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Mentiras peligrosas

Me pregunto si se podrá medir en litros la gasolina lo que “el joven de Malasaña” ha proporcionado con su mentira sobre el ataque homófobo y en manada que nunca sufrió —parece que el muchacho quería ocultar la infidelidad que tuvo hacia su pareja— a los que de verdad odian la diversidad sexual y se han encontrado con argumentos renovados. Me preocupa saber cuántos pasos atrás en la lucha, la de verdad, del colectivo LGTBI por sus derechos y normalización se habrán dado por esta mentira y el uso que se ha hecho de ella.

También me pregunto si los políticos que se dedican a hacer bandos de buenos y malos, los que exhiben una supuesta superioridad moral, los que se erigen en defensores de lo obvio para crear lados en las barricadas inventadas reflexionaran tras este suceso o sólo harán un quiebro de cintura antes de seguir adelante, a la siguiente casilla. Total: se trata de crear caldo de cultivo ¿No?

Si, me refiero al presidente, Pedro Sánchez, y su precipitada convocatoria de la Comisión contra los delitos de odio basándose en una denuncia que, digo yo, su ministro de Interior, Marlaska, ya sabría que la policía se había dado cuenta hace días de que no se sostenía porque la versión del denunciante, que incluía ocho encapuchados vestidos con sudaderas en pleno verano, en pleno día y en pleno centro de Madrid, sin testigos, no cuadraba por ningún lado. Si el ministro estaba a uvas, aparte de que no me lo creo, mal. Si ya estaban todos advertidos, peor. También me refiero al alcalde de Madrid, José Luis Almeida, que en lugar de contemporizar los ataques ha entrado al juego torpemente comparando esa comunidad con Cataluña y aceptando el agravio que le han ofrecido desde Moncloa.

Toca patrimonializar la bandera arcoíris, que al parecer, no me diga en base a que norma o derecho inveterado, es de la izquierda. De hecho, el de “el joven de Malasaña” es el segundo suceso que trata de convertirse en el asidero para la indignación y el clamor, no tanto por los derechos, irrenunciables, de libertad sexual, sino más bien del mantenimiento interesado de dos bandos enfrentados desde el ámbito político. La derecha, que según este discurso es homófoba por naturaleza y la izquierda, todo lo contrario, todo tolerancia.

Temo que el muchacho del labio partido y el glúteo marcado “durante una relación sexual consentida” según su segunda declaración cuando este 8 de septiembre se desmoronó ante la policía, es lo de menos en el nefasto juego político en el que nos andan metiendo y del que los ciudadanos tenemos la obligación de salir cuanto antes. Ardo en deseos de ver cómo bandea la precipitación el presidente Sánchez o la ministra Montero, cómo abren sus portadas los medios y tertulias que en los últimos días se han sumado con disciplina a la campaña. Me vale como referencia la portada de La Vanguardia y ese titular a cuatro columnas de este miércoles advirtiendo de la existencia de “bandas organizadas que van a la caza de homosexuales” que se atribuye al departamento de Interior pese a que la policía catalana no haya admitido nunca que existe una sola de esas bandas en sus archivos.

Me niego a que en esto también se creen bandos y mucho menos a tener que ponerme en uno de ellos. Me resisto a pensar y tengo constancia de que la diversidad sexual y hasta la imprescindible tolerancia hacia ella tenga que tener color político. Aunque sea por definición, que estamos hablando de diversidad, caramba.

Mire, es intolerable, bajo ningún concepto, no que un homosexual sufra una agresión (van 748 en lo que va de año), sino siquiera una discriminación aparentemente más ligera en forma de insultos porque se la señale por su elección sexual o que sufra la más mínima discriminación laboral, social o de otro tipo en su día a día. Vamos, que la homofóbia, que existe en nuestro país, debe desaparecer, totalmente, de nuestra sociedad. Y en eso nos queda mucho trabajo por delante. Pero mire, esto me parece a mi que es una cuestión de educación, respeto y aplicación de la ley, de aislamiento social del intolerante y de convencimiento colectivo.

Donde no veo yo que esté la solución es en el frentismo, en la patrimonialización de banderas o en la generación de odios precisamente invocando la tolerancia. Para este viaje —y otro montón de ellos, que la técnica del enfrentamiento se aplica con soltura en la creencia egoísta de que renta políticamente— me parece a mi que no hacen falta maestros ni voceros. Creo que me basta con que nos comportemos como personas y no como políticos, que no se parecen en nada.

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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6 Comments

  1. Marlaska y Pedro Sánchez sólo tienen que pedir perdón y disculpas por los insultos y la incitación al odio y la violencia de los últimos días. Jamás lo harán. Una buena mentira siempre es mejor que la realidad fantaseada de una persona que esperemos acabe condenada penalmente por simulación de delito.

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  2. Excelente artículo.

    Enhorabuena Fernando.

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    • Para eso está la policía, buscar pruebas y esclarecer lo ocurrido. Opinar es muy fácil, pero pedir disculpas es más difícil. Ahora me gustaría saber qué delito o coste tiene hacer una denuncia falsa.

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  3. ¡Qué pena de país, en el que un pobre chaval, comete un gran error y hace tambalear el sistema político!

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  4. Malasaña, mala entraña. Indigno utilizar a uno para infamar a otros . No es la primera vez que el ministro, que dice combatir el odio, lo siembra y desde su cargo, incita a la gente a odiar. . Su mejor servicio, el único, es dimitir. Juez injusto y ministro indigno.

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  5. Lo único que queda bien claro es que si eres de Izquierdas puedes imponer tus ideas a los demás, imponer una dictadura en un país, usar la violencia contra los demás, realizar terrorismo callejero, ocupar y quedarte con las casas de los demás, golpear policías.. Eso sí, como tengas alguna otra idea diferente, como hables, te persiguen hasta eliminarte.

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