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Las redes salvajes

Las redes muestran también la cara más inmunda de nosotros mismos. El pasado jueves un mensaje convulsionaba diferentes grupos segovianos de Facebook.  Un joven denunciaba públicamente con foto y enlace a otro joven, vecino de Segovia, al que acusaba de guardar vídeos pedófilos en el móvil. El joven presentaba su comentario a modo de denuncia pública”, a sabiendas que su mensaje iba a durar poco. Lo suyo era un “aviso” a la ciudadanía; tengan cuidado con este sujeto: es pedófilo. Seis horas después el mensaje contaba  con 60 compartidos; un día después -debidamente denunciado el caso- el mensaje seguía -pese a las advertencias- pero sin los elementos identificativos, que poca faltan hacen ya, pues en los comentarios, entre abundantes muestras de apoyo a la autora de la “denuncia” por su “valentía”, se deslizan múltiples detalles del supuesto pedófilo, en qué barrio vive, su nombre…

Es difícil saber qué elementos son ciertos entre la maraña de datos aportados en los diferentes hilos (periodisticamente, ninguno). Pero es importante ver que desde el mismo comienzo de la cadena se sugiere que el joven ahora puesto en el disparadero era menor de edad en el momento de los hechos, y atención, que las oportunas denuncias se saldaron sin cargos: inocente. Cuando menos, no hay el menor indicio de condena judicial contra el afectado, lo que en un Estado de Derecho viene siendo inocente.

Tenemos a un supuesto acusado de un supuesto delito leve -tenencia de vídeos ilegales, penado con un año de cárcel si fuera mayor de edad-, que a pesar de no constar su culpabilidad por ningún sitio, es puesto en el disparadero de la opinión pública con foto, nombres y apellidos y como autor de prácticas especialmente odiosas y reputacionalmente destructivas.

Imagino que la joven autora de semejante salvajada es bien consciente de que su acto es un delito como la copa de un pino. Difamación, multa equivalente hasta 365 días y la indemnización que fije el juez en función del perjuicio ocasionado por el cariz de la información. Añadan que si el supuesto pedófilo era menor en el momento de los hechos, está absolutamente prohibido revelar su identidad, eso habiendo fallo judicial de por medio, que si no…  Ella sabrá lo que hace (o debería). Yo solo puedo aconsejarla que borre el hilo cuanto antes y se busque un abogado.

La pedofilia es una depravación especialmente inmunda; es de elogiar que alguien, al mínimo indicio se vaya directamente a comisaría a presentar una denuncia. Sin embargo, de la denuncia a tomarnos la justicia por nuestra mano hay un salto ético que nos zambulle de cabeza en la más salvaje inmoralidad.

Pero lo que más me escandaliza, y la razón por la que publico estas líneas, son esos 60 compartidos de peña que sin encomendarse a Dios ni al diablo deciden linchar al sujeto protagonista dando público pábulo a la información: nombre, foto y apellidos. De entrada saben que no hay indicios de condena, de que todo pinta que el joven era menor, de que la información no está contrastada… A poco que reflexionen sabrán que hay miles de casos donde movidas supuestamente comparables ni eran lo que se relata ni pretendían otra cosa que acosar a personas corrientes y molientes por mil extrañas razones.  A poco que razonen verán que, aún dando por verosímil la historia, solo tienen una pequeña parte de la misma, y que esta pequeña parte presenta múltiples sombras e incertidumbres. Como ciudadanos deben saber, al menos, que nadie es culpable hasta que un juez diga lo contrario. Como personas deben valorar la repercusión moral de sus propios actos: reputaciones destruidas de por vida, familias que sufren, trayectorias vitales devastadas…  Pero nada de eso les disuadió. Ni prudencia ni piedad. Estremece un comentario en particular: “Jaja sea o no verdad prefiero avisar antes de que ocurra algo malo k si es cierto y este tipo o otro hiciera algo a mis hijos le quemo vivo”. En otras palabras, ante la duda voy y lo casco, no vaya a ser verdad. Total, ¿que mal puedo hacer?

A todos vosotros, compartidores, os digo que estáis como verdaderas cabras. Si os queda un mínimo de cabeza ya estáis tardando en borrar de vuestro muro esta truculenta historia. Y abrid la mente y preguntaros ¿quién será el próximo?

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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2 Comentario

  1. Acertado artículo. Me justifica, aún más, la necesidad de salir de esas perniciosas “redes sociales” qué pueden llevar al menos ilustrado, a gran pope de la opinión.

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  2. Linchamientos frente a derecho. Mal vamos.

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