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La Segovia soñada: las Arenas del Eresma, memoria de un baño perdido

Hay un paraje en la memoria de la Ciudad, aguas arriba del Alcázar, donde el Eresma ya serpentea entre choperas y huertas, y la Ciudad se mira en él desde las altas peñas: Las Arenas. Allí, en una curva mansa del río, los segovianos de varias generaciones aprendieron a nadar, a remar con tablones improvisados y a sobrellevar los veranos cuando el calor apretaba sobre la piedra dorada de la ciudad. La memoria oral de Segovia recuerda este lugar como una verdadera playa de interior: arena fina depositada por la corriente, una poza ancha de aguas claras y unas riberas frondosas que regalaban sombra a quienes pasaban allí la tarde.

Fue en agosto de 1964 cuando, a propuesta del entonces teniente de alcalde D. Jesús Martínez Díez, el Concejo acordó acondicionar Las Arenas como zona de baño municipal. Y el alcalde D. Miguel Canto Borreguero inauguró aquella ‘playa’ el día de San Juan de 1965: se arregló el camino de acceso, se puso arbolado, se construyeron vestuarios y un bar, se delimitaron las zonas de menor calado para los niños, se instalaron escaleras y trampolines rudimentarios, y un encargado vigilaba las jornadas más concurridas. En 1973 se pusieron papeleras y alumbrado, y hasta un guardia urbano velaba por el orden. Las fotografías que se conservan —algunas amarillean en los álbumes familiares, otras duermen en los archivos— muestran a familias enteras tendidas sobre la arena, a chiquillos con flotadores de corcho y a muchachas con bañadores de punto saludando hacia la cámara. También se hicieron allí pruebas nacionales de piragüismo y de pesca. Aquel rincón fluvial fue, durante tres décadas, el verano de Segovia. Pero no solo: algunos alentados nadadores se bañaban incluso bajo la nieve en enero o febrero.

La decadencia llegó despacio, casi sin aviso. El crecimiento urbano de los años setenta, la contaminación creciente del río por vertidos sin depurar, la apertura de piscinas municipales con cloración y, en general, un cambio cultural que retiró a los españoles de las aguas naturales hacia los vasos rectangulares de hormigón, fueron vaciando Las Arenas de bañistas. Las casetas se cerraron, los trampolines se desmontaron y la maleza fue ganando terreno a la arena. Hoy el lugar sobrevive como un paseo discreto, conocido por excursionistas y por quienes siguen el sendero del Eresma, pero ha perdido por completo su antigua función social.

Recuperar Las Arenas como zona de baño no es una nostalgia sentimental, aunque también lo sea. Es, sobre todo, una propuesta razonable desde el punto de vista ambiental, social y urbanístico. En los últimos años, numerosas ciudades europeas han apostado decididamente por la rehabilitación de sus aguas continentales para uso recreativo: Berlín, Múnich, Zúrich, Copenhague o París —que ha invertido un esfuerzo notable en devolver el Sena al baño ciudadano— demuestran que un río limpio y accesible es uno de los activos más valiosos que una ciudad puede ofrecer a sus vecinos. Segovia, que dispone de un cauce de calidad razonable, encajado en un entorno paisajístico de primer orden, no debería quedar al margen de esta buena tendencia.

En primer lugar, está la cuestión climática. Los veranos segovianos, antaño suaves, registran, cada año con más frecuencia, episodios prolongados de calor extremo. Una ciudad situada a más de mil metros de altitud necesita refugios de frescor, y los espacios fluviales arbolados ofrecen un confort térmico que ninguna piscina urbana puede igualar. La sombra de los chopos, la humedad de la ribera y el agua corriente conforman un microclima que, en plena ola de calor, puede suponer una diferencia de cinco o seis grados respecto al casco urbano. Habilitar un baño seguro en Las Arenas significaría ofrecer a la ciudadanía, gratuitamente, un recurso de salud pública de primer orden.

En segundo lugar, está el argumento social. Las piscinas municipales, con ser un servicio imprescindible, tienen un aforo limitado, un horario reducido y un coste —entrada, transporte, organización familiar— que no todos los hogares pueden asumir con holgura. Una zona de baño fluvial libre y bien gestionada amplía el abanico de espacios públicos de convivencia, descongestiona los equipamientos cerrados y devuelve a la ciudad un lugar de encuentro intergeneracional, popular y verdaderamente democrático. La playa de río, por su propia naturaleza, no segrega: convoca al niño, al jubilado, al estudiante -sobre todo, el universitario, proclive a algunas travesuras por falta de lugar adecuado-, y al turista que descubre la ciudad caminando junto al Eresma.

