No, si abrazar acueductos está muy bien. Darle arrumacos, besos con lengua, sin lengua, darle los buenos días, las buenas noches… Muy bien. Todos queremos al Acueducto, claro. De hecho, le queremos tanto que una jornada de adoración pública del Acueducto, estampar mil camisetas para que otros tantos manifiesten público amor al monumento, quizá no sea lo más operativo según está la cosa. Digo yo que si tu mujer enferma, no vas al florista a comprarle flores, vas al médico.
Lo que me recuerda que llevamos varias décadas pendientes de un plan director para la conservación del Acueducto. De hecho, apostaría a que es el único monumento español (se entiende de los gordos) sin una política periódica de conservación. A pesar de los pesares.
Y a veces hay que decir lo obvio. Sí, besar acueductos mola. Pero mola más conservarlos.
No tengo a Clara Luquero por ninguna zascandil. Cuando hace algo lo hace por algo. Especialmente cuando se homenajea (merecidamente, por cierto) por todo lo alto al último alcalde del partido de la oposición. Me huele que lo que está recordando Luquero, en el fondo, es que hasta el PP tomó medidas drásticas pero necesarias por el bien de la ciudad. En otras palabras, está dorando píldoras.
Porque lo que el Acueducto requiere -todos lo sabemos- es otra cosa.
Poca gente lo recuerda pero el sustento del patrimonio histórico-artístico es una competencia autonómica, no municipal, de donde el mantenimiento del acueducto corresponde a Valladolid, no a Segovia. No obstante, en la práctica, y especialmente en Castilla y León, donde radica el 50% del BIC de uno de los tres países con más patrimonio histórico del mundo mundial, se da por supuesta la participación municipal en la materia. No hay cama para tanta gente.
La cuestión es que, hasta donde sé, el plan director de conservación del Acueducto de Segovia se dio por redactado en 2015. Pendiente de presentación. Tras varias décadas yendo y viniendo, nos dijeron algo de un Trajano 1, Trajano 2 y Trajano 3. Pero no veo yo que se aplique. Se han hecho jornadas, rutas, excursiones… Pero todo sigue igual.
Y así… ¿cuánto? ¿Diez, 20 años más?
Los responsables del asunto, de una y otra parte, harían bien aceptando lo que se pueda que ya iremos viendo lo que se deba. Soy un profano en la materia pero el sentido común dicta que hay cosas que no pueden esperar por siempre. Es preciso concertar una cuadrilla de operarios que, a diario, realicen el mantenimiento del acueducto. Limpien malezas, expurguen nidos de especies no acueductofílicas (según parece) y revisen el estado de los sillares. Eso al menos, en tanto la cachaza de nuestros políticos nos mantiene instalados en este ping-pong estúpido de papeles que van y vienen y en el camino se entretienen.
Y ya discutiremos cuantos ingenieros, comunicólogos, biólogos, comunity managers e historiadores completan la plantilla. A veces uno se pregunta cómo diablos se las ingeniaron los romanos para tener el Acueducto funcionando durante siglos. Será que no tenían concejalías ni direcciones generales de patrimonio.











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