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Todo el PP cae sobre la Granja

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La fila VIP, con una decena de presidentes autonómicos y el incombustible Arenas, el único que queda de la era Aznar.

Fue lo más parecido a la clausura de un congreso extraordinario del Partido Popular, o como si Mariano Rajoy hubiera convocado a todos los contactos de su Whastapp a zampar judiones en La Granja. El PP en pleno, todo el que es algo a nivel nacional en el partido, además de 200 alcaldes y concejales, en su mayoría segovianos para completar aforo, arroparon ayer a su líder en un acto de alto calado político, bautizado pomposamente como “La declaración de La Granja“.

Miembros de la asamblea de Madrid, de las cortes de Castilla y León, diputados al congreso, senadores, ministros, y por encima de ellos, la totalidad de los barones del partido, los más de ellos presidentes de sus respectivas autonomías, empezando por el anfitrión, Juan Vicente Herrera. Esteban Bauzá (Baleares), Núñez Feijoo (Galicia), Fabra (Valencia), Luisa Fernanda Rudi (Aragón),  Cospedal (Castilla y la Mancha), Alberto Garre (Murcia), Ignacio González (Madrid). Estaba Juan Manuel Moreno, Arancha Quiroga, Alicia Sánchez Camacho… Tampoco faltaban los del lado oscuro, Esperanza Aguirre, Ana Mato… ¿Quién no estaba? No salió en las fotos Monago, el presidente de Extremadura, que alegó una comida con empresarios para entrar a saludar y salir pitando. Tampoco estaba, ausencia bastante llamativa, Soraya Sáez de Santamaría. Del pequeño Nicolás, ni trazas.

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El que la sigue la consigue, esperando a Rajoy en la puerta del Centro de Congresos.

O sea, que desde los tiempos en que La Granja era corte no se veía tanta acumulación de poderosos por el Real Sitio. Pasarela de poder que tuvo su contrapunto en una movilización sin precedentes de Guardia Civil, agentes de la Moncloa, Policía Nacional.

A eso de las nueve de la mañana del 12 de diciembre La Granja se convirtió en el lugar más seguro de España, con un doble cordón de controles en la mismísima verja de la avenida de los jardines y festival de vehículos camuflados desde Segovia a Navacerrada. Frente al Hotel Roma, efectivos de seguridad de La Moncloa hacían criba de quien podía aparcar frente al centro de congresos del Parador, el antiguo edificio de la Guardia de Corps. “Solo dejáis pasar a coches oficiales, a ¿diputados o senadores?… bueno, si os caen simpáticos les dejáis entrar”, explicaba contundemente un agente”. Y dicho y hecho, que este redactor vio como vetaban el paso a un senador por más que el buen hombre repetía, “soy senador, soy senador”. Tampoco a los medios se les dejaba pasar de la verja, a excepción de la furgoneta de TVE, que aún hay clases.

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Rajoy y los militantes segovianos, se le esperaba en el Portico Real, pero tenía otros planes.

Y es que a los 400 invitados había que añadir 150 periodistas acreditados. ¿Tanta expectación por una comparecencia de Rajoy? A esa hora empezaron a llegar por grupos los populares. La IV Compañía de la Asamblea de Madrid, la Aerotransportada de Génova, la Unidad de cornetines de Moncloa… Todo Cristo.

Por haber, no podía faltar un socialista, José Luis Vázquez, alcalde de La Granja, una mariposa en el avispero, que fue aliviado en su soledad inicial por el comandante de la Guardia Civil de Segovia. Le salió al quite el presidente de la Diputación, y ya con Juan Vicente Herrera y Silvia Clemente, consejera residente, el cuarteto se puso a esperar a Rajoy a la puerta del auditorio. Una espera la mar de amena, pues no siempre pasa que saludas ahora a Montoro, luego a Floriano, a Pío García Escudero, a la Jet Set del PP entremezclada con concejales de Palazuelos, de Nava o del alfoz, en tanto en el pasillo reservado a las cámaras se sucedían declaraciones de Sánchez Camacho, Quiroga… y otros supuestos prohombres por cuyas identidades debíamos preguntar  a nuestros colegas de la prensa nacional los pobrecitos de provincias, más pendientes que estábamos que frente a la verja, el también preceptivo escuadrón de radicales, no liara alguna.

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El piquete en uniforme de reglamento. Les dejaron a 100 metros de la puerta y separados por la policía.

No hubo tal. Horas antes, por redes y de manera informal, algunos activistas de La Granja habían convocado una cacerolada, que se saldó con una treintena de participantes. Sin incidentes.

El acto en sí fue bastante curioso.  Dos diputados de 36 años, los mismos que tiene la Constitución, hacían como de presentadores, hasta que Herrera tomó la palabra y empezó a leer la citada Declaración de La Granja. Un minuto y subía otro presidente autonómico o aspirante a ello, leía su fragmento y daba paso al siguiente. Todos menos el citado Monago.

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Herrera abriendo la lectura de la Declaración de La Granja.

Luego ya el protagonista fue Rajoy. Para estas ocasiones, en producción caldean el ambiente con el jingle del PP. Ya saben, pepé, pepé, perepepeé. Hay montones de versiones. Uno se esperaba, acompañando la aparición del líder, la más cañera, con arreglos bacaladeros y generadora de clímax. Pero se conoce que esa se reserva a las campañas electorales y al PP más populacho, que por una vez triunfó la moderación, con la versión romántica de arpegios suaves, y que debe llevar por título “jingle ambiental de música de ascensor” o “Tranquilidad, de momento, tranquilidad”.

En consonancia con la banda sonora, el discurso de Rajoy fue templado, potente, pero si alguien se esperaba un bombazo informativo -y la escenografía se prestaba a ello- pinchó en hueso. Como explicamos en noticia aparte, la alocución de Rajoy fue interesante, reveladora de intenciones, pero no añadió nuevas cartas a la partida. Finalizado el parlamento, torbellino de selfies, fotos con Rajoy, con la Espe (que sigue manteniendo alto el cartel), la Soraya (algo menos) y así hasta que el peperío empezó a disolverse.

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Fotos con militantes.

Pero el trabajo político continuó. A las 13.45, mientras el PP local proseguía la juerga con la cena navideña de la militancia en el Pórtico Real, el presidente hacía lo propio unos kilómetros más arriba, en el Parador de La Granja,  a solas con su núcleo duro. Estaba Herrera y algunos de los barones de más peso del partido. Conciliábulo que dispara la rumorología; ¿cambio de estrategia de cara a las municipales? ¿Seguimos como hasta ahora? ¿Ruegos a Herrera para que repita un mandato más? Comida express en cualquier caso. A las 15.30 esperaban a Rajoy en la Moncloa.

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Author: Redacción

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2 Comments

  1. Estarán celebrando la manita que les ha echado el ‘Bundesbank’ alemán, metiendo miedo a los españoles con el advenimiento de ‘Podemos’. Ahora ya pueden reformar otro poco la Constitución, sin contar con los españoles, como el artículo 135. Con la bendición alemana y de la señora Merkel, solucionado 😉

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  2. Sí, que se reunan, se den ánimos y se cuenten lo mucho que se quieren y lo encantados que están en conocerse, porque lo que es la plebe, el pueblo llano… tararí

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