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Cartelera Segovia: Dunkerque

Dunkerque no es una película al uso. No es tampoco lo que me imaginaba. Estando Nolan tras la cámara, me esperaba un alarde de infografías espectaculares y acción contextualizada en un guión enrevesado y un tanto artificial, como suelen ser las grandes películas del productor y director inglés tal que Inception, El Caballero Oscuro, Interestellar

Conociendo la historia de la batalla, todo el contingente expedicionario británico (250.000 hombres) y tres cuerpos de ejército francés (sobre 200.000) atrapados en 1940 en una playa belga, me esperaba también una crónica de un suceso militar trascendental. Me esperaba algo así como Salvar –(¿o es salvad?)- al Soldado Ryan o Ardenas, por citar dos de mis películas bélicas favoritas. Mucho contexto diálogo para entender el desarrollo del combate alternado con escalofriantes hechos de armas.

Y en cambio, me he encontrado con un cine bélico más en la onda de Delgada Línea Roja (otra de mis películas favoritas). Una banda sonora espectacular, unas combates aéreos magistrales (y me da que sin ordenadores, con recreaciones de verdaderos spitfires, una pasada) y la historia íntima de tres lances aislados de la batalla que confluyen en un dramático final: la desesperada carrera por sobrevivir de un pobre infante inglés, saltando de barco en barco y que dura siete días; la jornada de uno de los pequeños yates que, tripulados por civiles, partieron de Inglaterra a evacuar soldados de las playas; y la hora de vuelo de una cuadrilla de spitfires (tres de los 170 que los ingleses movilizaron para dar cobertura a la Operación Dinamo). Esta, la confluencia de una semana, un día, y una hora en el mismo tramo narrativo es una de las genialidades de la película, pero también un factor de confusión. No está bien explicado. Así que lo primero que ves es que tramos nocturnos se alternan con tramos diurnos, un cierto batiburrillo temporal. Como no iba avisado no lo entendí. Creo que si la van a ver a sabiendas que lo que le pasa al chaval es un resumen de siete días, y el vuelo del avión es casi en tiempo real, y que las cosas van encajando, no cronológicamente, sino según se desarrolla la película, disfrutarán mejor del espectáculo.

Eso sí. Es cine puro del bueno. En muchos tramos no hay diálogo y la tensión, el miedo y hasta el agobio (con esas escenas de centenares de hombres atrapados en las tripas metálicas de barcos que se van a pique, en pantalanes atestados en medio de un bombardeo) es casi tangible. El ritmo es trepidante Tiene de bueno también que plasma todo el horror de la guerra pero sin tremendismo innecesario. No hay épicos combates, ni casquería saltando por los aires, ni tomas de posiciones a las bravas, bizarradas bélicas propias de pelis de comando. En su lugar, Nolan habla de otro tipo de heroísmo. El aviador empeñado en perseguir un bombardero a pesar de que ya no queda gasolina para el regreso. Del que va más allá del deber por puro compromiso con el otro. La heroicidad del que sale vivo del matadero. Estos grandes pequeños gestos en medio de la enorme macarrada que es toda matanza.  Todo lo cual entre planos sobrios, limpios, apabullantes.

Vayan a ver Dunkerque pero tengan presente que no es lo que ustedes esperan. Es mejor.

 

Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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