Es ese tipo de violencia en el que uno de los progenitores putea a los hijos para hacerle daño a su expareja. Es, seguramente, la expresión más cruel de la violencia de género porque afecta a los más inocentes y vulnerables. Requiere mucho odio, cierto talento y ningún escrúpulo.
Podemos bloqueó la subida de los subsidios para hacer daño a Sumar y Junts exige la gestión del acogimiento de la inmigración, y así fastidiar a ERC, que es quien gobierna la Generalitat. Pablo Iglesias le pasa la factura a Díaz por dejar fuera a su pareja de los cargos y Puigdemont le dice a Junqueras que ya decide él quién puede ser catalán. No vaya a diluirse la esencia catalana. Y mientras, los parados e inmigrantes, confusos y jodidos. Por cada profesor de política, hay 20 profesionales de polígono (dato sin confirmar) y, aun así, mandan los de la universidad. Por cada Martí, hay 13 Martínez en Cataluña (dato confirmado) pero deciden los primeros y someten vicariamente a los segundos para hacer daño al otro custodio.
Los morados dirán que había un recorte encubierto y los prófugos que solo quieren el bien de Cataluña. En realidad, es un corte de rollo a Sumar y la búsqueda del mal de España. Seguir insistiendo en encajar a Puigdemont en la democracia española es como querer integrar a “El Yoyas” en el 8-M. Y lo mismo Iglesias, solo que éste está en el “cibermonte” dando lecciones de periodismo a los periodistas y a sus compas. Si en el avión de “La Sociedad de la nieve” hubieran viajado los dirigentes de Podemos, se hubieran merendado mutuamente al segundo día. Sin hambre. Antes que los Doritos.
Hagamos un ejercicio sencillo. ¿Qué se diría si alguien de Vox plantease una transferencia de competencias en inmigración al Gobierno de Castilla Y León? ¿Qué diríamos si alguien deslizase la exigencia de beber Ribera, comer torreznos y llamar fresco al frío? Porque algo así están haciendo los catalanes sacando el fantasma de “el gran reemplazo” y la islamización de Cataluña, qué, por cierto, es la misma inmigración que pidió Artur Mas para que los latinos no siguieran hablando castellano en Cornellá con los hijos de los extremeños. ¿Qué se diría si Vox se negase a la subida de los subsidios? Alguien hablaría de fascismo, de xenofobia, de clasismo…
Sí, es cierto, el PSOE podría haberse trabajado mejor los decretos y los acuerdos previos y el PP podría haber cedido patrióticamente sus votos para evitar los chantajes y la violencia vicaria, pero son Podemos y Junts, Junts per fuck, los que han convertido una negociación compleja en esperpéntica. Estoy seguro de que llegará un día en que los progresistas recordemos todo esto con vergüenza porque no hay nada de mayoritario ni progresista en la indecente exhibición de poder de estos socios. Odiar no hace más listo al tonto, ni siquiera más tonto, solo más odioso. Esperemos que el “off site” de Quintos de Mora, además de para sacar la ropa “quechuachic” sirva para sacar la conclusión de que, así, es muy difícil tener estabilidad parlamentaria. Este tigre no se puede domar ni tampoco cabalgar con un destino común.
La humillación de hoy es el odio de mañana. Nos iremos y nuestros hijos, los que asistieron impotentes a la violencia vicaria odiarán lo catalán, sin matices, como ellos odiaron lo español. Y vendrá después el odio a los políticos (todos culpables, todos iguales) y, por último, el odio a la política. Y esa dinámica “puertourraqueña” tiene dos fases: primero aleja al talento noble de la política y deja a los de menos escrúpulos para las negociaciones sin líneas rojas. Y con la llegada de la mediocridad aparece la desafección y su delegación en la anti política. Chiquito contaba cuando ese pedazo de padre iba al hospital y el Doctor (Grijander) le advertía que su hijo recién nacido era el más feo del globo y éste le respondía: No importa, si lo quiero pal campo (cobarde). Pal campo de batalla. Conviene empezar a tomar medidas y a recoger cable y no esperar al último suspiro para que la gente no se vaya. ¿Suspiráis? Sí, me tengo que ir.













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