! Un abrazo grande

    Post a Reply
    • Igualmente Marta. A ver si puede ser.

      Post a Reply

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *