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Los ángeles no visten de azul

Desde fuera de la cancha, a cualquier observador de nuestro deporte le parecía algo inaudito que, en plena crisis económica y de talentos futbolísticos, en la provincia hubiera tres equipos en la Tercera División. Pero los hechos iban dando la razón, al menos trastabilladamente, a la tenacidad y entrega de estas propuestas. Con el buque insignia de la Gimnástica (más por prestigio, historia y peso de la tradición que por verdadero potencial) como principal referente, uníamos el CD La Granja, que se había buscado hueco como un nuevo clásico de la Tercera. Y así, recientemente, apareció el Unami CP, con la efervescencia y las buenas sensaciones de un proyecto coherente y sin alardes, apoyado en una propuesta futbolística de la que pocos pueden hacer gala en esta división.

Parecía que había hecho lo más difícil, ajustar el club al nivel de la competición. Pero este tipo de equipos tienen algunos condicionantes que les suelen dejar asidos con pinzas a la suerte. Plantillas cortas, pequeño mercado en el que fichar, escasas posibilidades económicas… a lo que hay que añadir los desencuentros deportivos que a veces (como en esta ocasión) nublan las relaciones de algunos jugadores de jerarquía en el vestuario con el técnico y su posible derivada en el rendimiento.

Sin olvidar los imponderables. La extraña competición dejó una acumulación de partidos en el tramo final, donde las lesiones, las sanciones, los trabajos, los estudios y otros condicionantes irreconducibles situaban una recta final empinada, densa, demasiado poblada… ante la que el Unami tuvo que echar pie a tierra.

Si suman todo lo anterior y terminan por sumar lo más básico, los puntos, verán algo más de luz. En la últimas trece jornadas el club azul ha conseguido ocho puntos de 39 posibles (cuatro de los últimos 21), un bagaje demasiado escuálido para transitar por el tramo final sin agobios. Aún así llegó al último encuentro, con vida, con esperanza, amasando sueños y elevando oraciones a los dioses del deporte para que la cosa, tan torcida como estaba, no terminara por ceder. Le hacía falta un punto, sólo un punto, para matemáticamente salvar el año, pero enfrente tenía (y a domicilio) a un duro Estructuras Tino.

Si bien es verdad que los burgaleses sintieron vértigo este año al asomarse al balcón de la aristocracia del grupo VIII, no deja de ser un buen bloque. Sin nada en juego (¿?) buscaron con firmeza una victoria para la galería en su último lance, justo el que condenaba a un Unami que vio cómo sus plegarias, su trabajo, su ilusión y sus pálpitos vitales, terminaban entre lágrimas en el suelo. Podría decirse, no sin razón, que los ángeles del deporte, este año, no han querido vestirse de azul.

Author: Opinion

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