Acueducto2

Cataluña y lo que puede pasar

De una cosa estoy seguro, el independentismo ganará de calle esta primera batalla. Su objetivo no era otro que movilizar a su enorme masa social, acrecentarla, eclipsar más si cabe a la eclipsada sociedad catalana opositora, y sobre todo, trasladar al mundo una imagen: Ingentes masas ilusionadas, pacíficas y radiantes tratando de votar y no pudiéndolo hacer por culpa de la policía.

Además de la imagen, en el camino Puigdemont ha ganado dos importantes batallas. La primera, la gran mayoría de los catalanes se sienten ahora más ninguneados que nunca por Madrid. Y gente ninguneada es temible en cualquier caso.

Segundo: tiene a Podemos (imperdonable lo suyo) y al PNV de su lado, para mí agentes esenciales en este contencioso. ¿Frente a eso que puede oponer Rajoy? Puede exhibir una foto con Trump y, mal que bien (ya veremos) jactarse del mantenimiento de la legalidad. Como tal, y como ya se encargarán de titular El Pais, El Mundo y ABC, “el referéndum fracasó”.

Como batalla política en cambio, el secesionismo nos ha endosado un 3 a 1. Esta es la cruda realidad. En el mundo 2.0  de la posverdad y de los eslóganes, con la mera razón legal y la abnegada Guardia Civil no se gana la batalla del relato. Y de eso se trata.

A lo hecho pecho. Ahora viene lo tremendo. Siguiendo la hoja de ruta, y pase lo que pase el domingo, tocaría una solemne sesión en el Parlament a mediados de octubre. A modo de Irlanda 1919. Con centenares de miles patriotas celebrando la declaración de la república. Por lo que pueda ser la Generalitat ya ha fijado servicios mínimos para una huelga general del 3 al 9 de octubre. Acto seguido, saltamos a nivel dos. Disolución del autogobierno y un otoño de vértigo que, dándose mal -porque bien no terminará- confluirá en unas elecciones Autonómicas. Dándose peor, en unas Generales. Y más fotos estrepitosas con la opinión pública mundial cada vez más cansada de la gestión de la crisis -ya europea- que está haciendo Madrid. Dándose pésimamente no me atrevo ni a pensar… Sabido es que jugar a las banderas quema.

Sin embargo sigo pensando que no va a ser así. Puigdemont, Junqueras saben que perder el autogobierno es muy peligroso para la causa. ¿Por qué? En primer lugar, un estado de verdad demanda poder coercitivo y reconocimiento internacional. A lo sumo, podría encastillarse en una república de papel, una Rutenia sin voz ni cara en el contexto internacional. Una república de papel que no controla bancos, impuestos, nóminas, subvenciones para Omnium Cultural y tantos y tantos chiringuitos patrioteros…. Tener a gente en la calle está muy bien pero detentar el poder es aún mejor. Además, de seguir así, Puigdemont corre dos serios riesgos más: una que su gente se canse y vea finalmente lo que hay, una mera ilusión colectiva; otra que la gente que no es suya se harte y empiece a exigir el Volem Votar!, pero sin payasadas ni urnas opacas. Con juntas electorales, colegios, reglas limpias y un poder neutro, que no decrete vacaciones en las escuelas para pasear banderas en las concentraciones.

Banderas españolas en los balcones de Segovia.

Simultáneamente, Puigdemont -también Rajoy- van a soportar una inmensa presión para que salgan de la situación de enroque y negocien. Hablo del PSOE, de Europa, de La Caixa (sibilinamente muda en todo este trajín). La demanda de diálogo será tal que ni Puigdemont va a poderse hacerse el loco. Y Rajoy menos, que a la mínima tiene una moción de censura y de esta a la calle. A los números me remito. Ahora mismo, en las Cortes PSOE + Podemos + PDCAT + ERC suman 178, dos más que la mayoría absoluta. La paciencia tiene un límite.

Ahora bien, ¿negociar qué? Sinceramente, nosotros los españoles no podemos conceder a Cataluña lo que Cataluña demanda: la soberanía. Eso sería destruirnos como país. Y al revés lo mismo, ERC ni PDCAT pueden renunciar a ello. Se pueden explorar otras vías, y siempre me ha parecido muy interesante la teoría de Urkullu acerca de la cosoberanía y la gobernanza multinivel (abstrusa pero molona). Esa discusión, sin embargo, es a muy largo plazo y enormemente compleja. Hablamos de una nueva constitución. Me sorprendería que Puigdemont se contentara con eso. No encaja en su relato ser un Pujol II y aparecer firmando una carta magna bajo un sonriente retrato de Felipe  VI.

Y repito la pregunta ¿negociar qué? A corto plazo, para salir del brete, no veo otra que ceder en lo del referéndum pero con cabeza: transferencia de las competencias en consultas de naturaleza no vinculante para el Gobierno central y, por supuesto, no sustitutivas de la legalidad vigente. Fácil, pasada Navidad, los catalanes tendrán dos urnas para votar. Una urna vinculante al Parlament, otra consultiva, la independencia. Contra lo que pueda pensarse el unionismo tiene mucho que ganar, nada que perder. Y cuando digo mucho es mucho. Ellos, sin embargo, seguirían igual: atrapados en su burbuja de significados, sin poder coercitivo ni respaldo internacional. Por así decir, invertimos la situación “win-win” en que está ahora Puigdemont gracias a la inacción de Rajoy y le ponemos en la inercia que se merece de “lost-lost”. Ojalá.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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3 Comments

  1. Hay una cosa clara la gestión nefasta de un gobierno de la nación nefasto (la clase política, en general, tampoco digamos que ha estado a la altura de las circunstancias). ¡Hala! los ‘Calimochos’, peores que la CUP y los podemitas unidos, a la faena. O mejor a la cargaaa…

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  2. Esto tiene que tener una solución y es la de votar, un referendum pactado en el que los catalanes decidan libremente.
    Si esto es así, como hemos perdido tanto tiempo, esfuerzo y sobre todo verguenza, nos lo podiamos haber ahorrado.

    Me parece que con el tema catalan el pp, del Sr. Rajoy nos deja otra “herencia recibida”,. Sería bueno que por decencia los puydemon, y los rajoy hicieran las maletas, todo ha sido desafortunado.
    Los medios de comunicación tambien se lo tenían que hacer mirar, pero ya es un cláscio que entiempos de conflicto, la verdad es lo primero que desaparece.

    …. y que decir de los ¡¡calimochos¡, desenfundando banderas, borrando rapidamente el aguilucho franquista, y sus gritos de tribales Oee, oeeoee. Tenían que leer mas, ver menos pantufladas y escuchar el violochello de Casals. Visca Cataluña, soberana.

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