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Octava del Corpus en Fuentepelayo, tradición con marca

El jueves 22 de junio, Octava del Corpus, en Fuentepelayo y tal como pasa desde hace cientos de años se desarrolla una de las tradiciones más espectaculares de Segovia. Un grupo de ocho mozos va abriendo paso a la procesión entre las dos formidables iglesias del pueblo, con espectaculares paloteos y un arco humano de honor. Todo estrictamente reglado, con trajes que pasan de generación en generación y cargados de significado.

Es la Octava de Fuentepelayo, fiesta que el jueves 16 de junio recibió de manos del presidente de la Diputación, Francisco Vázquez, el marchamo de “Manifestación de Interés Cultural Provincial”. Sello de distinción que actualmente solo ostentaba La Procesión de los Cirios, de Santa María, y con el que el Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana Manuel González Herrero persigue llamar la atención y alentar la preservación de tradiciones especialmente generadoras de identidad y arraigadas en nuestro folclore.

Muy emocionado, el alcalde, Daniel López Torrego, animó a los actuales danzantes a seguir con la tradición “sea como sea”. No es fácil en Fuentepelayo reunir actualmente a 8 mozos, más los dulzaineros y el tamborilero, Ellos tienen entre 16 y 18 años, deben ensayar con disciplina y asiduidad para dominar la media docena de danzas, algunas tan originales como la Jota, a caballo entre un paloteo y un baile, o la curiosísima Carlos V, que en 1931 sustituyó a la Marcha Real como danza de apertura siendo, que se sepa, el único cambio en cien años.

Muy merecidamente, recibió el galardón el danzante más viejo de Fuentepelayo, de noventa años bien pasados, Dionisio López, así como el más joven, Jorge Sanz, de 16. Previamente, los mozos ejecutaron algunas danzas: el Clavito, la Jota, La Ventana…

El paloteo es hoy una tradición muy arraigada en toda la provincia de Segovia. En el estudio publicado para la ocasión y a cargo de Yolanda Dulce, se citan unas 24 localidades en las que de modo periódico se palotea. El caso de Fuentepelayo es especial por su antigüedad documental (hay textos que aluden a ello y datados en 1536), pero sobre todo por la complejidad (la dualidad de bailes y figuras) y lo reglado del proceso, así como por lo participativo de la fiesta.

Y es que hay poco fuentepelayenses que no hayan paloteado. “En el año 75, o sería el 74, nos vinieros a grabar de Raíces (mítico programa de folk que emitía TVE, lamentablemene el archivo en cuestión no se ha encontrado en internet). Nos metieron allí, entre girasoles a palotear”, recuerda con nostalgia un veterano. Recuerda también las peculiaridades de los trajes. El cinturón firmado con el apellido de la familia, las castañuelas decoradas con flores, y las cintas, la transversal, rematada con un anillo de los padres o de la novia, y el pañuelo de barbilla, también regalo de la novia o de la madre y bordado.

Como es habitual, y para memorizar mejor los pasos, cada danza tiene su letra, también recopiladas -y ese es un trabajo pendiente en muchos municipios “paloteros”- en el estudio de Yolanda Dulce. Ahí va la primera del Clavito (un estándar del paloteo tradicional pero que en cada pueblo suele tener su versión): “Quien fuera clavito de oro/ donde cuelgas el candil,/ para verte desnudar/ y a la mañana vestir/ Que ni con casada/ que ni con viudita/ que ni con soltera/ que en la vida tengo/ quisiera perderla”. Letra no muy en consonancia con el Corpus (casi ninguna lo es), pero sin duda memorable.

Fotos. Demostraciones de paloteo con motivo de la entrega del distintivo como Manifestación de Interés Cultural Provincial. Entrega del galardón a los danzantes más antiguo y más joven, de manos de Daniel López Torrego, Francisco Vázquez y Sara Dueñas. Salida de honor. Un joven danzante con sus típicos pañuelos y anillos, y los no menos típicos, rozones. Danza a la salida de la iglesia.

 

 

 

Autor: Redacción

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