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Balance Final

(Dedico las presentes a tí, listillo, pasmarote de secano, que te has quedado ni maño ni castellano. El mismo que ayer, pasado Calatayud en la estación El Cisne, me viste vaciando latas de aceite en el motor de mi bravo Kia… Uff, me dijiste, tienes la junta de la culata rajada por la mitad, no llegas ni al taller… Y te largaste tan pancho cual payaso de majano… Pues entérate y conoce muerde-almohadas, que porque tienes un Audi de los chinos te crees Adrian Newey, no solo llegué al Burgo, sino que me paré en San Esteban, todo encogido que no me llegaba la camisa al cuello. Miro el aceite y aquello estaba que no perdía ni gota con la que aliñar una oliva… Así que sigo hasta Ayllón, a mis reales de Palazuelos, y aún me dio por bajar al foro a tomarme un pincho, listín… ¡la junta la culata!, dices… Tú si que tienes la culata deteriorada, que a saber en que lodozal de zanahorias campas ahora buscando la que te encaje… Retardado, que eres un incapaz)

Bueno, total que llego a misas dichas. Con Arahuetes de Autónomo, momento de pasar somero balance.

Por caridad cristiana no voy a dar las “razones personales” por las que se va. Pero si alguien quiere pistas, que mire algunos vídeos de Arahuetes pululando por ahí. Cualquier especialista les dirá lo que hay.

Arahuetes llegó hace once años cargado de energía. En un pispás arregló dos historias que la ciudad llevaba lustros arrastrando, el mamotreto aquél frente al Acueducto y la Casa de la Moneda (bien es cierto que había habido un duro trabajo previo de la hoy olvidada Ana Pastor). Puso al día el catálogo de propiedades y terminó la remodelación de José Zorrilla y pienso que hasta ahí… Pienso que se le acabó la pasta y con ella la energía.

Sus amigos de cañas de entonces, que no son los de ahora, dicen que Arahuetes cambió. “De ser un tipo normal pasó a creerse el rey del mambo, te trataba como a un mierdín. Salir con él empezó a ser un coñazo”, me cuenta uno, hoy harto de él. Imagino por donde van los tiros.

Para entonces, Arahuetes, que de socialista nunca tuvo ni los pelos (no sabe ni lo que es esto del socialismo), había madurado una ideología cutre que había de ser la ruina de esta ciudad. Una especie de segovianismo populista, entre lo castizo y lo casposo. Pero ¡ojo!, una nacionalismo de barriada. Que a lo más lejos llegaba a Nueva Segovia. Lo dicen los alcaldes del alfoz, unánimemente aliviados de ver desaparecer a tamaño ejemplar de la escena municipal: “imposible trabajar con Pedro Arahuetes, ni siquiera sabe que existimos”, me cuenta uno, que además es del PSOE.

Un populismo que le llevó a convertirse en jefe de escuadra de los barrios electoralmente clave. Puso en marcha brigadillas de acción rápida para bachear Nueva Segovia, la Albuera y San Lorenzo, sus barrios, al resto que les dieran morcilla que por algo votan al Postigo. Se hinchó a bailar con aguederas, a comer paellas populares y a sintonizar con los vecinos explicándoles de que va el contenedor azul.

En su honor voy a decir que Arahuetes ha sido un alcalde diferente, que ha sabido sintonizar con el votante medio de los barrios electoralmente clave. Yo creo que se le percibía como una excepción; frente a los apijados alcaldes anteriores Arahuetes tenía con la gente (bueno, alguna gente) lo que un alcalde debe tener. Cercanía, trato, capacidad didáctica. Bien gestionado desde alcaldía por profesionales como Ignacio García Granados (y sus dos anteriores jefes de gabinete) este talento político para la distancia corta había de auparles a tres mandatos consecutivos.

Pero agotada hace 8 años la energía aquella de los primeros días, se ha limitado a organizar festejos, dando la espalda a los tumores que se comían la vieja Segovia, la desertización del casco histórico, la ausencia de empresas, los estrepitosos fracasos que uno tras otro han caracterizado sus últimos seis años. El empufamiento constante de las arcas municipales por más que los impuestos no han parado de subir.

