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Titirimundi bate su marca de público, pero el aumento procede de la estimación de calle

La 40ª edición de Titirimundi se ha cerrado con una cifra récord de 52.007 espectadores, la más alta de todos los balances confirmados del festival. El dato, sin embargo, merece una lectura pausada. Un repaso a los números de las últimas dos décadas, a partir de los archivos oficiales del festival y de los balances publicados tras cada edición, dibuja una evolución más compleja que la que trasladan los comunicados de cierre.

Ni bajan las compañías ni sube el pago

Una de las percepciones más extendidas entre el público segoviano es que Titirimundi ofrece cada año menos compañías y más espectáculos de pago. Los datos no lo confirman. El recuento oficial de compañías oscila entre 20 (2014, en plena crisis) y 46 (2008 y 2011), con una media en torno a 35. El desplome real se produjo con la pandemia —22 en 2020, 19 en 2021— y desde entonces la recuperación ha sido continua hasta las 40 de esta edición, la misma cifra que en 2006. El matiz: el dato titular incluye compañías que solo participan en la gira. En 2026 se comunicaron 40, pero 30 actuaron en Segovia.

En cuanto al peso del pago, los balances de 2018, 2025 y 2026 permiten medirlo: el teatro de calle reúne en torno al 50% del público en todas las ediciones y las salas de pago apenas representan entre un 10 y un 14%. En 2026 esa cuota baja al 9,5%, con 4.921 espectadores frente a los 6.050 del año anterior. La hipótesis de que el festival se vuelca hacia el pago no se sostiene por asistencia.

Lo que sí ha caído: las funciones

Donde los números sí revelan un descenso claro es en la programación. En 2018, Titirimundi ofreció 382 funciones en Segovia en seis días. En 2024 y 2026 la cifra se ha quedado en 226, un 40% menos. Si se añade que el festival es más corto que las ediciones de 2003-2006 —que llegaron a durar hasta 10 días—, la sensación de que hay menos teatro tiene base real.

La propia organización ha reconocido en distintas ocasiones que la calle es la franja que se recorta cuando falta presupuesto, algo que ha ocurrido de forma recurrente. En 2016, el fundador Julio Michel llegó a declarar el festival en quiebra; en 2021 se trabajó con 85.000 euros menos de lo previsto, y la dirección ha reiterado en los últimos años que afronta cada edición sin conocer su presupuesto definitivo. Con menos funciones y presión presupuestaria sobre la programación gratuita, la experiencia del espectador se ha ido desplazando de encontrarse el teatro por la calle a gestionar entradas y aforos en patios y salas.

De dónde sale el récord

La comparación detallada entre 2025 y 2026 resulta reveladora. El 94% del aumento de espectadores corresponde a la calle: 7.600 más que el año anterior. Las categorías que se cuentan con entrada —salas, patios y talleres infantiles— apenas suman 487 espectadores más entre las tres. Las salas de pago, de hecho, pierden más de mil.

Los 28.900 espectadores de calle suponen un salto del 35% respecto a los 21.300 de 2025, un incremento difícil de explicar solo por crecimiento orgánico y que apunta al buen tiempo del fin de semana o a diferencias en el método de estimación. Dentro de ese cómputo se incluyen además los 3.500 usuarios del Carrusel d’Andrea, una atracción, no una función. Y la cifra de “52.007” transmite una precisión milimétrica difícilmente compatible con que cerca del 60% del total sea una estimación visual.

Titirimundi cumple 40 ediciones con más público que nunca según sus propios números, pero también con menos funciones que hace una década y sin que exista una serie de asistencia homogénea y auditada que permita comparar ediciones con rigor. Mientras esa serie no se publique, cualquier récord anual merece ser leído con cautela.


Author: Redacción

Acueducto2. Noticias y actualidad de Segovia.

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3 Comments

  1. Habría que añadir a los artistas freelance, autónomos y “okupacalles”, que abundan más que nunca. No son parte del gran espectáculo que pagamos con nuestros impuestos. Lo mejor sería dejar a los freelance actuar cuando les dé la gana en un lugar yermo de actividad, a pesar de la promesa de promocionarlo: el salón. Ahorramos el dinero de nuestros impuestos y damos actividad a una zona que Mazarías ha sido incapaz de promover, a pesar de sus promesas electorales y blablablá. ¡VIVA EL CIRCO de los autónomos libres… pero NO con nuestros impuestos!

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  2. Todo mi apoyo a Titirimundi por el cobro de sus actuaciones. Es el único modo de hacer que la gente valore el trabajo de los artistas, de los que ponen el sonido y las luces, el trabajo de la gestión del equipo técnico de Titirimundi y el trabajo de todo el mundo que lo hace posible, desde los barrenderos que limpian las calles después de cada actuación hasta de los policías que mantienen el orden público. Luego vendrá Clara Martín y dirá que todo eso tiene que ser gratis. No tiene ni idea.

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  3. Gratis no hay espectáculo, el espectáculo hay que pagarle, o lo paga el espectador o lo pagamos entre todos. Así que mejor que los espectáculos sean de pago, para el que le apetezca ir, aunque además habrá que poner dinero público para terminar de pagar todo.

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