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Sinodal sin Sinodal o cómo despilfarrar el patrimonio

Les aconsejo que si alguna vez tienen a mano acudir a una conferencia/clase/lo que sea impartida por Jesús Félix Pascual, vayan. Jesús Félix es un joven profesor de historia del arte en el grado de Publicidad de la UVa. De vez en vez nos ilustra en algún seminario y es toda una delicia escucharle.

La última versaba sobre el arte mediático. ¿Saben esas fotos del Louvre donde todo el mundo aparece haciéndose un selfie junto a la Gioconda? Pues de eso. Probablemente, si uno quiere maravillarse con los trípticos de El Bosco, lo mejor no sea plantarse en la cola de El Prado, recorrer varios kilómetros de galerías y apelotonarse ante la pieza. Lo mejor sería tirar de algún recurso de Google con la obra a super-resolución para ampliar al detalle cada grano de pintura, filtros para ver en infrarojos, en diversas luces (es lo que hace la gente que realmente estudia estas obras)… Pero claro, no es lo mismo.

Ir a ver un cuadro de estos mediáticos es contarlo. Es el Yo Lo He Visto. Es la vinculación emocional con el objeto único. Es un punto en tu curriculum. ¿Snob? Menos de lo que parece y en cualquier caso verdadera dinamo del turismo: experimentar. Viene esto a cuento de cierta frustración que me entró cuando, visitando la muestra El Sinodal de Aguilafuente y la Primera Imprenta Española vi que el Sinodal allí expuesto es un facsímil. No es el de verdad.

La muestra de Aguilafuente es estupenda. Me gustó. Combina información visual con objetos de interés. Ha costado trabajo y recursos sacarla adelante. En rigor, el Sinodal es un modesto legajo, 48 cuartillas a texto corrido, todo en blanco y negro. Ni siquiera tiene esas portadillas barrocas de los impresos del Siglo de Oro. Pero no está en la exposición que aquí y ahora glosa la historia del libro.

Vaya por delante que no pongo en cuestión el trabajo de Miguel Ángel Barbado como responsable del patrimonio de la diócesis. No debe ser fácil mantener con tres pesetas la ingente cantidad de arte de las iglesias segovianas. Pero su planteamiento de no ceder “bajo ningún concepto” el Sinodal por motivos de prudencia me pareció ultramontano no, lo siguiente.

Alega Barbado cuestiones de riesgos para la integridad de “algo único”. Cierto, el papel es débil. Pero no es menos cierto que la tecnología actual ofrece mil soluciones. Luces frías, sistemas de seguridad, preservadores de humedad, urnas blindadas…

En otras palabras, con esto de El Sinodal estamos haciendo el ridículo. Tenemos un totem cultural encerrado en un cajón, tras una puerta blindada, en una sala de seguridad. De acuerdo, si alguien está interesado en verlo, solicita un permiso, concierta una cita, se lo muestran… Yo lo he visto así. Pero me da que esa manipulación (¿qué lo sacan? ¿10, 20, 50 veces al año?) al final resulta más contraproducente que tenerlo bien expuesto, bien explicado, bien difundido.

Y no lo puedo entender. La propia Catedral -imagino que eso se lo han dicho decenas de veces a Barbado- dispone de un valor añadido de primer orden no ya con el primer libro impreso en España, sino con su impresionante colección de incunables. ¿A qué espera para exponerlo como Dios manda? Habilitar en alguna zona de la Catedral un espacio específico y decirle a los visitantes, señores, aquí está el incunable más viejo de España.

“No se pueden correr riesgos”, cierro y corto. Es la explicación. Falsa explicación, porque como digo, me da que es más peligroso para el libro entrar y salir del cajón que yacer inmutable en una vitrina personalizada a la vista del respetable. Pero hay más, en la web de la Catedral, cuyo cabildo es el legítimo propietario del libro, ni una foto, ni una línea (no al menos entre las páginas principales). Como si el Sinodal se lo hubieran jugado a las cartas los señores canónigos. O como si en las peores pesadillas de Barbado entrase un chispas a levantarse el libro, tal cual sucedió con el Codex Calistinus de Santiago o el Beato de Liébana de la Seo d’Urgell (ambos recuperados, por cierto). Nada, mejor no decir nada. No lo vayan a robar.

Son tics conservadores de esta Segovia que nunca acabaré de entender.

Otro. Congreso provincial del PP. Al senador Juan Ramón Represa se le encomienda velar por la limpieza del proceso en conformidad con los estatutos del partido. Pues bueno. Va el candidato alternativo, pide un listado de militantes al día en el pago de las cuotas, tal cual pone que se le debe dar. En lugar de mirar por la aplicación de los estatutos, resulta que Represa mira por la Protección de Datos. No podemos porque lo impide diche ley, nos dice literalmente. Y se queda tan ancho y sonriente.

OK. Existe esa ley (absurda como pocas, pero ley, y supuestas multas y pamplinas y milongas que nadie cumple). Como existe otra ley (también con sanciones y que tampoco se cumple) que obliga a Represa a entregar los listados, y como existirá otra ley de Prevención de Riesgos (que tampoco se cumple) según la cual para la entrega de dicho material hay que ir calzado con botas de suela de goma.

¿Con qué ley me quedo? Esta es la pregunta. No qué debo hacer, no en qué puedo mejorar las cosas. No. La pregunta es qué ley aplico y la respuesta; aquella que mejor me permita no hacer nada de nada y quedar a buenas con el jefe. ¿Jugármela yo? Eso no va a pasar. Líbrenos el cielo de la funesta manía de pensar.

Menos mal que no todo el mundo es del mismo tenor. En la muestra de Aguilafuente hay incunables y bulas impresas de enorme interés. Las han traído de la Complutense, de archivos y colecciones particulares. Saben que su trabajo como docentes y científicos pasa porque la sociedad conozca y valore su trabajo, y de paso se instruya el personal, que va siendo hora.

 

Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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2 Comments

  1. Señor Besa, mientras los Partidos sean agencias de colocación, a plazo fijo, olvídese de ‘limpiezas’ y de la tan maltratada palabra democracia. Un saludo.

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  2. Excelente análisis del señor Besa sobre la cultura política y la política de la cultura de nuestra ciudad donde da igual ser del PSOE que del PP. Tanto unos como otros usan la cultura como herramienta política. A veces para captar votos, otras veces para lanzarla afilada para hacer daño. Y casi nunca para lograr más ciudadanía y convertir en ciudadanos a quien más la necesita. Así somos y así nos tratan.

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