¿Qué hacer? Pues lo que hace la gente como Arahuetes, construir un relato autónomo sin pies ni cabeza en el cual tú eres el bueno luchando contra todos los demás que son los malos. En una palabra, irse de la olla, incapaz de asumir la menor crítica. Vean sino su despedida, entre llantina y suspiro (yo ya no aguanto tanto llorón ¿es que la gente ha perdido ya el autocontrol?¿Es que dentro de unos años los alcaldes se irán con un cerco de pis en los pantalones?¿Tan mal está el patio?). Allí se nos dice que “se va sin comprender las oscuras razones” que han impedido la culminación de todos y cada uno de los grandes proyectos a los que se fiaba el futuro de la ciudad. Y cita Arahuetes la conclusión del campus universitario, el Cervantes, el CAT, el instituto de San Lorenzo y un CAP en Nueva Segovia. Se olvida claro, de “las oscuras razones” que le han convertido en el alcalde que ha inagurado más obras de los demás, un hospital, un centro de salud, una autovía, una línea de AVE, una universidad…

Llama al cielo lo del Cervantes y el CAT. Ambos proyectos han fracasado por pura y dura ineptitud. El primero, porque algún iluminado le metió una altura desaforada y a la vista queda. ¿Qué había de hacer la Junta? Perdido un tiempo precioso en cabezonadas y sentencias condenatorias España entró en una inercia en la que no queda pasta para teatros. El CAT dos cuartos de lo mismo. Se dilapidaron 9 millones 9 es fiestitas varias, se empezaron las obras mal y tarde, totalmente fuera de plazo. Llegó un día que tocó justificar los gastos, no se pudo y en eso estamos. Respecto al IES de San Lorenzo y el CAP de Nueva Segovia, pues algún día habrá que decir a los vecinos: miren, no es normal que perdiendo población año tras año se deslpilfarre en equipamientos (duro pero real). En Segovia ciudad, la enseñanza secundaria tiene un sobrante de mil plazas (y eso porque se envía a gente del alfoz a llenarlos). ¿Realmente queremos los contribuyentes gastar en nuevos equipos de profesores, sanitarios, obras, mantenimiento?

Y estamos de nuevo ante el problema de fondo de Segovia ciudad. Uno del que Arahuetes ni siquiera se ha percatado de su existencia. Segovia es la quinta capital más pequeña de España. Su nimiedad demográfica impide rentabilizar servicios públicos, y peor, impide también que las empresas locales tengan un base algo mejor que miserable. Pero a diferencia de Soria, Teruel o Huesca, Segovia tiene algo que las otras no, patrimonio, estructuras y cercanía frente a territorios saturados. Ese es el futuro. Y en este campo Arahuetes ha sido el cero a la izquierda más absoluto que se recuerda. Ningún otro alcalde ha tenido un AVE, autovía, buenas comunicaciones, el santo de cara… Los de Nueva Segovia pueden estar contentos, tienen un barrio bien bacheadito, pero sus hijos no tienen el menor futuro en esta ciudad. Es lo que aparejan los nacionalismos: Aislamiento, anemia económica, declive…

¿Con todo el crédito consumido en bobadas y obras sin terminar, sin posibilidad alguna de generar recursos, y con la cabeza puesta en culturetadas que rindan tributo a la Segunda República, podrá Clara Luquero enderezar esta historia? Ojalá.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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5 Comments

  1. Tranquilo, Luis. Disparado el último cañonazo contra Arahuetes, usted, al igual que el PP en el Ayuntamiento, habrán de ser más originales. Se les ha ido el objetivo de sus dardos.
    Ahora a empujar a PPostigo, a PPalomo o a quien sea hacia la alcaldía.

    Ánimo, Luis.

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  2. Ójala señor Besa, pero se le olvidó decir claramente que la culpa de todo es de Herrera, por supuesto, faltaría plus. Por cierto, de los dos logros -?- que usted comenta se podría hablar largo y tendido, mejor no meneallo. Ójala veamos, oigamos y sintamos algo de sensatez, aunque según queda el percal poco o nada hay para cortar.

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  3. Hay l’as dao Blesa, al pan pan…

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  4. Estas obsesionado con Arahuetes, , y ya se sabe, el árbol no deja ver el bosque….

    De todas formas, me gustan tus articulos y como no, hay algunos párrafos muy aprovechables .

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  5. “a saber en qué lodozal de zanahorias campas ahora buscando la que te encaje…”

    ea, para que luego digan que la lengua de Cervantes no es bonita.

    (Qué panzá de reir, por Diossss)

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