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Y el Lagartijo sacó el cuchillo: muerte por el pegamento

La última crónica negra de Segovia, y van dos en un mes, nos arroja a los márgenes de la sociedad. Territorios que apenas conoce la gente de servicios sociales y, por supuesto, la policía.

Hace 8 años, el número cinco de la calle Velódromo, en San Millán, a 500 metros del Acueducto, vivienda de planta baja y primero y de cierto empaque, fue desahuciado. De aquellos “buenos tiempos” da fe una oxidada alarma anti-robos en la fachada. El propietario inicial no pudo pagar los créditos y desde 2012 la casa está manos de los bancos. En realidad, en manos de los ocupas que desde entonces allí viven.

En la primera planta vive un superviviente de los tiempos del Sida, de los yonkis de los 80. Abajo, en el garaje, y según cuenta el del primero, al que llamaremos Juan, viven otros tres toxicómanos, los cuatro bien conocidos en Segovia y por los vecinos, que a poco te cuentan las desgraciadas biografías de los ocupas, que si uno trabajaba en un banco, pareja de tal, ex del cual. Según dicen los ocupas no eran gente peligrosa pero si molesta. “Todas las noches lío”, trasiego de “gente rara”.  Toxicómanos.

Zaguán donde se produjo el homicidio. Abajo, el 5 de la calle Velódromo.

Todas las noches lío pero la del 27 de agosto se fue de madre. Abel de 37 años, al parecer con familia en La Losa y en Bernuy de Porreros,  cayó muerto de una puñalada limpia. Fue en el zaguán de la vivienda, que como denuncian los vecinos no tiene ni el precinto de policía ni nada. Y es así. La puerta está permanentemente entreabierta y cualquiera puede meterse. Allí hay un atrotinado sofá con mantas. Hay una mesa blanca y sobre la mesa un dispensador de gel hidroalcohólico, que probablemente se dejaron los del 112. En el pavimento imitación mármol apenas restos de unas gotas de sangre.

“El Lagartijo sabía bien donde pinchaba. Fue un cuchillazo limpio, uno nada más aquí en el costado. Le debió meter 7 centímetros. Y no salía sangre. El Abel se cayó. El otro se fue. Los que estaban con Abel intentaron reanimarle, pero nada. Alguien avisó al 112. Llegaron la policía y los sanitarios, estaba muerto. Era un buen tío, el Abel, no se metía con nadie. El otro no. El Largartijo es malo pero malo. Siempre iba con el cuchillo, uno de cocina, así… No es la primera vez que acuchilla a alguien, te lo digo yo. Siempre con el pegamento. El Abel a veces le compraba, porque nadie quería tratos con el Lagarto, y a veces compraba para él. A eso vino ese, quería material pero el Abel le dijo que pasaba, que se fuera. Eso sería a las 21.30. Yo oí gritos. Pensé que era otra bronca”, cuenta Juan.

El incidente duró apenas unos minutos. Todo indica que fue un cuchillazo directo al corazón.  El parte del 112 informa que a las 21:40 recibieron la llamada. “Varón herido por arma blanca en el pecho”. Los sanitarios intentaron reanimar al herido, incluso le aplicaron el desfibrilador. Nada que hacer.

Juan dice que no se trapicheaba en la casa. Los vecinos -los legales- explican que trasiego había todos los días. La policía explica que era un sitio muy frecuentado por toxicómanos. Un punto habitual. Por lo demás, si no fuera por los ocupas, se diría que es una calle normal. Hay una peluquería, una tienda de decoración en la esquina. La de los ocupas es la única casa problemática. “El resto somos gente normal”, dice una vecina.

El pegamento

La policía busca a JML como presunto autor del homicidio.

El pegamento es la droga más barata. Coloca rápido y produce un efecto entre borrachera, bienestar y hasta alucinaciones. Pero es devastadora. Veneno puro que quema los pulmones. Fuentes policiales señalan que los toxicómanos suelen tirar de cola cuando no tienen nada mejor, que el Lagartijo estaba realmente enganchado a la cola. Juan coincide: “ese estaba siempre con el pegamento, el pegamento, todo el día con el pegamento”.

El Lagartijo responde a las siglas de JLM, de unos 50 años, protagonista de otra dilatada trayectoria marginal, familia desestructurada, drogas a punta pala… Juan insiste en que no era de los habituales en la casa, que nadie quería tratos con él por su carácter pendenciero, porque era de los que te acuchillan sin más. Recurría a gente como Abel, consumidores que frecuentaban la casa, para comprar dosis… y al parecer pegamento cuando se quedaba sin él. Apuñaló a Abel y se fue a pie como había llegado. La policía le busca por Segovia y su detención parece que pueda ser cosa de horas. En acueducto2 sus siglas han salido ya con anterioridad;  protagonizó un chusco suceso al quemarse gravemente por su afición al pegamento.

La policía da total credibilidad a la versión aportada por los testigos del crimen. “El autor está plenamente identificado”, indican las fuentes oficiales. Todos los testimonios encajan. “El que murió era un buen tío, de verdad, el otro era malo, lo peor”… Los jueces dirán.

Author: Redacción

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1 Comment

  1. Me gustaría puntualizar que muchos datos de los que se dan no son correctos, supongo que por no haber contrastado y utilizar todos los medios a la misma fuente.
    Decir también que la forma en la que está redactada o puntualizado la crónica, no permite comprender bien el texto dando lugar a cometer errores en la comprensión y suponiendo tener que leerlo varias veces para entenderlo.
    Contrasten sus noticias con más fuentes que las que están ayi

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