free web stats

Cheque en blanco

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE obtendrá en la consulta formulada a la militancia sobre el pacto de gobierno un cheque en blanco para hacer lo que quiera, pactar con quien quiera y de la manera que prefiera. En realidad, esta consulta resulta innecesaria, dado que él es el dueño y señor del partido, y, por tanto, hace y deshace a su antojo. Se trata más de una cuestión estética para aparentar lo que realmente no se es, pero que deja en muy mal lugar a los afiliados del partido, convirtiéndolos en seguidores sumisos sin posibilidad de debatir y pronunciarse sobre los temas sustantivos y de calado político de este proceso. Es simplemente una escenificación más del proceso, a la que se suma la celebración del último Comité Federal del PSOE, la foto de los representantes del partido con el prófugo y ERC, y cualquier otra acción que se realice, ya sea por exigencias del guion o por obligaciones impuestas por sus interlocutores.

No importa que la mayor parte de los militantes socialistas se dejen llevar en el baile y hagan de su compromiso político una mera comparsa, ¡allá ellos! Lo que resulta difícil de entender son los argumentos que se utilizan para persuadir a la ciudadanía de que el pacto responde al interés y a lo que necesita España. Nos tratan como tontos, cuando en realidad lo que están buscando es un pacto como sea para que no se repitan las elecciones, ya que las probabilidades de que gobierne el PP, en ese caso, son muy altas, y de seguir gobernando a toda costa y con cualquier sacrificio. Es un argumento que muchos socialistas reconocen en privado, y en el caso de que el PP se encontrara en una situación parecida, conocida la trayectoria de Núñez Feijóo, no extrañaría que aplicara una receta similar. Hoy, por desgracia, la política ha dejado de ser esa función noble y generosa que debiera anteponer el interés general a cualquier otro fin espurio para instrumentalizarlo en favor de intereses partidistas.

El acuerdo con los independentistas para llevar a término el proceso de investidura, según las manifestaciones escénicas que conocemos hasta el momento, gira en torno a dos grandes temas principales: la amnistía para los encausados en el procés y la condonación de la deuda fiscal a Cataluña, del orden sólo de los 15.000 millones de euros. Ambas acciones no son neutras en absoluto para el común de los ciudadanos.

La amnistía requiere un análisis jurídico y político. El primero pivota en torno a la constitucionalidad de la medida. El silencio de la Constitución sobre la amnistía y la falta de jurisprudencia sobre esta cuestión han dado lugar a opiniones jurídicas enfrentadas de importantes juristas. No obstante, es difícil que una ley de amnistía como la que se plantea con relación a los delitos relacionados en el procés pueda superar el test de constitucionalidad, por ser contraria a los principios de igualdad ante la ley e interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos, así como por vulnerar el derecho a la tutela judicial efectiva. Siempre existe la posibilidad de plantear un subterfugio, como ocurrió con la ley de amnistía fiscal del PP en 2012, a la que se denominó como “declaración tributaria especial”. El Tribunal Constitucional la declaró nula e inconstitucional cinco años más tarde. Se da la circunstancia de que la tramitación de esta ley contó con el apoyo favorable de la antigua Convergència, hoy Junts per Catalunya, y aspirantes a socios determinantes de un futuro gobierno, pero de signo contrario al existente en ese momento.

Pero el debate sobre la amnistía es ante todo un debate político que debe pivotar en torno a cuatro factores. En primer lugar, lo correcto en términos democráticos sobre una iniciativa de tan profundo calado, dada la quiebra de derechos fundamentales que puede generar su aplicación, es que se debata y defienda ante la ciudanía, mucho más cuando su articulación se justifica en un cambio de posición sobrevenida por razones instrumentales. En segundo lugar, aunque la fórmula jurídica para la aprobación de una amnistía es una ley orgánica -basta mayoría absoluta- una ley como la anunciada debe contar con un consenso amplio tendente a la unanimidad. Imprescindible el apoyo de las principales fuerzas políticas en Cataluña, pero también en España. Se trata de una materia que requeriría un Pacto de Estado. En tercer lugar, la amnistía supone un cuestionamiento de la democracia española y de sus instituciones, al reconocer que su actuación fue en cierta medida ilegítima, injusta y arbitraria. Significa validar la presentación que los líderes del procés hicieron en el exterior de España como país opresor. Y, por último, en cuarto lugar, se ha de verificar el arrepentimiento y compromiso político de que los hechos acaecidos contra el Estado no vuelvan a repetirse. Sólo bajo la premisa de estos cuatro factores se estará ante un proceso político consistente.

En cuanto a la condonación de la deuda fiscal, cabe destacar que Cataluña siempre se ha caracterizado por una gestión laxa en lo económico de la administración de sus servicios públicos y una alta retribución de sus funcionarios. Ahora, nos tocará a todos, también a los castellanos y leoneses, pagar la factura a pesar de nuestros graves problemas estructurales y de la falta de un tejido económico como el que tienen otras regiones de España. No se puede invocar la solidaridad en este caso, porque socialmente no es ni progresista ni justo que se les dé un trato de favor.

A tenor del ambiente que se palpa en la calle estos días, al menos en Castilla y León, el cheque en blanco le puede salir muy caro a los socialistas. Muchos de sus votantes tradicionales reniegan a voz en grito sobre su adhesión al partido. La ambición puede romper el saco, y es que cuando uno cabalga a lomos de un tigre, lo más probable es que se caiga y lo acabe devorando. La democracia española necesita partidos fuertes que permitan dar estabilidad y proyectar el futuro de nuestro país. Sería una lástima que el partido que ha contribuido a escribir una de las mejores páginas de nuestra historia desde la Transición caiga en el ostracismo por la falta de visión política y sentido de Estado de sus dirigentes.


Author: Andrés Segovia

Política provincial, autonómica y nacional

Share This Post On