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Comarcalizar Segovia: todos iguales o…

Era cuestión de tiempo y es cosustancial al castellano viejo: lo que no se puede repartir a igualas, a la mierda. Antes jodido que tolerar que el otro nos mande.

Estaba cantado, y eso que la Junta camufló ese enésimo intento de comarcalización en un remolino de siglas (UBOST, SGRUR) apelando cuando no a líricos nombres tal que Los Arenales del Río Pirón, La Cuesta Paramera, que parecen sacados de algún poeta chino en plan el Valle del Jade Resplandeciente o las Gargantas de la Atalaya Dorada. La cuestión era, a golpe de poesía y siglas, a ver si se la colaban a los de los pueblos y por una vez entraban en razón: no es normal gestionar los servicios públicos del medio rural desde un municipio con 400.000€ de presupuesto, ni tampoco desde un ente macro a 200 km. Lo suyo es compartir recursos, optimizar.

MapaUBOSTSegoviaPero a las primeras de cambio, y aduciendo agravios inmemoriales, el pathos ha engullido al ethos, y a la hora de las alegaciones han surgido los malos rollos atávicos. Qué cómo vamos a ir con los de Cuéllar, que nos “oprimen”, que todo se lo quedan. Nada, con Cuéllar ni a heredar. Sostienen sin asomo de ironia una decena de alcaldes del Carracillo. Curioso que, encima, la visceral reacción haya estallado contra Cuéllar, que secularmente mantiene, a su vez, un discurso victimista respecto a Segovia, que a su vez lo mantiene sobre Valladolid, que a su vez…

Podría haber roto por cualquier otro pueblo (de hecho, se romperá). No hace ni dos meses, Aldealengua de Pedraza presentaba un estrambótico recurso para cambiarle el nombre al Puerto de Navafría. El bueno del alcalde serrano hablaba de la cosa como si los de Navafría le hubieran fusilado a los hijos, y se gastó sus buenos duros en intentar documentar “el agravio”. “Me duele en el alma”, explicaba. A su vez, en Navafría, menudo pollo montaron cuando se distinguió a Prádena con el Instituto. Y así por todos lados. En Tabanera, donde vivo, basta que repongan una bombilla en una farola de Palazuelos para que en el bar se agiten con indignación las cabezas. “Los de Palazuelos, todo para ellos”. Pero la cosa es sistémica. En el más remoto pueblo, si a la hora de la partida se menta la posibilidad de sumar algo con el pueblo de al lado  no tarda en saltar el enterado. “Sí, como en la concentración parcelaria del 76, que al tío Fajines le endiñaron dos obradas en Remondo porque Lipicinio Botas tenía un sobrino en el ministerio y…” Para más inri, luego resulta que son todo primos, hermanos y parientes. Están todos mezclados. El de Remondo nació en Voltoya y su mujer es de Vallelado hijo de uno de Escarabajosa. Pero a la hora de administrar, cada uno en su aldea.

Ser victimista es fácil. Ahí tienen a los catalanes, no por ser los más ricos dejan de considerar (los más de ellos) que Madrid les oprime, Sepúlveda les acogota, Soria les roba. Y es que buscar agravios es fácil. Se parte de tal o cual cuestión que podría haberse hecho de tal o cual manera y como lo óptimo no existe, agravio al canto. Ante cualquier esfuerzo conjunto siempre pasará que alguien saque más tajada que alguien, o al menos así nos lo creemos.

Y eso en Castilla se lleva tan mal que no hubo más remedio que poner la capital en Madrid. Pienso que no es tanto el machadiano cainitismo sino un desmesurado sentido de la igualdad. Todos somos iguales, tan iguales que al que sobresale se le corta un pie. ¡Con lo fácil que hubiera sido que Dios nos hiciera a todos subnormales!

En esto algún tiralevitas, un pollopera de Valladolid, piensa en la teoría de juegos, doctrina matemática según la cual en un juego donde se puede perder, se puede ganar o llegando a un acuerdo con el adversario se gana siempre, los jugadores tenderán a negociar. Pues aunque uno gane x y otro x+1, el resultado neto final siempre suma. Pues no. ¡Demasiado reciente lo de la concentración parcelaria del 76! Al tiralevitas se le olvida lo esencial, el chivo expiatorio, el victimismo como exculpación. La culpa es siempre del otro.

Me resulta curioso. Entre otras cosas porque en Castilla no es escasa la tradición de cooperar en temas complejos como los riegos, cañadas, montes y hacenderas. Y los resultados son a menudo “armoniosos”, si por “armonioso” entendemos la inexistencia de graves matanzas -al menos documentadas- por la cuestión (créanme, en muchos otros sitios por menos queda corto Puerto Hurraco).

Vuelvo a las UBOST. Todavía no he encontrado un alcalde que me diga que sí, que le parece bien. Todos desvían la cuestión. En público (o cuando el bizarro López-Escobar viene a predicar la buena nueva) ponen cara de póker y en privado mascullan “chorradas de la Junta”. Temen la que se liará si tal servicio se traslada al pueblo de al lado, ni que sea el vertedero. Pero ese temor no obsta para que optimizar siga siendo necesario. Tarde o temprano habrá que abordar la cuestión. Así que no se pongan cabezotas. “Los de ese pueblo son todos hijosdeputa perdidos”, sentencia el enterado. “¿Cómo dices eso si tu madre era de allí?”. “Eso no tiene que ver”, apostilla el enterado y mirando las cartas suelta un seco “echa”.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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