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Sánchez marea la perdiz: ni se va ni anticipadas pero pide que la política cambie de rollo

“He decidido seguir”.  Cinco días sumiendo al país en la incertidumbre para, todo lo más, elevar una reflexión sobre lo mala que es la crispación, el fango, el bulo y los ventiladores, de los que, por otro lado, el mismo Pedro Sánchez, es un consumado jugador.

Comparecía en la Moncloa el presidente del Gobierno entre una gran expectación. A tenor de unas denuncias contra su mujer por unas fantasmales pero nunca explicadas acusaciones de tráfico de influencias, Sánchez anunciaba mediante una estupefaciente carta cinco días de meditación para sopesar qué iba a ser de él. ¿Abandonar la política? ¿Convocar anticipadas? Al final todo queda en una fantasmal petición de cambios en los modos de hacer política. Él sigue “con más fuerza si cabe”. Bastante ridículo todo.

¿Qué ha pretendido hacer el presidente? La versión oficial, la que daba él mismo, es que harto de “10 años de descrédito”, su espíritu precisaba un detenerse cinco días y preguntarse un ¿vale la pena? Como admitía Sánchez, una necesidad sentimental. La respuesta del partido ha sido una avalancha de solidaridad, Pedro no te vayas, que sin duda le fortalece como líder del socialismo, si bien en un momento en que su liderato es más fuerte que nunca.

De paso, y en plena campaña electoral catalana y preámbulos de las europeas, Sánchez conseguía copar completamente el protagonismo mediático. Probablemente, nunca ha tenido tanta audiencia algo que, sin duda, refuerza también al socialismo en un año tan electoral como este 2024. En menor medida, el amago de Sánchez eclipsa probables derivadas del ya olvidado caso Koldo y viene a ser un aviso a una parte de la judicatura, abonada al lawfare, la instrumentalización de la justicia para lograr fines políticos. Es de prever que cierta clase jurídica se lo pensará ahora dos veces antes de irrumpir en la escena política amenazando con la pena del banquillo para quien no es de su cuerda. También es un aviso a sus agitados socios, del PNV a Bildu, de Podemos a Puigdemont. “Estoy yo o PP-Vox”, parece decirles.

Así pues, como operación de imagen, ni tan mal  el culebrón de este finales de abril. Está claro que para los que no son incondicionales del presidente, el teatrillo va a resultar en chascarrillos y en el fortalecimiento de un relato que le pinta como un narcisista sin otros principios que mantenerse en el poder. Pero esa dinámica tampoco iba a cambiar por los cinco días que dejaron a España al borde del aliento.

Queda, de fondo, el necesario debate sobre la crispación. Que si bien Sánchez entiende que es unidireccional, toda contra él, la verdad es que es sistémica y caracteriza ya a todas las democracias avanzadas. En el fondo, lo que está pasando es que la política se ha convertido en el simple manejo de relatos, entendidos como mecanismos de atracción/repulsión del voto. Relatos para cuyo desgaste o consolidación todo vale. El interés general, el bien público, ha sido enterrado por Sánchez y los políticos de su generación en aras del relato, que es en el fondo lo que ante un electorado banalizado, infantil y forofista (amplificados por medios igualmente banales y forofistas) hace ganar o perder elecciones. Y en eso Sánchez es mucho más beneficiario que víctima. Que hablen de uno si que sea mal. Todo sigue igual.


Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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