En la montonera de despropósitos y meteduras de pata cometidas por la Junta durante esta pandemia tengo dos subrayados en rojo: aquella salida de pata de banco que fue la ampliación a las ocho de la tarde del toque de queda por decisión unilateral de la Junta que nos regalaron nuestras autoridades nada más acabarse la Navidad y que el Supremo tardó un mes en prohibir cautelarmente; y el guirigay que han montado esta semana a costa del intento, otra vez, por decisión unilateral, de la vacuna de AstraZeneca. Será casualidad, pero ambas se decidieron apresuradamente y por sorpresa y siempre después de una intervención oportunista del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez , de esas llenas de promesas y un mensaje del tipo ‘tranquilos que ya estoy yo aquí y os voy a salvar a todos’ que tanto gusta en Moncloa y tanto enfada —ha dado sobradas muestras de ello— al vicepresidente Francisco Igea.
En el asunto de la precipitada suspensión de la vacunación, el miércoles, todo suena a que se disponía de un chivatazo sobre el informe que emitiría la Agencia del Medicamento acerca del preparado y sus efectos que quien tomara la decisión en Valladolid —no nos han dicho quien es el padre de la idea aunque los que han pedido disculpas han sido Igea y la consejera Verónica Casado— quiso convertir en éxito político incluso a costa de una decisión que no puede tomar una autonomía por su cuenta. Claro, que la EMA se quedó a medio camino, no retiró la vacuna y recomendó seguir vacunando y así… ¡el culo al aire! (Como no sabemos de quien es, se puede decir culo.)
No me vale la moto de que las cosas se hacían por prudencia y pensando en el ciudadano, que, de entrada, se permitió a numerosas personas realizar viajes, largos en muchos casos, hasta su centro de vacunación para volverse sin recibir el pinchazo y cabreados. Además, han conseguido que se multiplique el recelo hacia la vacuna de Astra y que el ciudadano mire la programación de las vacunaciones —esa es como el parte meteorológico: hay que mirarlo cada día y varias veces— deseando no salir agraciado con la marca que se ha elevado a maldita. Pregunte, pregunte a los incluidos en la franja de 60 a 70 años, que verá que llevan una ceja levantada, o si quiere lo contrario, pregunte a los que están por debajo de esa edad y “se han librado”.
Si está por las encuestas no hay que olvidarse de todos esos ciudadanos a los que la “adaptación de la programación de vacunas” que dice la ministra Darias les ha pillado con una dosis en el cuerpo y un “ya veremos” de las autoridades sobre la forma de terminar su ciclo de vacunación. Hasta en esto se ve la forma de trabajar de Sanidad. Casado decía hoy que no hay prisa por tomar esa decisión porque los primeros a los que les toca la segunda dosis de la firma sueca están programados a partir del 5 de mayo así que “hay tiempo”.
Pues nada, para el 4 de mayo. Es cierto que el problema es global y por tanto la solución le llegará servida a la Junta, pero estará conmigo en la comprensión de la lógica desazón del que está esperando a que le digan si le ponen una segunda dosis de otra vacuna —¿No era una locura esta posibilidad hace unos meses?— si le dejan como está, sin más dosis, y protegido al 70 por cien del virus o si le cascan la segunda dosis prevista. Menudo panorama.
La plantilla
Lo chusco no se acaba. Demostrando que hay algo de funcionamiento por estímulos en la Consejería de Sanidad aparecen las ochocientas comunicaciones que la Junta lleva enviados entre el miércoles y el jueves con los calendarios de vacunación en medio de la confusión. Se citó primero a los nacidos en dos años concretos, luego se amplió a tres, luego se recolocó. Se hacía llamamiento a mayores de 60 años y se advertía que no debían ponérsela las embarazadas. También se vetaba en principio a los que hubieran enfermado del virus en los meses anteriores, luego se quitó la cláusula…
A ver, que todo indica que los que hacen estos comunicados trabajan con plantillas sobre las que se efectúan los cambios y que cuando uno va con prisas, como era el caso, puede equivocarse y hacerlo incluso varias veces. Claro, que eso no evita que el ciudadano se desoriente aún un poquito más.
Y ya estamos perdidos y un tanto desesperados hace tiempo. No nos hace falta más ayuda, sino todo lo contrario.













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