Esta entrada esta dedicada a una garza real. En concreto a una garza real que apareció muerta hace unos días cerca de donde vivo. Apareció muerta prácticamente en el casco urbano de la población, a pocos metros de la última construcción de la población. Todo lo que voy a contar tiene el presunto por delante, salvo su muerte, que es cierta y entera.
Era una garza que solía alimentarse (o pescar) a pocos metros de la puerta de mi casa. Desde la habitación que he destinado a biblioteca en mi casa se la podía ver mañanas enteras con las patas en el agua colmada de paciencia, esperando a que comida acudiera a la mesa. Sus colores azules y grises, con vientre blanco y pico amarillos anunciaba en muchos casos la llegada de la primavera y el despertar de los cangrejos en mayo-junio. Y solía anunciarlo cuando el Eresma en sus crecidas primaverales de lluvia y deshielo la hacía imposible ganarse el sustento en su cauce.
Entonces buscaba el cauce estable y bajo del arroyo. Y ahí estaba todas primaveras.
Llegando el calor buscaba el marisco de los cangrejos de rió cuando los rayos del sol despertaba a estos invertebrados y comenzaban su andanzas por las aguas. Pequeños montones de cáscaras, donde quedaban intactas cabezas y pinzas, mostraban las comidas, más o menos abundantes, que mantenían la presencia de la garza, mientras yo, distante entre libros y apuntes, la observaba como quien observa un reloj dar las horas o ve pasar las hojas de un calendario.
El otro día apareció muerta. Presuntamente por disparos de un mal cazador. Presuntamente en los últimos días de la temporada de caza (que este año nunca se debió haber abierto por la escasez de piezas) y el frío de los últimos días la conservó como si estuviera en un congelador. Todo está por confirmar, ya que agentes de la Junta de Castilla y León la recogieron para hacer una necropsia y determinar las causas definitivas de su muerte.
Por eso, por que ha dejado un hueco en el paisaje de mi ventana, le dedico esta entrada, y reniego de los malos cazadores (presuntamente) que matan especies protegidas para dejar que luego se las coman los gusanos. Eso no es ser cazador. Eso (presuntamente) es ser otra cosa.
En la imagen, el ejemplar de garza abatido y los cartuchos que presuntamente acabaron con ella.
“Que por mayo era por mayo,/ cuando hace la calor, / cuando los trigos encañan / y están los campos en flor, / cuando canta la calandria / y responde el ruiseñor, / cuando los enamorados / van a servir al amor; / sino yo, triste, cuitado, / que vivo en esta prisión; / que ni sé cuando es de día / ni cuando las noches son, / sino por una avecilla / que me cantaba al albor. / Matómela un ballestero; / déle Dios mal galardón.”














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