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Los sindicatos al contrataque

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El año que viene hará 10. Una década de crisis, en la que los salarios en España han descendido una media de un 20%, al tiempo que para sorpresa general en las cúpulas directivas siguen aumentando impasible el ademán. El número de autónomos se ha disparado. Emprendedores les llaman, pero en realidad son autoempleados obligados por las circunstancias a renunciar a un siglo de avances laborales. Los despidos arbitrarios, usando la vía de los descensos de la facturación a un año vista, se han convertido en la norma, no la excepción. Hoy se despide, no al mal trabajador, que también, al trabajador que incomoda, al que no conecta con el jefe. Al que es viejo y cuyo salario a jornada completa se puede amortizar rápidamente con jóvenes contratados a media jornada. Y lo peor, hay en el aire la idea de una cierta recuperación. Las grandes empresas han vuelto, y con fuerza, a los balances en negro. Pero la situación laboral es igual o peor.

viejosindicalistaEl cambio en la situación política, un contexto económico menos tenebroso y el clamor de los trabajadores para no seguir perdiendo derechos está en la base de la movilización emprendida por CCOO y UGT, cuyo primer capítulo vivimos el 16 de diciembre, cuando un puñado de sindicalistas se manifestó frente a la subdelegación de Gobierno, aperitivo de una movilización que se pretende masiva para el domingo en Madrid.

Las cosas como sean. En Segovia pudimos ver al centenar (y tirando largo) de sindicalistas de siempre, ni uno más. Por más razón y sensatez que pongan los sindicatos en sus demandas, no consiguen o no atinan (las 12 de la mañana no es una buena hora para una concentración) a granjearse un apoyo “cálido” de los trabajadores que dicen defender.

En lo peor de la crisis, allá por 2012, con el paro instalado en los 5 millones, las empresas hechas unos zorros, con un gobierno conservador con mayoría absoluta, los sindicatos bajaron el volumen. De algún modo tácito, se sobreentendía que la recuperación iba a venir por una mejora de la competitividad, mejora apuntalada en la reducción de costes salariales -atención- de los estratos medios y bajos de las empresas. La reforma laboral tenía un aquel.

Pero llega 2014, 2015, el paro empieza a bajar, y para pasmo general los salarios (bajo la excusa de una deflación) siguen alejados de los niveles previos a la crisis. Medidas de emergencia comprensibles en un determinado momento se convierten en rutina. Hasta algo tan esencial como mejorar el raquítico salario mínimo en un 8% tras una década estancado ha costado sacar adelante.

Decían CCOO y UGT ayer, y tienen razón, que la recuperación de los derechos empieza por reafirmar el convenio colectivo sectorial sobre el empresarial. El convenio sectorial tiene un sentido claro de documento de mínimos, anularlo dando primacia a los empresariales sitúa al contratador en una posición abusiva. No tengo tan claro si retrotraer los derechos laborales, es decir, que los convenios no pueden ir para atrás, es algo tan razonable. Si está claro que nuevamente los sindicatos tienen razón al exigir que se impida el despido improcedente. El despido solo puede ser despido justificado. Otra cosa será que en los convenios se establezca la casuística de que se entiende por “justificado” (ahí los empresarios tienen bastante razón, con la ley antigua ningún despido por justificado que fuera terminaba siéndolo). Entre tanto, que se grave la indemnización por despido improcedente es una necesidad notoria.

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Es igualmente cierto que las normativas rígidas que pretenden los sindicatos son aplicables a cada vez menos tipologías empresariales. Hoy la colaboración esporádica entre profesionales está sustituyendo en muchos campos la contratación convencional. Y eso responde a unas tendencias sin vuelta atrás en las relaciones económicas. No menos cierto es que las normativas laborales nacionales son harto ingenuas. ¿Hasta qué punto debemos apretar a las empresas patrias mientras permitimos que desde otros mercados desrregulados se ateste la oferta de productos? No oigo a los sindicatos hablar de eso. Y tienen mucho que decir.

Pero la precarización de los trabajadores no puede seguir. Los sindicatos hacen bien en presionar, y más fuerte que deberían, ahora que hay una coyuntura favorable. Hay que recuperar los derechos perdidos.

ccoo

 

 

Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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