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Cartelera Segovia: Passengers y Animales Fantásticos

Si es usted de natural fantasioso y creativo preferirá Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos, a mi juicio, el más logrado trabajo fílmico del universo Harry Potter. Por el contrario si es usted enamoradizo, con querencia a la ensoñación romántica de buen tono (sin asomo de pelo), no lo dude, lo suyo es Passengers. Si es usted un poco de las dos cosas, Animales Fantásticos. Francamente, no esperaba mucho de esta película, curiosidad por asomarme a dos epígonos del universo poteriano que nunca leí (Animales, y el otro es Quidditch a través de los tiempos -aprovecho para informar que si alguien precisa regalarme algo, con este último libro quedará de lujo, y además contribuirá a las buenas obras en pro de la infancia de la señora Rowlings, pues el 80% de los derechos autorales van a caridad). El resultado es que me lo pasé muy bien y me di con una historia bien hecha, inmejorablemente contextualizada, interesante, mágica, talentosa. Bien.

animalesfantasticos

Animales versa de Newt Scamander (estupendamente interpretado por Eddie Redmayne) mago inglés que desembarca en los Estados Unidos de 1926 con la idea de liberar a una de sus miles de mascotas (que el mago guarda en una maleta mágica, en realidad, un acceso a un mundo secreto donde guarda su colección de animales fantásticos). A partir de aquí me temo que hay que hacer una pequeña incursión en el universo poteriano, y es que en los Estados Unidos, al menos del primer tercio del XX, rige entre los magos la estricta prohibición de tenencia de animales mágicos. El caso es controvertido, los magos ingleses igualmente padecen extremas limitaciones al respecto (vean a Hagrid, sino), pero en las islas se conservan biotopos riquísimos y la magizoología es una ciencia respetada (al menos en Hogwarts). Total que Scamander actúa fuera de la ley, lo que le va a entrometerse en una muy oscura conspiración destinada a desatar la guerra entre muggles -o nomajs, en inglés americano- y magos. Sin ser tampoco una cosa del otro jueves, y con algunas trampillas, el guión, cómo ven, mola.

Lo mejor, sin embargo, es la extraordinaria reconstrucción digital de la Nueva York de los años 20, así como los efectos especiales, las atmósferas urbano-mágicas, el detallismo de la realización, lo que aunado al interés específico de la película y a un entretenido montaje -no hay apenas parones en la trama- nos lleva a una deliciosa película fantástica del todo recomendable.

lawrencePassengers ya es arena de otro costal. Estando de por medio Chris Pratt, y sobre todo, la sin sal de Jennifer Lawrence, uno ya puede imaginar que la cosa va de historia romántica, de macizo y maciza unidos por el amor, sin mucho más tema. Pero con el aliciente de un contexto de ciencia-ficción rodado a todo lujo y bien trabajado me animé a verla a sabiendas que a lo peor vería bonitas naves espaciales, espectaculares tomas galácticas y hasta ahí… porque es todo lo que pasó.

Estamos a finales del siglo XXI. Una nave interestelar viaja a velocidad sub-luz hasta un planeta habitable. Son 121 años de viaje, de donde los cinco mil pasajeros (futuros colonos del susodicho mundo) y los 200 de la tripulación viajan dormidos, en una especie de hibernación, pero más currada científicamente, quiere decirse que no van escarchados así como merluzas congeladas camino a Pescanova. La cosa es más sutil. En esto un accidente interrumpe de su sueño a un viajero, que tiene ante sí 90 años de viaje y ninguna posibilidad de volverse a dormir. Tampoco puede acceder a la cabina de la tripulación, ni avisar a nadie. Así que se convierte en una especie de Robinson, náufrago en una enorme nave, cada día más obsesionado con la soledad. Pasa un año y el tío -harto de hablar con robots- se termina fijando en una de las pasajeras dormidas, la más maciza, cabe decir… Efectivamente, la de Los Juegos del Hambre

Y aquí está el mal. Bien llevada, con Meg Ryan y Tom Hanks por ejemplo, la historia podría haber derivado en una comedia romántica hilarante que se beneficia de la estupenda ambientación high-tech de la anticipación científica. Pero lamentablemente no es así, la película tira por derroteros ético-trágicos y pienso que en parte es porque, francamente, la Lawrence no transmite nada más que un destello salvaje en la mirada. Ni actúa, ni proyecta emociones, ni humor… un desastre, así que, al menos hasta el obligado final trepidante, nos tenemos que contentar viéndola nadar en un recatado body blanco (no esperen las infartantes curvosidades de la Lawrence Mística marvelita), mientras nos deleitamos con la estupenda recreación de la nave. Total, que la película se deja ver pero se antoja un total despilfarro de medios y buenas ideas para quedarse en un decepcionante nifú nifá.

Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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