web analytics

No son vacaciones

Para amantes de las coincidencias recuerdo que hoy es viernes 13. Comprendo esa sonrisita que se le ha llegado a poner pensando en unos cuantos días de permiso laboral o de esa suerte de curro que es el teletrabajo, que entiendo que el que no lo ha probado tenga un cosquilleo especial ante la novedad. Ya verá como no es tan estupendo salvo lo de no tener al jefe mirando la pantalla por encima de su cogote.

La AP-61, este viernes, a última hora de la tarde.

Y ahora, lo siento. Tengo que cortarle en seco el gestito: usted no está de vacaciones. Se encuentra sumido en un estado de alarma nacional en un intento de hacer frente a una pandemia que, con no ser lo más peor que hay por ahí —se mantiene la mortandad en torno a los dos habitantes por cada mil afectados— tiene de peligroso que se contagia y propaga con una facilidad pasmosa y eso es precisamente lo que puede hacer que llegue a colapsar el sistema sanitario y también multitud de sectores productivos.

Es fácil: si el sistema sanitario tiene una capacidad “X” y de repente se encuentra en un momento de contagio masivo con la necesidad de atender a X+Y+Z pacientes, está claro que sobran Y+Z ( y hasta un poco de X), la atención será deficitaria y en los momentos de mayor desbordamiento, los médicos se verán obligados a elegir a quien se atiene y a quien no. Con las medidas para los próximos quince días —por lo menos— se frenarán los contagios, el número de afectados entrará dentro de la capacidad del sistema porque será escalonado y la eficacia en la gestión será posible y efectiva. Lo llaman “aplanar la curva”, como ya le explicó Luis Besa hace unos días. Tiene su lógica y además, ahí está China, empezando a salir del agujero. Parece que funciona. Eso si, ni es fácil ni gratis. Requiere esfuerzo colectivo, costará mucho tiempo y también un pico en dinero.

Una carta entre vecinos.

Lo está haciendo toda Europa pero en el caso de los españoles esta vía consiste directamente en suprimir temporalmente nuestra propia idiosincrasia: ni besos, ni abrazos, ni toqueteos (ni siquiera con el puñetero dedito en el pecho del contrario), ni compartir vasos, botellas, o marmitas, ni reuniones en grupo. Nada. Toca quedarse lo más quieto posible en casa como en un largo fin de semana —este va a ser un puente de los largos— de peli y manta, acercarse lo menos posible unos a otros y tirar de responsabilidad. Si usted se nota medio mal, auto aíslese y siga las instrucciones. No fastidie.

No se preocupe, no estará solo que, en general, somos buena gente y estas cosas, lo más parecido a ganar un mundial de fútbol o al terrible atentado del 11M, por citar dos extremos, en cuanto a generación de argamasa para unirnos que nos ha pasado en los últimos años, suelen sacar nuestra parte más noble y solidaria. (Ya, ya sé que ha visto los supermercados arrasados pero eso es miedo infundado, otro tipo de contagio.)

Pero eso si. No debería usted creer que este es, por ejemplo, el mejor momento para irse al pueblo a llenar la casa de los abuelos de niños y esputos ponzoñosos importados de su hábitat habitual. Deje usted en paz estos días a los abuelos, que son población de riesgo, y procure no infectar nuevos aires de desconocidos Covid-19. Eso es lo que le decía antes de la responsabilidad individual.

No. Tampoco es buena idea aprovechar la relajación general para preparar saraos en forma de cenas y comilonas grupales en los pisos, ni de familiares, ni de amigos. Ni siquiera esa asamblea del bloque de vecinos que tiene pendiente desde que le nombraron presidente a traición. Se lo digo otra vez: no está usted de vacaciones y la reunión de personas no es recomendable.

Y ya que me he puesto a repartir consejos, le rogaría encarecidamente que use las redes sociales para cualquier cosa menos para tratar de estar informado solventemente. Estos últimos días han dado argumentos más que sobrados para desmentir a aquellos que proclaman que las redes son algún tipo de evolución de los medios periodísticos por su capacidad de informar al instante y llegar donde los periodistas no lo hacen.

Mentira y gorda. Ese cajón de sastre admite y propaga sin filtros presuntas informaciones sin acreditación alguna o directamente falsas —con intención o sin ella, que hay de todo— que en modo alguno podrán suplir jamás a las fuentes oficiales y que acaban generando desinformación y estados sociales poco recomendables en situaciones como la que nos ocupa. Sáltese a los medios de comunicación si no se fía de nosotros, pero acuda entonces al menos a fuentes válidas de información, las oficiales de los gestores de la crisis.  Que le voy a decir yo: Mejor opte por el tratamiento periodístico que recopila y ordena esas fuentes, además de contrastar y fiscalizar la veracidad de lo que dicen. En acueducto2.com lo estamos haciendo y me consta que no somos los únicos.

Nos vemos. (Por facetime o algo así).

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

Share This Post On

3 Comments

  1. Totalmente de acuerdo pero a los madrileños que han venido de “veraneo” a nuestros pueblos no les va a gustar. Se lo están pasando pipa por decenas de pueblo de turismo rural, por Segovia, en el Mercadona… Pero oye que son los capitalinos y vienen a darnos de comer…

    Post a Reply
  2. Gracias Fernando Sanjosé por el artículo. No se puede decir nada más aunque quizás más claro. Yo añadiría, si no quiero que nadie me contagie yo tengo que ser el primero en no transmitir la posibilidad de contagio. RESPONSABILIDAD. La libertad de cada uno termina donde empieza la libertad de los demás

    Post a Reply
  3. Todo solidaridad Pablo Iglesias, estas por encima de la ley. Lo pagarás.

    Post a Reply

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *