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Rajoy: la Constitución no es intocable

Rajoy saluda a Montoro a su entrada en el parador acompañado de Vázquez, Arenas y  Floriano.

Rajoy saluda a Montoro a su entrada en el Parador, acompañado de Vázquez, Arenas y Floriano.

¿A qué vino, qué dijo y qué  quiso decir Rajoy en La Granja, arropado de la totalidad del partido con sus barones al frente?

Complicada pregunta. Y no esperen piedad entre la marabunta de asesores y comunicologos monclovitas que pululaban ayer por el Parador. “Quiere decir lo que dice”, explicaba un fontanero.  El acto (de cuyo ambiente damos cuenta aquí)  lleva la firma de Javier Arenas (vicesecretario para asuntos territoriales),  que fue el que tocó a arrebato convocando, con gran éxito, a todo quisque del partido. ¿Pero qué se pretendía exactamente?

Mensaje de unidad

Tal como sosteníamos en este otro artículo, las últimas encuestas, que sancionan una espectacular caída de voto del PP, ha sentado fatal entre la militancia, que culpa a Rajoy de cierto galleguismo, tancredismo político y agotamiento de mensajes. Reunir sin excepciones a todos los barones, de Ceuta a Santander no puede tener otro trasfondo. Llamiento de unidad en torno a un líder. Objetivo conseguido que, sin embargo, deja un verso suelto, el ya incómodo Monago, que incomprensiblemente, vino, saludó y se marchó. Aspecto muy comentado en la sala de prensa.

Pero vayamos al mensaje en sí.

Sala de prensa.

Sala de prensa.

La primera parte fue una lectura a 17 voces, con fragmentos en vasco, gallego y catalán, de la Declaración de La Granja, un bienintencionado, amable e insulso cántico a las bondades de la Constitución de 1978. La declaración repasa la reciente historia de España, cómo se pasó del “en vías de desarrollo” a ser poco menos que un “país milagro”, articulando las pulsiones regionalistas en un estado que pasó del centralismo más extremo a uno de los más descentralizados. Recordatorios a Juan Carlos I y a Felipe VI,  sutil manera de sugerir que el PP es, hoy por hoy, el único partido abiertamente monárquico. A continuación reactivación del mensaje “estamos saliendo de la crisis” para salir con una referencia a la corrupción, a la necesidad de regeneración democrática, que “solo juntos seremos capaces de superar”. Para concluir, el PP se presenta como el albacea del legado de concordia y unidad constitucional del 78, el legado que ha construido este país y desde cuyo espíritu “hemos de ganar el futuro”. Como colofón: “España necesita más que nunca la Constitución de 1978”.

Terminada la declaración Rajoy tomó el micro para concretar esos éxitos de la Constitución. Recordó algunas cifras, como que el PIB en 1978 era de 150.000 M€ y hoy supera el billón. Que la renta per cápita ha pasado de 4.227$ a 23.200. Kilómetros de autovías, segundo país en implantación de Alta Velocidad. de 40 millones de turistas a 62. En suma, en el periodo 1978-2014, España ha sido el cuarto país del mundo que más ha progresado en los últimos 50 años. “Estamos en Europa, en el G20 y a partir del 1 de enero, en el Consejo de Seguridad de la ONU”, recalcó.

Señaló Rajoy que siempre que va por el extranjero se lo dicen. En el resto del mundo -a lo que se ve- somos una referencia, y desde luego los datos están ahí, pero, tal como indicó el propio presidente, este mensaje de autoestima no termina de calar en la sociedad española.

No termina de calar, en parte porque somos así, pero en parte por “los adanes que desgañitan para erosionar la autoestima de los españoles… Por cada pega la Constitución ofrece mil y una ventajas. Las constitución supone para todos los españoles democracia, libertad, derechos individuales, formar parte de Europa, estar en el mundo. Y trajo la mayor etapa de progreso económico y social de la historia. Hay que poner  en valor nuestra Constitución”, dijo.

Hasta ahí, nada digno de tanta escenografía. Vuelta al mensaje de la “recuperación”, importante alusión a la regeneración democrática, “que solo será posible entre todos”, alguna patada a los populismos y a los agoreros que se empeñan en “no aceptar la realidad de la recuperación”.

Reformar la Constitución

Tal vez el momento de más calado político, y donde puede atisbarse algún cambio de rumbo para los próximos meses, fue a la hora de abordar la reforma de la Constitución. Tras cantar los éxitos de la Carta Magna, madre y padre de todo lo bueno y nada de lo malo, Rajoy entró en un territorio un tanto novedoso.

“La Constitución no es intocable. Se ha reformado dos veces y se reformara las veces que lo exija el interés de los españoles y el desarrollo del proyecto común. No es intocable -detuvo el discurso y enfatizó:-  no lo es, pero no es un juguete, no admite frivolidades”.  Más aún, Rajoy recordó que el PP “ha sido colaborador necesario en las dos reformas del texto, y que apoyaremos las reformas si ello fuera necesario”.

Cataluña y las líneas rojas

Ahora bien, dicho esto, las líneas rojas. Se puede reformar la Constifución, pero “no es negociable, la soberanía, la unidad, los derechos fundamentales y la libertad y la igualdad de todos, eso no es negociable”, repitió Rajoy.

Y ya el último tercio del discurso fue una referencia implícita a Cataluña  sin citar la palabra Cataluña, con parada en el PSOE, a “quienes se presentan sin propuestas sin definir, consensos sin concretar. No es el momento de frivolidades y eslóganes”.

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Y es que también en el caso catalán hay un cierto cambio de matiz. Frente al “No se puede porque lo dice la Constitución”, que ha caracterizado el mensaje de Rajoy hasta el 9N, la novedad viene por el desplazamiento del problema a Europa.  Para Rajoy, el proyecto político pasa por mejorar el entronque de España en Europa, “donde nos jugamos mucho, mucho”. “No es tiempo de reivindicar lo autóctono, de potenciar la diferencia, ¿qué sentido tiene preguntarse si se es más español que gallego cuando la pregunta es si soy más europeo que español… Me gustaría oír hablar de eso, como integraremos mejor los 47 millones de españoles en una comunidad de 500 millones de europeos”, para rematar insistiendo que “la diferencia no puede ser argumento político. Frente a lo que disgrega, reivindico la igualdad y la soberanía que cohesiona”.

Moraleja. Si hay cambios constitucionales a la vista, no serán para dar gusto al nacionalismo, serán, o al menos tomarán la apariencia, de articular el compartimiento de la soberanía nacional frente a esa realidad que es Europa (o no).

Author: Redacción

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