En tercer lugar, conviene atender al argumento ambiental. Acondicionar Las Arenas exige, como condición previa, garantizar la calidad de las aguas del Eresma: completar la red de saneamiento, controlar los vertidos difusos de la cuenca y vigilar de manera periódica los parámetros sanitarios. Es decir, la rehabilitación obligaría a las administraciones a culminar tareas pendientes desde hace décadas, con beneficios que trascenderían con mucho el propio paraje. Un río apto para el baño es, por definición, un río sano: bueno para la fauna, para la vegetación de ribera y para el paisaje que enmarca el conjunto monumental de Segovia, declarado Patrimonio de la Humanidad precisamente por la armonía entre la ciudad y su entorno natural.

Habría que hacer una rehabilitación sensata, no necesita ser grandilocuente. Al contrario: el valor de Las Arenas reside en su carácter natural, y cualquier actuación debería respetarlo. Bastaría con un proyecto de limpieza y desbroce selectivo de las riberas, la recuperación del área de arena mediante aportes controlados que no alteren la dinámica fluvial, la instalación de mobiliario sencillo —duchas, vestuarios prefabricados de bajo impacto, papeleras, accesos para personas con movilidad reducida—, un servicio estival de socorrismo y vigilancia, y la señalización clara de las zonas de baño autorizado. Todo ello, acompañado de un plan de seguimiento de la calidad del agua y de un protocolo de cierre cuando los caudales o los parámetros sanitarios así lo aconsejen.

El coste de una actuación así es perfectamente asumible para nuestro Ayuntamiento, no habría ninguna necesidad de recabar fondos gubernamentales ni comunitarios. Y la gestión cotidiana podría apoyarse en convenios con asociaciones vecinales, con federaciones deportivas —canoa, natación en aguas abiertas, pesca— y con los centros educativos, que encontrarían en Las Arenas un aula al aire libre para enseñar ecología fluvial.

Devolver Las Arenas a su uso histórico sería, en suma, un acto de justicia con la memoria de la Ciudad y, a la vez, una decisión moderna, y ambiental y socialmente sensata. Pocas inversiones públicas ofrecen un retorno tan amplio: salud, convivencia, frescor en verano, calidad ambiental, atractivo turístico y, sobre todo, el reencuentro de los segovianos con su río. Porque una ciudad que da la espalda a sus aguas se empobrece, y una ciudad que las recupera se redescubre. El padre Eresma sigue corriendo al pie de las murallas, paciente, esperando que volvamos a bajar a sus orillas con la toalla bajo el brazo.


 

Author: Alfonso Ceballos-Escalera y Gila

Doctor en Derecho e Historia. Concejal de Vox en el Ayuntamiento de Segovia.

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7 Comments

  1. Buen artículo señor Alfonso. Esperemos que se recuperen Las Arenas como espacio de ocio para todos los segovianos.

    Además me permito sugerirle que escriba un artículo sobre el ingeniero Federico Cantero Villamil y sus proyectos y patentes.

    Fue un personaje fascinante muy ligado a La Granja sin el reconocimiento que se merece.

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  2. Si este artículo (del que estoy de acuerdo en gran parte) lo hubiera escrito Guillermo San Juan de Segoviaenmarcha la regresía habitual de este diario estaría diciendo: que si se piensan de esto es la RDA, vaya ideas de Corea del Norte, el aumento de las temperaturas no existe y eso es woke, vaya manera de tirar el dinero que de los impuestos, vete a Cuba a bañarte, las Arenas así están bien no metas tus manos comunistas en eso.

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    • ¿Manin tienes que meter la política en todo? Qué hartazgo.

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    • Hasta cuando algo, le parece bien, tiene que darle la vuelta para emitir su critica habitual.

      Aun recuerdo aquellos felices años en que todos bajabamos a la “Playa artificial de las Arenas”. Recuerdo el dos caballos de mi padre, que a la vuelta no era capaz de coronar y teniamos que bajarnos todos y hacer a pie el ultimo tramo. El chiringuito, habia aseos y hasta una nave almacen para las piraguas. Otro mas atrevidos se bañaban en la presa.

      No se si la realidad, comodidad y gustos actuales. Permiten que la idea se transforme en realidad. Pero por mi parte la idea me parece fantastica. Venga de quien venga Señor Manin

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  3. Me parece una idea fantástica y espero que pase a ser una realidad.
    Gracias

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  4. El proyecto, ambicioso y que supongo implicaría a distintos organismos locales y autonómicos (y me atrevo a decir europeos tocando la tecla adecuada) y costoso por ello, redondearía el enorme trabajo llevado a cabo por el Ayuntamiento por los técnicos de Medio Ambiente, capitaneados por el inasequible al desaliento Leopoldo Yoldi bajo distintos mandatos de diferentes color político, desde los 80. Tarea aparentemente inalcanzable pero que se han materializado en el espléndido entorno verde de que disfrutamos actualmente.
    Por ello, no lo veo inalcanzable y me parece que con tesón, trabajo y buscando la financiación adecuada, podría lograrse con el aplauso de todos los segovianos, especialmente de aquellos para los que, que en razón de nuestra edad, constituyó el paisaje de nuestra edad y ya de nuestros recuerdos, dada su actual degradación.

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