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Patologías setiles

Ahora que han caído cuatro gotas otoñales, esta entrada va dedicada a los buscadores de setas. Pero no al buscador de setas tradicional,  tranquilo, que con un kilo se siente el amo de la pista y es feliz. Tan feliz que nos llena el wassap y el facebook con una fotos horribles de su “setada” (el infeliz habrá cogido dos docenas y nos castiga pertinazmente con fotos de la hazaña) que solo tendrá para comer él y la mujer. Como te autoinvites, le jodes la “comilona”. No va dirigida ellos, no. Va al enfermizo. Al depredador.

No se lo va a creer amigo lector, pero le juro por el empedrado de la Calle Real, que a las 6:30 de la mañana había gente buscando setas con linternas. Se lo juro. Y le voy a decir dónde. En los antiguos terrenos que se compraron para construir por la comercializadora de Caja Segovia y que se encuentra junto a la ermita de la  Aparecida, en el término municipal de Valverde del Majano.

Pues allí, de noche, buscaban setas varios con linternas. Pero no fue solo un día  sino que se repitió y es habitual que haya hasta  cinco coches allí. En plan romería.

Reconocerá conmigo amigo lector que una de dos. O se pasa mucho hambre para ir a las 6 de la mañana a buscar setas con un linterna o se esta bastante jodido de la cabeza.

Este tema es claramente una patología psicológica. Gente que espera todo un año con ansía cuatro gotas para invadir campos y pinares. Una reafirmación vital en forma de setas y níscalos.

Luego nos quejamos de prohibiciones y restricciones, pero los abusos que se comenten en lo tocante al campo y sus aprovechamientos no tienen fin. Y ya se va entendiendo que la regulación de temporadas, terrenos y cupos, e incluso cestas para la recolección, vienen en muchos casos propiciadas por estos abusos. Los que sufren esta patología.

Dentro de poco habrá que poner un horario de recogida de setas. Luego preguntamos que por qué.

Si una cosa tengo clara es el poco ánimo al trabajo por parte de la administración que nos gestiona al reglamentar cosas. Solo lo hace cuando no queda más remedio y la regulación es inevitable (menos en el caso inexplicable del Eresma y sus aguas trucheras en Segovia).

Otra de las cosas que pronto se debería regular es la presencia de los buscadores de setas en el campo, generalmente en terreno cinegético, en valles y laderas, agachados en perdidos y barbechos. No sería descabellado pedir que se llevara un chaleco reflectante de color amarillo o naranja.

Sin duda todos estaríamos mucho más tranquilos. Por que esa es otra. ¿En un término municipal donde los cazadores pagan por parte del aprovechamiento del mismo, quién tiene más derecho a realizar su actividad? Personalmente no losé. Pero la sospecho.

No me gusta coger setas, lo reconozco, ni tampoco níscalos, pero tampoco me estorban los seteros en el campo. Salvo cuando van con perros. Nunca entendí para que se quieren perros para coger setas de cardo. Pero lo de los perros incontrolados por parte de sus dueños en el campo es otro cantar y otro charco en el que me meteré.

Próximamente.

Author: J. García Herrero

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